Exceso de libertad ante la pandemia del covid

Ni el Detente –que es una estampita religiosa recomendada por nuestro ahora vitoreado presidente–, ni el “molito” de guajolote –recomendado por el gobernador de Puebla–, ni el ser pobre, ni el no ser corrupto han detenido la...

12 de enero, 2021

Ni el Detente –que es una estampita religiosa recomendada por nuestro ahora vitoreado presidente–, ni el “molito” de guajolote –recomendado por el gobernador de Puebla–, ni el ser pobre, ni el no ser corrupto han detenido la epidemia del coronavirus.

La pandemia sigue adelante, avanza, muta y sigue fuerte. Ah, pero ya llegó la vacuna. Se tomará años para que se vacune a la población mexicana.  Al ritmo de 5 mil personas diarias, se requiere de 24 mil días para que se termine la tarea, es decir, 65.7 años. Eso equivale a haber nacido en 1955 y que apenas le fuera a tocar su vacuna hoy. Claro, si estuviera vivo.

En México, el próximo 27 de febrero se cumplirá un año del fallecimiento de la primera víctima del covid. Seguro que los memes y los videos del presidente de la República y de su subsecretario de salud, se empezarán a ver en las redes sociales y más de uno se hará viral. Todos serán para remarcar la poca importancia que le dieron a lo que entonces se veía como un mal menor, capaz de ser detenido con retórica, ocurrencias presidenciales y las risitas nerviosas y medrosas del subsecretario de salud.

Mientras en China, en Europa y Estados Unidos se hacía énfasis en medidas como el uso del cubrebocas, la distancia social y el lavado de manos, aquí en México se tomaba con menos seriedad. A manera de broma se aseguraba que íbamos muy bien y que el coronavirus nos “pelaba los dientes” porque éramos una raza muy fuerte; que el pueblo “bueno y sabio” iba a ayudar para que no se desatara una pandemia y que los hospitales no se saturaran. Pues como muchas cosas en estos dos años, los vaticinios y pronósticos presidenciales, todo lo prometido y ofrecido referente al coronavirus no se ha cumplido. Es más, ni siquiera han estado cerca de domar la pandemia y de aplanar la curva. 

Se dice, se rumora y se comenta, además se comprueba con datos oficiales, que no se toman muestras de enfermos, que no se llevan registros fehacientes de pacientes y muertes por Covid-19 y así, las estadísticas que se tienen no reflejan la realidad de lo que pasa en el país. O cómo explicar la saturación de funerarias, crematorios, hospitales y panteones. Las notas periodísticas dan cuenta de todo eso.

Lo cierto es que oficialmente tenemos 133 mil 706, personas fallecidas en el país y 1 534 039 personas infectadas al 11 de enero de 2021. Tenemos una catástrofe al doble. El subsecretario de salud marcó el escenario catastrófico en los 60 mil muertos. Ya vamos al doble, pero no toda la culpa es del gobierno, solo la mayor parte porque desde el inicio de la pandemia no la tomó y atendió con la seriedad que el caso requería, sino que la menospreció. 




Creo que esto era lo peor que le podía pasar a una administración que se empeñó en insistir que sí sabía y que sí podía gobernar un país como México; que se sabría observado por sus “adversarios” prestos a mostrar sus yerros.

Cosa que el popular presidente de México estaría presto a evitar para mantener su popularidad y la posibilidad de sostener su proyecto político a toda costa, aun sobre la vida de los mexicanos. 

No se requiere ser un experto epidemiólogo para darse cuenta de que la pandemia se ha manejado mal, que las decisiones políticas han estado equivocadas y que la logística empleada por la autoridad ha ocasionado el quiebre de empresas. El que tengamos 12 millones de personas desempleadas. Pero eso no es todo. La culpa no es toda del gobierno y la responsabilidad no recae solo en la autoridad de salud federal y la de los estados. Es también de todos nosotros, de unos más, de otros menos (con excepción de la población que sí se ha quedado en casa).

La pandemia ha repuntado debido a lo anterior y a un exceso de libertad que la población dice y cree tener, pero que además reclama. Mucha gente decidió celebrar las fiestas de Navidad y Año Nuevo como si no hubiera una emergencia: salieron, visitaron familiares, viajaron y hasta a las playas se fueron miles de mexicanos. 

Las autoridades no dictaminaron algún tipo de restricción. La gente se olvidó del cubrebocas, la distancia social y todos los protocolos. Ahora vivimos y empezamos a ver las consecuencias del exceso de libertad. Rafael González dice que “Son libres de contagiarse, libres de morir si así lo deciden quienes no aplican medidas contra el Covid-19”.

¿Quién es el señor Rafael González? Es el vocero organizacional de gobierno del Estado de Querétaro, quien ante el incremento de casos, hospitalización y decesos en la entidad emitió este mensaje el pasado jueves, allá en esa entidad. (https://www.eluniversalqueretaro.mx/sociedad/poblacion-es-libre-de-contagiarse-y-morir).

Por su parte, la Secretaría de Salud reporta que México se aproxima a alcanzar el primer pico de defunciones por covid-19, en medio de un incremento de contagios a nivel nacional. Hasta el 26 de diciembre hubo un aumento de 89.3% de los decesos por la enfermedad, en comparación con el mínimo registrado luego de 12 semanas de descenso. (Fuente: https://www.razon.com.mx/mexico/mexico-cerca-nuevo-maximo-defunciones-419276). Esto indica que si la pandemia no estaba domada al menos sí iba en descenso y que por las libertades que la gente se ha tomado en los últimos 25 días ahora va en ascenso. Y aún no vemos lo que esto va a provocar debido a que los contagios apenas empiezan a notarse. Es una desgracia.

Robert F. Kennedy, Procurador General de Justicia de EUA, 21-06-1961, dijo en un discurso ante El Comité Conjunto de Apelaciones y Defensa del Comité Judío y la Liga de Antidifamaciones: 

“Las leyes pueden encarnan las normas, el gobierno puede hacer cumplir las leyes, pero la última tarea no es una tarea para el gobierno. Es una tarea de todos y cada uno de nosotros. Cada vez que volteamos la cabeza hacia otro lado cuando vemos la ley burlada, cuando toleramos lo que sabemos que está mal, cuando cerramos los ojos y los oídos a los corruptos, porque estamos demasiado ocupados, o demasiado temerosos, cuando no somos capaces de hablar y hablar fuerte es que golpeamos nosotros a la libertad, a la decencia y a la justicia”.

Es lo que está sucediendo por parte de las autoridades y la gente con la pandemia del covid: se golpea a la libertad. Ahí, El meollo del Asunto.

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