Cierto, son nauseabundas la mayoría de letras y música de los famosos “narcocorridos”, en parte también, consecuencia de que la industria de la música (a nivel mundial) se encuentre en crisis debido a la irrupción de música gratis vía Internet, y que no se acabe de encontrar un modelo de negocio que haga viable la creación de nueva música de calidad.
Hoy en día el artista que no tiene los recursos y el acervo para organizar giras y conciertos de calidad está condenado a no tener éxito.
En el fenómeno anterior se puede englobar el éxito de los narcocorridos y/o “corridos tumbados”, y que si bien es cierto es aberrante que se haga apología del crimen y la violencia en esas expresiones artísticas, también lo es rasgarse las vestiduras por su existencia.
Tan sólo me remitirla a los tantos corridos (algunos sobreviven en la cultura popular) relacionados con episodios de la Revolución mexicana, a lo que lanzo una pregunta: ¿ese género musical fue CAUSA o CONSECUENCIA de aquel fratricida movimiento armado? Bien, en la respuesta se puede tener, más o menos, el grado de responsabilidad de la música ante la espiral de violencia que padece el país desde aquel fatídico año 2006.
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