Clouthier, AMLO y la corrupción

Mucha razón tiene Tatiana Clouthier, AMLO no es omnipresente, menos omnipotente.   Mucha razón tiene Tatiana Clouthier, AMLO no es omnipresente, menos omnipotente. No puede estar en todas partes al mismo tiempo vigilando a quienes ejercen la función...

22 de agosto, 2018 tatiana-clouthier

Mucha razón tiene Tatiana Clouthier, AMLO no es omnipresente, menos omnipotente.

 

Mucha razón tiene Tatiana Clouthier, AMLO no es omnipresente, menos omnipotente.

No puede estar en todas partes al mismo tiempo vigilando a quienes ejercen la función de gobernar, para que no realicen actos de corrupción al desarrollar su función.

La ciudadanía, que no el “pueblo”, habremos de involucrarnos en el combate a la corrupción, pide la señora Clouthier.

¿Cómo hacerlo? De varias formas. Una de ellas en mencionada por Tatiana: con la denuncia. Otra, llevando el programa nacional pro Integridad, Avanza Sin Tranza. (Ver: www.avanzasintranza.com )

Debemos denunciar a las personas que nos atienden en las oficinas de gobierno y buscan corrompernos mediante “la mordida” o algo más.

Lo que actualmente no se hace como debería, no porque no existan casos que denunciar o personas que quisieran hacerlo, sino porque tales denuncias no prosperan debido a la gran impunidad que prevalece en las oficinas de gobierno. No importa de qué ámbito se trate.

La burocracia se protege entre sí. Las personas de gobierno obedecen a códigos no escritos. Algo así como una “Common Law”, o ley común o códigos tradicionales que los países sajones conservan hasta el día de hoy y que tiene siglos observándose como una ley para juzgar el crimen.

En México en la burocracia y gobierno es algo así como; “yo te pongo, pero para que me cuides la espalda y luego tú hagas lo mismo con quien te suceda”.

Sobre el tema de la corrupción, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador habla casi todos los días. Fue base de su discurso electoral. Por ello ganó. Por la promesa de “erradicarla”. Lo que no es posible.

Ha dicho que en su administración: “se va a arrancar la corrupción de raíz”.

Y que bien que así piense. Pero el problema no está en arrancarla de raíz, sino en que no vuelva a surgir y mucho menos a crecer.

Se lo dije cuando me entrevisté con él en la CDMX. Cuando aún era candidato. El problema no está en la raíz.

Se requiere llegar al Meollo del Asunto de la persona, le comenté. A los marcos de referencia y pensamiento del individuo. Sin tomar en cuenta si se trata de hombre, mujer, niño o anciana.

Para lograr que no crezca, arrancar no es suficiente. Se requiere de otra cosa. Él asintió y estuvo de acuerdo conmigo. Pero aún le falta saber qué es eso. Algo con lo que trabajo a diario con quienes están ya en el programa nacional Pro Integridad, Avanza Sin Tranza.

Creo que a don Andrés, le hace falta saber “bajar” el concepto para que sea no solo entendible, sino viable y aceptable. Es decir, que denote que se sabe de lo que se está hablando. Pues por lo dicho, se nota que la voluntad política sí la tiene. Su comentario lo indica:

“Ya logramos lo primero, pero nos falta lo más importante demostrar que se puede gobernar con el pueblo, con respeto a las libertades…. Ha llegado el momento de iniciar la cuarta transformación de la vida pública de México…..una transformación ordenada, pero radical porque vamos arrancar de raíz al régimen de corrupción y privilegios”. AMLO.

Entonces, solo faltan al menos dos cosas:

Ir verdaderamente a donde está el problema de la corrupción. Lo que entre otras acciones incluye arrancar la raíz la existente  y además que no nos obstaculice el gobierno en las denuncias. ¿Cómo?

Con una combate efectivo de la impunidad oficial. Así las denuncias se multiplicarán por parte de la ciudadanía y ambos, gobierno y denunciantes, estaremos haciendo un buen equipo.

Así, también Tatiana Clouthier tendría razón, pues habríamos llegado al Meollo del Asunto.

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Estás pensando en empezar una rutina de ejercicio y de la nada tu vecina y mejor amiga se ha inscrito a un gimnasio cercano y gracias a su recomendación obtienes el cincuenta por ciento de descuento al inscribirte.  De nuevo, retomando lo dicho en el artículo anterior, se trata de casualidades que van más allá de lo casual, de, sin haberlo previsto, estar en el lugar preciso en el momento oportuno para que suceda algo que modificará el devenir posterior. Los ejemplos enunciados podrían no cambiarnos la vida, pero podrían funcionar como puentes para que esto sucediera. Quizá en ese gimnasio conocerás a tu futura jefa o a la pareja de tu vida, quizá la persona que te llamó anticipándose a tus deseos sirve de conexión con alguien que impulsará tu proyecto comercial, quizá a quien te encontraste “casualmente” por la calle termine por darte de los datos del médico que habrá de salvar la vida de tu hijo. Se trata de pequeñas bifurcaciones que, sin haya una causalidad evidente, trastocan el resto del devenir de quien las experimenta. Una vez que un evento de este tipo tiene lugar, la historia de vida se desvía de la trayectoria original, convirtiéndose en algo distinto de lo que fue hasta antes del “pequeño milagro inesperado”. Este tipo de acontecimientos suceden todo el tiempo y estoy tentado a asegurar que a todos nos ha sucedido en alguna ocasión y en algún nivel. ¿Cómo llamarlos? ¿Azar? ¿Simples casualidades? ¿Parte de nuestro destino? ¿Materializaciones de nuestros pensamientos? ¿Alineación cósmica con nuestro propósito subyacente?   Para una serie importante de pensadores, este tipo de eventos se llaman “sincronicidades”.  ¿En qué consiste la sincronicidad? El psicólogo suizo Carl Gustav Jung llama sincronicidad al hecho de que dos sucesos que ocurren de manera simultánea estén relacionados entre sí de una manera no causal y que presenten alguna relación con los pensamientos y emociones de las persona que los experimentan. Mientras pensamos en ese a quien queremos llamar, él lo hace también e incluso se adelante en la acción al marcar nuestro número.  Para Jung, estas coincidencias suceden con más frecuencia o causan un mayor impacto cuando la persona que las experimenta las vive con especial intensidad, debido a procesos de cambio o crecimiento interno. En otras palabras, las sincronicidad consiste en acontecimientos conectados entre sí, pero no a través de la ley causa-efecto, sino a través de una simultaneidad significativa. 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Encabeza la lista por la cantidad de viajes que ha realizado y por los gastos que ha efectuado en ellos, Alberto Gelacio Pérez Dayán con 11 viajes internacionales, gastando en ellos un millón 282 mil 257.42 pesos Este Ministro inició su periodo el 1 de diciembre de 2012 y terminará el 30 de noviembre de 2027. Ha visitado con los gastos pagados por la Corte ciudades como Barcelona y Madrid, en España; Asunción, en Paraguay; Boston en Estados Unidos; Quito, en Ecuador; París, en Francia, y San José en Costa Rica. Todos estos viajes supuestamente han sido para participar en congresos, conferencias magistrales, seminarios, asambleas de la Cumbre Judicial Iberoamericana, y reuniones del Comité de Competencia de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Asimismo, ya siendo López presidente, Pérez Dayán viajó a Panamá, representando al presidente de la SCJN y CJF encabezando a la delegación de funcionarios integrantes del PJF en la Asamblea Plenaria de la XX Cumbre Judicial Iberoamericana”, que se celebró del 20 al 24 de octubre de 2021, con un costo de 53 mil 191.83 pesos. El segundo en la lista, es el ministro Jorge Mario Pardo Rebolledo. Acumula nueve visitas a otros países, con un costo de 768 mil 400.91 pesos. Este ministro inició el 10 de febrero de 2011 y terminará el 9 de febrero de 2026. Ha estado en San José, en Costa Rica; Madrid en España; Buenos Aires en Argentina; Milán, en Italia, y San Juan en Puerto Rico.  En tercer lugar, el ministro, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, con 10 salidas al extranjero. El costo: 456 mil 191.14 pesos. Gutiérrez Ortiz Mena inició como ministro el 1 de diciembre de 2012, y concluirá el 30 de noviembre de 2027. Ha visitado ciudades como San Diego, Boston y Washington en Estados Unidos; Cartagena de Indias en Colombia; Roma, en Italia, y San Juan, en Puerto Rico. Ya en la 4T, del 30 de enero al 2 de febrero de 2020, estuvo en Hawái, Honolulu, en un simposio; su viaje costó 43 mil 899 pesos. Los demás viajeros frecuentes son Norma Lucía Piña Hernández, con cuatro viajes internacionales por 273 mil 938.97 pesos; Luis María Aguilar Morales, tres viajes internacionales por 234 mil 079.57 pesos; Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, tres salidas al extranjero por 222 mil 041.53 pesos; Javier Laynez Potisek, tres viajes al extranjero por 211 mil 867.70 pesos; y Juan Luis González Alcántara Carrancá, dos estancias en el extranjero por 88 mil 067.70 pesos En el caso particular del actual presidente de la Suprema Corte, Zaldívar Lelo de Larrea, quien durante este sexenio ha adoptado una narrativa afín a la de López Obrador, tiene los siguientes viajes internacionales en su trayectoria: Gerona (España) para impartir un ciclo de conferencias en la Universidad Girona del 19 al 25 de mayo de 2012, con un costo de 123 mil 191.73 pesos; San José (Costa Rica) para participar en el acto conmemorativo de los 40 años de vigencia de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, del 13 al 20 de julio de 2018, con un costo de 75 mil 752.80 pesos; y a Cartagena (Colombia) para participar en el XXV Encuentro anual de Presidentes y Magistrados de Tribunales, Cortes y Salas Constitucionales de América Latina, del 18 al 22 de septiembre de 2019, con un costo de 23 mil 097 pesos. De igual manera, el ministro recomendado por López, González Alcántara Carrancá, quien llegó a la Corte ya durante la 4T, el 20 de diciembre de 2018, lleva dos viajes internacionales: a Buenos Aires para impartir la conferencia “El Nombramiento y la Remoción de Jueces: La Independencia Judicial”, del 22 al 24 de octubre de 2019; y a Boston, como ponente en la Universidad de Harvard, del 3 al 6 de octubre de 2019.  Importante es reiterar que López ha repetido hasta el cansancio lo de la austeridad republicana y más sobre gastos en viajes: “No puede haber Gobierno rico con pueblo pobre. Juárez decía: El funcionario tiene que aprender a vivir en la justa medianía. Nada de vehículos de lujo, aviones, helicópteros. Nada de viáticos para comidas en restaurantes de lujo, vinos, viajes al extranjero sin límites, asesores, también, al por mayor; bonos, hasta bonos por fatiga. Todo eso se termina. Es una etapa nueva y, que se entienda, la austeridad no es un asunto administrativo. 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Una vez cancelada esta posibilidad, se asume que cada hecho es significativo y que forma parte de un patrón subyacente, sobre el que no tenemos control, lo que nos deja dos posturas posibles: aceptarlos como parte del destino que nos fue impuesto –y que no conocemos– o se trata de una señal para ejercer nuestro libre albedrío y así cumplir con la misión que nos hemos autoimpuesto bajo la fachada de objetivos y propósitos.  Para muchos, lo que más se ajusta a sus creencias es suponer que existe un ser superior que nos tiene preparado un destino y que nuestra obligación radica en cumplirlo de la manera más orgánica y sencilla posible. En este caso esos “milagros inesperados”, se interpretan principalmente de dos maneras: se asumen como “pruebas” que nos pone ese ser superior cuando tienen un carácter negativo o se asumen como “señales” cuando nos sirven como orientación respecto al siguiente paso que tenemos que dar en aras de cumplir nuestro destino.   Para quienes son más proclives a suponer que su libre albedrío juega un papel determinante, los “milagros inesperados” no siempre son fáciles de interpretar. Pensemos en algunos ejemplos simples: estás a punto de llamar a alguien por teléfono y de pronto recibes una llamada de esa misma persona. Sin motivo aparente te viene el recuerdo de alguien que nos has visto en años y de pronto te lo encuentras por la calle. Estás pensando en empezar una rutina de ejercicio y de la nada tu vecina y mejor amiga se ha inscrito a un gimnasio cercano y gracias a su recomendación obtienes el cincuenta por ciento de descuento al inscribirte.  De nuevo, retomando lo dicho en el artículo anterior, se trata de casualidades que van más allá de lo casual, de, sin haberlo previsto, estar en el lugar preciso en el momento oportuno para que suceda algo que modificará el devenir posterior. Los ejemplos enunciados podrían no cambiarnos la vida, pero podrían funcionar como puentes para que esto sucediera. Quizá en ese gimnasio conocerás a tu futura jefa o a la pareja de tu vida, quizá la persona que te llamó anticipándose a tus deseos sirve de conexión con alguien que impulsará tu proyecto comercial, quizá a quien te encontraste “casualmente” por la calle termine por darte de los datos del médico que habrá de salvar la vida de tu hijo. Se trata de pequeñas bifurcaciones que, sin haya una causalidad evidente, trastocan el resto del devenir de quien las experimenta. Una vez que un evento de este tipo tiene lugar, la historia de vida se desvía de la trayectoria original, convirtiéndose en algo distinto de lo que fue hasta antes del “pequeño milagro inesperado”. Este tipo de acontecimientos suceden todo el tiempo y estoy tentado a asegurar que a todos nos ha sucedido en alguna ocasión y en algún nivel. ¿Cómo llamarlos? ¿Azar? ¿Simples casualidades? ¿Parte de nuestro destino? ¿Materializaciones de nuestros pensamientos? ¿Alineación cósmica con nuestro propósito subyacente?   Para una serie importante de pensadores, este tipo de eventos se llaman “sincronicidades”.  ¿En qué consiste la sincronicidad? El psicólogo suizo Carl Gustav Jung llama sincronicidad al hecho de que dos sucesos que ocurren de manera simultánea estén relacionados entre sí de una manera no causal y que presenten alguna relación con los pensamientos y emociones de las persona que los experimentan. Mientras pensamos en ese a quien queremos llamar, él lo hace también e incluso se adelante en la acción al marcar nuestro número.  Para Jung, estas coincidencias suceden con más frecuencia o causan un mayor impacto cuando la persona que las experimenta las vive con especial intensidad, debido a procesos de cambio o crecimiento interno. En otras palabras, las sincronicidad consiste en acontecimientos conectados entre sí, pero no a través de la ley causa-efecto, sino a través de una simultaneidad significativa. En la sincronicidad se da una coincidencia entre dos realidades interiores (subjetiva) y dos realidades externas (objetiva) que se retroalimentan a través de la interacción recíproca, en la que acontecimientos e individuos se vinculan a través del sentido que se le asigna a la conexión. Para Jung la sincronicidad era una proyección y consecuencia de los profundos procesos psicológicos que tienen lugar dentro del individuo. Es decir, que para este psicólogo, la realidad exterior–material y la realidad interior–subjetiva son interdependientes, con lo cual se retroalimentan e influyen de forma mutua.  Una vez que la sincronicidad ocurre, el individuo, a partir de los procesos, desafíos y circunstancias particulares que experimenta, debe encontrar en las señales y significados los hechos ocurridos que le den herramientas para gestionar su propia vida de manera más eficaz y plena.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir  " ["post_title"]=> string(34) "Sincronicidad: ¿en qué consiste?" ["post_excerpt"]=> string(128) "“Las coincidencias significan que estás en el camino correcto”, Simon Van Booy (1975) escritor y pensador estadounidense. 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Sincronicidad

Sincronicidad: ¿en qué consiste?

“Las coincidencias significan que estás en el camino correcto”, Simon Van Booy (1975) escritor y pensador estadounidense.

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