El martes pasado, en Buenos Aires, murió Diego Armando Maradona quien, junto con Pelé, se disputaba el título de mejor futbolista de todos los tiempos. Y al ser el gusto algo subjetivo, hay quienes prefieren a O Rei, como se le conoce a Pelé, o Al Diego o El Pelusa, como se le conoce a Maradona.
La historia de Maradona, como la de muchos deportistas exitosos, comenzó en un barrio marginado de Buenos Aires: Villa Fiorito. Con un equipo, los cebollitas, en donde comenzaron a destacar sus habilidades naturales para jugar al futbol.
Debutó en Argentinos Juniors, pero los equipos de su vida fueron Boca Juniors, Nápoles y la selección argentina, equipo en el que brilló a tal grado que los hizo campeones del mundo en México 86. Maradona era capaz de ser tramposo y sublime en el mismo partido. Primero anotándoles a los ingleses un gol con la mano (la mano de dios) para, minutos después, anotarles el mejor gol que se ha marcado en un mundial de futbol.
Lo sublime que podía ser dentro de la cancha contrastaba radicalmente con lo sombrío, decadente y peligroso que podía ser fuera de ella. Se volvió adicto. Primero a las drogas, después al alcohol, a la comida, a los medicamentos… Tenía un hambre que no pudo saciar con nada: no pudo hacerlo ni con éxito, ni con dinero, ni con comida, ni con alcohol, ni con drogas. Al final de sus días nada lo motivaba: ni siquiera sus hijas que, según él, eran su adoración.
Muchos fueron los momentos en los que Maradona fue un tipo más bien oscuro: disparándole con un rifle de diábolos a la prensa, presentarse en público notoriamente drogado o pasado de copas, buscando pleitos con todo mundo, e incluso cuando apoyaba causas políticas como las de Fidel Castro y Hugo Chávez lo hacía desde un punto de privilegio por el que fue ampliamente criticado.
Hace unas semanas fue internado en el hospital y operado de un edema cerebral. Las fotos que le tomaron después de la operación mostraban a un Maradona sonriente y en recuperación. Pero hace unos días empezó a sentirse desorientado. Le dio un fuerte síndrome de abstinencia. Su familia había hablado de regresar a cuba a desintoxicarlo. Ya no se pudo.
De hecho, es sorprendente que con la cantidad de adicciones que tenía llegara a los 60 años. Alguna vez dijo que de no haber sido por su adicción a la cocaína, no habría discusión sobre quién era mejor, Pelé o él. “Pelé no habría tenido oportunidad ni de llegar segundo”, dijo al respecto. “Di muchas ventajas con mis adicciones. Hubiera podida jugar más y mejor sin ellas”.
El pasado martes murió uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos. Para muchos, sin duda, el mejor. Y es que un estilo de vida como el que llevaba Maradona, simplemente no perdona a nadie.
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