Corazón de mi patria

  “Antes Patria que inermes tus hijos, bajo el yugo su cuello dobleguen, tus campiñas con sangre se rieguen,  sobre sangre se estampe su  pie…” (1)      _______________________________ En esa precisa glorieta del Paseo de la Reforma, donde...

16 de septiembre, 2020

 

“Antes Patria que inermes tus hijos, bajo el yugo su cuello dobleguen, tus campiñas con sangre se rieguen,  sobre sangre se estampe su  pie…” (1)

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En esa precisa glorieta del Paseo de la Reforma, donde Orizaba se convierte en Niza, mis hermanas y yo íbamos sin fallar, año tras año a mirar el desfile  del 16 de septiembre. Llevábamos siempre una pequeña escalera de aluminio que nos servía como tribuna o palco, para tener una  mejor vista del paso de las tropas.

Cuando el desfile daba inicio en el Zócalo, mi mamá nos llamaba para que llegáramos a tiempo de tener buen lugar  y no perdiéramos detalle. Con ella, todo era magia, una magia que nunca se ha extinguido, ni por el paso del tiempo, ni por la distancia o las tristezas.

Gracias a su intensidad, este pequeño rincón de Alemania tiene hoy íntegro y vivísimo el sabor de México. Las dos banderas mexicanas  traídas de Chihuahua hace cinco o seis años por mi sobrino Paul y su esposa Carlota, ya ondean en nuestra sala, bajo la guardia de unos pocos soldaditos alemanes de juguete, iluminadas por la veladora que siempre está encendida.

Sé que no habrá el desfile militar a causa de la situación sanitaria; que los miles de familias que tradicionalmente acuden a los mismos sitios sobre el recorrido de las fuerzas armadas, no acudirán a vitorearlas.




No se escuchará retumbar el eco de las bandas de música ni el redoble de los tambores ni la marcha Dragona; no repiqueteará sobre el asfalto el golpe de los cascos de la caballería, ni se adivinará desde la distancia la proximidad del Colegio Militar y la Escuela Naval de Veracruz precedidos por la ola creciente de los vítores y los acordes de sus himnos inconfundibles.

Sin embargo, con tan solo evocar esos recuerdos, comienzan a desfilar ante mis ojos los banderines y las insignias, veo relumbrar las bayonetas caladas en los viejos fusiles de los cadetes; resuenan a mi lado los silbatos, las matracas, la risa de los niños y los aplausos; oigo los clarines que ordenan el cambio de paso justo allegar a la glorieta de la palmera.

A mi lado está ya aquí, mi nana Jobita que fue la única que se atrevió a preguntarme cómo había sido eso de ser “soldado” tan lejos de la casa; mi nana cuyos dichos permanecen junto con sus refranes y sus chistes; mi nana que tampoco fallaba a la hora de ir con todos nosotros a aquella esquina donde cada 16 de septiembre palpitaba el corazón sagrado de la patria.

Aquí está también mi papá, el patriota de tiempo completo; el patriota que siempre que escuchaba el Himno Nacional, aunque fuera por la televisión y en su recámara, se ponía de pie y se emocionaba con sus ojos arrasados de  lágrimas. 

Mientras escribo estas líneas mirando por mi ensueño los paisajes de México, recuerdo las crónicas de mi padre que nos contaba cómo nuestro tío Oscar escoltó con lealtad  al presidente Madero del que no era simpatizante ni  partidario. Su hermano cadete que murió combatiendo  en Chihuahua en 1916,  inmolado por su infinito amor a México.

Hoy están por aquí mis hermanas Coca y Luly, que conforme fuimos volviéndonos mayores seguimos yendo juntos a esa misma esquina; a ver ese mismo desfile; a revivir más que a evocar, y a transmitirle a nuestros hijos el mismo amor por México.

A Coca y a mí nos encantaba cantar el Himno Nacional en los sitios y a las horas menos imaginables. Una vez, en el hotel Mocambo de Veracruz, nos levantamos justo a las cinco de la mañana,  y nos pusimos a cantarlo en el pasillo fuera de nuestro cuarto, a todo pulmón. Mi abuelito no sabía si sumarse al coro,  apergollarnos o reírse.

Aquel episodio patriótico no pasó a mayores; nadie nos gritó exigiendo que nos calláramos y al concluir nuestro arrebato nacionalista nos metimos de nuevo a nuestras camas para seguir descansando como si nada.

México  desde aquí se mira enhiesto, firme, seguro, invencible.

No hay pandemia, ni huracán o terremoto que pueda derrotarnos.

No hay promesa fallida de todos esos políticos que solamente van de paso, que pueda desviarnos del eterno destino que por el dedo de Dios se escribió.

No hay otros datos que valgan; no hay robo de agua que pueda secarnos el alma; no hay decepción que logre que nos demos por vencidos.

Nuestra fortuna se forja en volados con el águila brava de nuestro escudo y no con rifas fraudulentas cuyos premios no son  premios en una tómbola vergonzosa que pretende cambiar cachitos de  dizque lotería por votos en un intercambio de gato por liebre.

La figura de la chihuahuense Jessica Silva, asesinada por la llamada guardia nacional,  no se diluye bajo los resplandores artificiales de la hoy de moda  Leona Vicario, escogida como figura favorita de la historiadora extraoficial que sin necesidad de cargos oficiales, manda y dispone.

Hoy que celebramos la independencia nacional, los agricultores de Chihuahua son portavoces del mismo reclamo de hace 210 años; son precursores de la recuperación de nuestra patria que hoy se encuentra rehén de mayorías donde predomina la cantidad sin calidad.

Los agricultores de Chihuahua en pie de lucha NO SON manipulados ni borregos electoreros con miras al 2021; son defensores de los ideales libertarios que deben asegurarse de que en el bicentenario de la consumación de la Independencia, no sigamos sometidos bajo el mayoriteo servil del actual Congreso de la Unción; de esa unción  que se arrodilla, se empina ante el poderoso de turno, y se presta a untar y hacer embijes en “aportaciones” cuyas imágenes valen por mil palabras.

Qué bueno que gracias a la pandemia los mexicanos más vulnerables no tengan que acudir al Zócalo a devengar con aplausos y vivas las dádivas que les arroja  el actual gobierno haciendo caravana con el sombrero ajeno de nuestros  impuestos.

No soy indiferente a las turbulencias que atraviesa hoy  nuestra  patria que ni me es indiferente ni jamás está lejana de mi profundo amor.

Hoy en mi corazón, la muerte de la chihuahuense Jessica Silva, es responsabilidad directa del  actual “comandante supremo” de las fuerzas armadas que ha dado las órdenes de reprimir a los chihuahuenses  para robarles el agua de sus presas. Ese crimen de Estado no se pierde en la estadística abrumadora de las decenas de miles de homicidios y feminicidios que el actual gobierno prometió erradicar desde el primer día.

La muerte de esa joven madre mexicana que deja cinco huérfanos, es la gota que derrama el vaso y exhibe el rostro real de la indiferencia voraz que se disfraza de “austeridá” republicana detrás de vuelos comerciales pagados por todos nosotros,  y caravanas de camionetas blindadas.

La que no es primera dama pero sí es totalmente Palacio Nacional,  nada dice de los cinco huérfanos que deja Jessica Silva gracias a la violencia desatada por órdenes de AMLO a la llamada “guardia nacional” que no toca ni persigue criminales, pero que es muy valiente reprimiendo agricultores y asesinando madres indefensas.

La ocupación de la Catedral Metropolitana por el  “EX ESTADO MAYOR PRESIDENCIAL”,  se hizo para evitar que un francotirador le revoque el mandato al actual presidente.

Hoy, consciente de la difícil situación de México, celebro haber nacido mexicano; celebro saber que saldremos adelante después de la farsa trágica que hoy se vive allá. 

Para mí, el Himno Nacional contiene más verdades y más fuerza que cualquier artículo de la Constitución abotagada por la pésima redacción de más de 200 reformas cada vez más anacrónicas y peores.

Termino estas líneas invitando a que no olvidemos a Jessica Silva ni a sus cinco hijos ni a su esposo que sobrevivió providencialmente; que no  olvidemos  a los agricultores de Chihuahua atropellados por la arbitrariedad violenta que los pretende reprimir y atemorizarlos para que se rindan.

Termino estas líneas animado y  esperanzado por las sagradas palabras del Himno Nacional que nos dicen:

¡Si el recuerdo de antiguas hazañas, de tus hijos inflama la mente,  los laureles del triunfo tu frente,  volverán inmortales a ornar!

¡…piensa oh Patria querida que el cielo, un soldado en cada hijo te dio! 

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  1. Himno Nacional Mexicano.

En  homenaje a los agricultores de Chihuahua en el 210 aniversario de la iniciación de la lucha que ellos encarnan hoy.

Stahringen am Bodensee, Baden Wurttemberg, Chihuahua

16 de septiembre de 2020

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