Cambios en Reforma Educativa (Parte 2)

Siguen las declaraciones y seguramente las seguirá habiendo, en torno a las nuevas o diferentes implementaciones… Siguen las declaraciones y seguramente las seguirá habiendo, en torno a las nuevas o diferentes implementaciones que se propone llevar a...

20 de agosto, 2018 reforma-educativa

Siguen las declaraciones y seguramente las seguirá habiendo, en torno a las nuevas o diferentes implementaciones…

Siguen las declaraciones y seguramente las seguirá habiendo, en torno a las nuevas o diferentes implementaciones que se propone llevar a cabo el próximo gobierno federal, en torno a los diferentes renglones que comprende la administración nacional, a cargo de la federación.

Renglón no menos importante que los otros, es el EDUCATIVO, en donde se han hecho públicas, tal vez, todos las declaraciones del potencial y futuro Secretario de Educación Pública, en donde llama la atención la salida de las oficinas centrales de esta secretaría, de la Ciudad de México, con rumbo a la ciudad de Puebla, que al parecer no se ha precisado un motivo en especial, salvo el de descentralizar los poderes hacia el resto del país, con todo y lo que en desventajas pudiera implicar para los empleados que ahí laboran, pero bueno, seguramente ya lo han de tener contemplado del cómo ha de reflejarse en la política de austeridad y eficiencia del gasto público y no se diga lo de la transparencia en el gasto de gobierno.

Dentro de lo que a LOS CAMBIOS DE LA REFORMA EDUCATIVA, pueda llevarse a cabo, está lo correspondiente a los ascensos administrativos, que corresponden al personal de base que es parte del SISTEMA EDUCATIVO NACIONAL, en donde no pudiera ser descabellada la idea, en el sentido de VOLVER AL SISTEMA ESCALAFONARIO, desde luego corrigiendo sus debilidades y aumentado sus fortalezas, con el fin de llevar a los desempeños directivos a personas verdaderamente IDÓNEAS, con base, en una realidad de lo que debe ser el MÉRITO, mismo que sea un acumulación de diversos componentes, adquiridos en momentos prolongados de su práctica laboral, en donde entre otros se pongan de manifiesto, como de cierta forma se ha hecho mención de ellos en espacios anteriores, relaciones humanas apropiadas, destacando el respeto, tolerancia, principalmente con los alumnos, vivencia de valores, conocimiento y dominio de la reglamentación  y desde luego el aspecto teórico, que tanto se ha tomado en cuenta en la todavía presente administración, todo lo anterior que venga a dar una amplia suma entre lo ACADÉMICO Y LO PRÁCTICO.

Tratando de complementar lo anterior, y pudiendo sumársele al proceso del escalafón, tal vez sea recomendable que dentro de las puntuaciones de mayor nivel, sean los convocados al concurso de ascenso, el cual pudiera iniciarse con un examen presencial a través de entrevistas personalizadas, para que sea ésta la forma de mayor significancia o puntuación que marque el derrotero para adjudicar la plaza de ascenso para que después de cubrir los tiempos señalados por la reglamentación laboral, se le entregue en propiedad la plaza por la cual se sometió a los exámenes correspondientes. Para este logro, deberán fijarse los tiempos de desempeño suficientes en el nivel inmediato inferior al que quiera ascender, así como cubrir los espacios de capacitación, actualización y superación profesional que tenga a bien incluirse en la nueva reglamentación para los ascensos laborales en el desempeño docente-directivo del nivel de educación básico y un tanto en otro ámbito. Puede ser algo similar en el nivel de educación medio superior.

Puede ser una forma, lo aquí expuesto, de llegar con una mayor y mejor preparación a los puestos administrativos de base, además de una buena elaboración reglamentaria, donde predomine realmente el MÉRITO PROFESIONAL, en todos los órdenes de los asuntos del desempeño escolar.

Es recomendable que, con la experiencia académica del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, (INEE) la parte sindical, con sus diferentes representaciones y niveles, así como académicos independientes, alumnos, conocedores e interesados en los asuntos de la educación, sean colaboradores o responsables, en conjunto, de llevar a cabo la elaboración de la reglamentación y formas en general de los lineamientos no sólo lo que corresponde a asuntos laborales de los maestros, como pueden ser el ingreso, permanencia, ascenso y requisitos para recepción y conservación de los estímulos económicos.

Quiero destacar brevemente, la participación del alumnado, dentro de su nivel de maduración y participación, el hecho de que se involucre en estos diálogos, pues en ningún momento del discurso se ha escuchado de ello, simplemente, con propuestas de adultos se piensa en la elaboración de algo para quien será el receptor de ese producto, para que lo acepte tal cual. Puede ser un gran paso, esto de tomar en cuenta a los alumnos para su propia formación participativa, democrática y demás principios que a ella corresponden.

Se harán en colaboraciones venideras, algunas sugerencias a manera de comentarios, que puedan reflejar de manera positiva algunos CAMBIOS EN LA REFORMA EDUCATIVA.

Comentarios


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Se trataría de una inteligencia cósmica que genera nuevos espacios para la creatividad y la innovación en busca de su propia evolución.     El hecho de que algo sea para los seres humanos inexplicable o incomprensible no confirma ni que exista ni que no exista una explicación, simplemente retrata una posibilidad que con las capacidades racionales y cognitivas actuales, y desde la limitada perspectiva humana no podemos siquiera visualizar.  Sin embargo, a partir de una hipótesis que proyecte la propia experiencia humana y lo que sabemos del funcionamiento del planeta y del sistema solar, permite suponer que habitamos un cosmos creativo, y que este cosmos creativo pudiera ser un Todo que opere bajo ciertos parámetros universales, y que me atrevería a llamar inteligentes, donde las estructuras que le permiten operar no necesariamente impiden las posibilidades de innovación, creatividad y evolución, permitiendo, dentro de una realidad con cierto grado de propensión a repetir patrones previos, porciones orgánicas de libertad y azar. 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Esto es lo que C. G. Jug llamaba una sincronicidad: un “milagro inesperado” de alta significación que trastoca el resto de la existencia.   Pocos axiomas resultan más recurrentes y sobreutilizados en el imaginario de la posmodernidad que aquel que, sosteniendo de manera indirecta que las casualidades no existen, afirma que “todo pasa por algo”. Se trata de una salida versátil y polifacética, que se amolda a cualquier tipo de adversidad. Ya sea que a nuestro conocido le hayan robado el coche, le hayan negado un puesto de trabajo que consideraba seguro, lo haya abandonado el amor de su vida o le hayan descubierto un tumor maligno, decirle, con semblante lúgubre, acariciándole el hombro: “todo pasa por algo” siempre queda bien y da la sensación de le hemos transmitido una verdad trascendente desde una posición de sabiduría, aunque en realidad no le estemos diciendo nada que no sea obvio.      En estricto sentido la frase no miente. Ya Voltaire lo había dicho con más elegancia: “lo que llamamos casualidad no es sino la causa ignorada de un efecto desconocido”. Es decir: la podamos saber o no, todo tiene una causa, por lo tanto, “todo pasa por algo”. Cada acontecimiento que tiene lugar en el mundo material ocurre como consecuencia de una serie concatenada de hechos previos que le dieron lugar, los conozcamos o no.  En realidad lo que este refrán poco razonado quisiera decir, pero no lo dice, es que todo aquello que nos sucede tiene un sentido, un significado y, en última instancia un propósito oculto que está determinado por una inteligencia superior a la nuestra que sabe lo que nos conviene y necesitamos en cada momento de nuestra vida y nos lo suministra de maneras caprichosas para sacudirnos del marasmo en que la cotidianidad nos ha hecho caer. Una vez que el hecho excepcional ocurre, nuestro trabajo consiste en asumir sus consecuencias y explorar nuestra realidad interior profunda con el objetivo de descubrir la connotación verdadera y existencial de eso que nos ocurrió.   Esta manera de entender el devenir tiene hondas implicaciones. De entrada se niega la posibilidad de que los acontecimientos sucedan como consecuencia del azar y se les destierra de la categoría de coincidencia. 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Estás pensando en empezar una rutina de ejercicio y de la nada tu vecina y mejor amiga se ha inscrito a un gimnasio cercano y gracias a su recomendación obtienes el cincuenta por ciento de descuento al inscribirte.  De nuevo, retomando lo dicho en el artículo anterior, se trata de casualidades que van más allá de lo casual, de, sin haberlo previsto, estar en el lugar preciso en el momento oportuno para que suceda algo que modificará el devenir posterior. Los ejemplos enunciados podrían no cambiarnos la vida, pero podrían funcionar como puentes para que esto sucediera. Quizá en ese gimnasio conocerás a tu futura jefa o a la pareja de tu vida, quizá la persona que te llamó anticipándose a tus deseos sirve de conexión con alguien que impulsará tu proyecto comercial, quizá a quien te encontraste “casualmente” por la calle termine por darte de los datos del médico que habrá de salvar la vida de tu hijo. Se trata de pequeñas bifurcaciones que, sin haya una causalidad evidente, trastocan el resto del devenir de quien las experimenta. Una vez que un evento de este tipo tiene lugar, la historia de vida se desvía de la trayectoria original, convirtiéndose en algo distinto de lo que fue hasta antes del “pequeño milagro inesperado”. Este tipo de acontecimientos suceden todo el tiempo y estoy tentado a asegurar que a todos nos ha sucedido en alguna ocasión y en algún nivel. ¿Cómo llamarlos? ¿Azar? ¿Simples casualidades? ¿Parte de nuestro destino? ¿Materializaciones de nuestros pensamientos? ¿Alineación cósmica con nuestro propósito subyacente?   Para una serie importante de pensadores, este tipo de eventos se llaman “sincronicidades”.  ¿En qué consiste la sincronicidad? El psicólogo suizo Carl Gustav Jung llama sincronicidad al hecho de que dos sucesos que ocurren de manera simultánea estén relacionados entre sí de una manera no causal y que presenten alguna relación con los pensamientos y emociones de las persona que los experimentan. Mientras pensamos en ese a quien queremos llamar, él lo hace también e incluso se adelante en la acción al marcar nuestro número.  Para Jung, estas coincidencias suceden con más frecuencia o causan un mayor impacto cuando la persona que las experimenta las vive con especial intensidad, debido a procesos de cambio o crecimiento interno. En otras palabras, las sincronicidad consiste en acontecimientos conectados entre sí, pero no a través de la ley causa-efecto, sino a través de una simultaneidad significativa. 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De hecho los grandes avances de la humanidad en todos los ámbitos son producto de una lucha contra los límites. Si pudiéramos volar no habría aviones y si nuestra capacidad cerebral fuese ilimitada no habría computadoras, simplemente no harán falta. Se inventan respiradores para quienes, por una condición médica, no pueden respirar; del mismo modo que el nacimiento de la épica y la poesía tiene como motor rebelarse contra aquello que no se tiene o que se busca transformar. 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Se trataría de una inteligencia cósmica que genera nuevos espacios para la creatividad y la innovación en busca de su propia evolución.     El hecho de que algo sea para los seres humanos inexplicable o incomprensible no confirma ni que exista ni que no exista una explicación, simplemente retrata una posibilidad que con las capacidades racionales y cognitivas actuales, y desde la limitada perspectiva humana no podemos siquiera visualizar.  Sin embargo, a partir de una hipótesis que proyecte la propia experiencia humana y lo que sabemos del funcionamiento del planeta y del sistema solar, permite suponer que habitamos un cosmos creativo, y que este cosmos creativo pudiera ser un Todo que opere bajo ciertos parámetros universales, y que me atrevería a llamar inteligentes, donde las estructuras que le permiten operar no necesariamente impiden las posibilidades de innovación, creatividad y evolución, permitiendo, dentro de una realidad con cierto grado de propensión a repetir patrones previos, porciones orgánicas de libertad y azar. Más allá de religiones y creencias específicas no podemos descartar la existencia de una inteligencia subyacente que participe de la evolución otorgándole un cierto sentido, fomentando ciertas tendencias, poniendo límites y alentando algunos motores de cambio por encima de otros, promoviendo determinadas formas de avance por encima de otras. Si la evolución planetaria, de la que somos parte, dio lugar a la razón y la inteligencia humana es porque la “inteligencia” de algún modo está dentro de los componentes del cosmos y es susceptible de replicarse en distintos lugares, de formas diversas, así como tener manifestaciones más amplias, más simples o más complejas de ella.  Una vez que miramos el mundo conocido con esos ojos, no debería costarnos trabajo admitir que si bien poseemos un tipo y nivel de inteligencia como especie, nos somos los únicos. Dentro de las millones de variedades de vida que constituyen los ecosistemas terrestres sobran ejemplos de un sinnúmero de manifestaciones de distintos patrones, formas y niveles de ella.   En infinidad de especies existe un impulso, quizá incomprensible para nosotros, que les permite cumplir con su “propósito existencial como especies” y, por más que nos prefiramos llamarle “instinto”, lo cierto es que no dejan de ser manifestaciones de inteligencia existencial. ¿Qué impulsa a ciertas variedades de aves a viajar miles de kilómetros cada año como mecanismo de supervivencia? ¿Cómo saben hacia dónde deben dirigirse y por qué se trasladan de forma gregaria y ordenada? ¿Cómo determinan cuándo, cómo y hasta dónde? Pero las aves no son las únicas: el funcionamiento de un hormiguero o de una colmena resulta también sorprendente. Y así podríamos seguir recorriendo todo el reino animal e incluso el vegetal.  Es verdad que un perro o un caballo no pueden escribir La Divina Comedia, pero negar que poseen cierto nivel de percepción, de voluntad e inteligencia que les permite manifestar su “esencia” como perros o caballos es simplemente cerrar los ojos a la realidad. Y qué decir de los seres humanos, capaces de lo más sublime y de lo más abominable.  En resumen, queda la impresión fundada de que el cosmos en su conjunto, dentro de sus “ingredientes” constitutivos está la inteligencia, la libertad, la voluntad, la creatividad y la contingencia; y si bien éstas se concretan de formas muy distinta en cada nivel de existencia, su mera presencia, si bien no prueba, tampoco descarta la posibilidad de una fuerza consciente subyacente participe en alguna medida en la dirección y destino evolutivo del universo.  Desde luego que ésta, en caso de existir, no tenemos por qué entenderla o siquiera poder observarla. La lógica, inteligencia y capacidades humanas son inaccesibles para las abejas de una colmena, pero eso ni evita que el sistema de la colmena funcione según su inteligencia y lógica interna ni que los humanos tengamos la capacidad de diseñar, construir y administrar panales sin que las abejas tengan la menor consciencia de que forman parte de sociedad volitivamente constituida por entes distintos de ellas.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir" ["post_title"]=> string(41) "La posibilidad de un universo inteligente" ["post_excerpt"]=> string(190) "Si la evolución planetaria de la que somos parte dio lugar a la razón y la inteligencia humana, es porque la “inteligencia” de algún modo está dentro de los componentes del cosmos. 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