Durante el desarrollo de la vida cotidiana es muy simple dar por hecho el funcionamiento de las cosas y del día a día. A menudo se nos olvida que gran parte de los acontecimientos están establecidos. Menciono esto porque parte de los ciudadanos pasan por alto la forma de gobierno que tenemos en México, esa que plasma en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos un pacto federal que establece de manera muy clara que el pueblo mexicano se constituye en una República representativa, laica y federal, compuesta por Estados libres y soberanos unidos en una federación y que la soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo.
Y es preciso comenzar de esta manera porque en las letras de la ley fundamental se encuentra precisamente parte de eso que los ciudadanos pasan por alto y es que el pueblo tiene el poder absoluto de decidir los rumbos que toma el país. Pero pareciera que a los gobernantes les encanta que se ignore particularmente ese mandato.
Dicho lo anterior no hay que dejar de observar el comportamiento de algunos gobernadores a quienes seguido se les olvida que fueron electos por el pueblo, para trabajar por el pueblo, para fomentar el desarrollo y dotar de servicios públicos a los Estados que constituyen a este país. Sin embargo, pareciera que ellos viven en una realidad alterna, creyendo que son dueños del Estado que gobiernan, como si viviéramos en la época colonial donde los representantes directos del rey gobernaban en su nombre con amplias facultades políticas y judiciales, los territorios de la corona, es decir, los virreinatos y que en lo personal, muy a menudo me invita a preguntarme: ¿Qué tendrán esas sillas?
De esa pregunta no está exento el emecista Samuel García, quien al llegar al gobierno de Nuevo León, prometía darle un nuevo aire a la forma de hacer política, creyendo que gobernando por redes sociales lo lograría, pero la estrategia le falló por completo. Lo único que nos dejó claro es que la juventud no es sinónimo de cambio y que sus acciones lo han conducido, en el mejor de los casos, a ser visto como un payaso, pero en otros más delicados, a convertirse en blanco de críticas nacionales, como cuando en días pasados, durante un evento público en Guadalupe (Nuevo León), que tenía por objetivo inaugurar la cancha de futbol número 450 del Estado, que forma parte de su meta de construir 500 espacios deportivos antes del Mundial, hizo referencia muy a su estilo que una señora metichona lo increpó para solicitarle más escuelas en dicho municipio, en lugar de canchas de futbol. Ante el reclamo, le respondió: ¿Usted sabe inglés? Porque voy a hacer “six o seven” escuelas, haciendo referencia al movimiento viral que se mueve en redes sociales. Tal vez habría de recordarle a este aprendiz de político que sus acciones nos demuestran que no tiene ni una sola cualidad para gobernar.
Uno de los casos más destacables en esta lista de gobernadores que creen que pertenecen a un linaje real, es el morenista Rubén Rocha Moya, que desde el inicio de su gestión al frente del gobierno de Sinaloa ha tenido graves descalabros, como cuando hace unos años dijo que tener adicciones es más feo que tener un hijo con discapacidades u homosexual, o peor aun como cuando hace unos días Rocha fue abordado por la prensa para ser cuestionado sobre la detención del exalcalde morenista de Tequila (Jalisco), Diego River, respondiendo: “No sé lo que pasa en Sinaloa, menos en Jalisco”. Una declaración muy desafortunada, más aún bajo el contexto que a la fecha prevalece sobre cuatro turistas desparecidos en Mazatlán. Rubén Rocha Moya fue electo precisamente para saber lo que pasa en el Estado, resolver y trabajar en favor de sus gobernados; sin embargo, su gestión ha estado plagada de escándalos y ha sumido a la Entidad en una ola de violencia sin precedente derivado de la guerra interna en el Cártel de Sinaloa y como ha gestionado las espirales de violencia, y aun así se mantiene al frente del gobierno local, ignorando las numerosas marchas pacíficas organizadas por los sinaloenses pidiendo su destitución.
Campeche hasta hace unos años era un referente nacional por la calma cotidiana que ahí se vivía. Recuerdo que cuando hice una visita, el guía de turistas que nos paseaba por la ciudad amurallada de San Francisco de Campeche, reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, me dijo: “En Campeche ni el mar se mueve”. En ese momento la expriista, experredista, exemecista y hoy morenista, Layda Sansores San Román, representaba por la vía plurinominal al tranquilo Estado de Campeche en el Senado de la República, siendo una férrea opositora del entonces gobierno federal que encabezaba el priista Enrique Peña Nieto y que se consolidó muy a su estilo como una legisladora valiente, capaz de encarar el propio Presidente de la República. Gracias a su estilo fue una pieza fundamental para trazar el camino del naciente Movimiento de Regeneración Nacional dentro de los círculos más elevados de la política nacional, pero tras su llegada al Palacio de Gobierno de Campeche, Layda Sansores ha puesto en marcha sus dotes de dictadora, olvidando todos y cada uno de los principios por lo que alguna vez con valentía luchó como senadora de oposición. Sin temor alguno a la crítica ha censurado periodistas e incluso se dice que todas las noticias que pretenden aparecer en medios de comunicación locales deben ser palomeadas por la oficina de la gobernadora, censura que va de la mano con intimidaciones que han trascendido de lo local como lo fue la detención arbitraria del ex Rector de la Universidad de Campeche, José Alberto Abud por presunta posesión de drogas, caso en el que hasta la Presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que intervenir argumentando que la justicia no se usa para vendettas políticas. Por si lo anterior no fuera suficiente, hace unas cuantas semanas 10 de los 16 diputados de morena en el Congreso del Estado, rompieron relación con la gobernadora, quienes la acusaron de persecución política tras asegurar que fueron cercados por elementos de la Fiscalía General del Estado, obligándolos a restaurar el fuero constitucional que abrogó nada más y nada menos que el priista Alejandro Moreno “Alito”, aunque usted no lo crea. Gracias a acciones como estas y muchas otras, Campeche se ha convertido en referente nacional y como un ejemplo de cómo no ejercer el poder.
Y ya se me estaba olvidando la zacatecana pero gobernadora de Veracruz, la morenista Rocío Nahle, quien el pasado mes de octubre dejó al descubierto que lo suyo es la prepotencia, cuando en medio de los desastres que dejaron las lluvias en la entidad aquel mes, la gobernadora se alejó de sus gobernados afectados en Poza Rica (Veracruz), cuando la cuestionaron por la falta de apoyo por parte del gobierno estatal, para luego salir a decir que hubo un ligero desbordamiento del Río Cazones, cuando una gran parte de ciudadanos fuimos testigos de los daños que causó ese desbordamiento. Pero esos mismos hechos la siguieron pintando de cuerpo entero, cuando en el Centro de Control de mando explotó en una sola palabra: “malditos”, luego de que una reportera le preguntara el motivo por el cual canceló el seguro para catástrofes y la razón por la que no había atención para las comunidades del Estado. Y si hasta aquí parece que todo anda mal, como dice el famoso refrán, pues para colmo parió la abuela y es que en Veracruz un hombre desapareció a raíz de los bloqueos carreteros originados en gran parte del país por la detención del Mencho y cuando la gobernadora fue cuestionada al respecto, argumentó que su presencia era para estar en un evento muy bonito (declaraciones que dejan sin palabras).
Cómo me gustaría seguirle, ya que estos son algunos de los innumerables casos que se podrían platicar y que seguramente ya lo estaremos haciendo; sin embargo, es preciso reiterar el lastre que cargamos con esta clase de gobernantes y la frustración que nos genera a algunos creer que las cosas pueden ser diferentes, pero que acaban siendo igual o peor y que pareciera que en este país quien alcanza el poder público está destinado a desequilibrarse y que el ejercicio de la función pública los coloca en un estatus de virreyes y que no le deben explicaciones a nadie; la realidad es que solo se la deben a millones de mexicanos.
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