El martes pasado, la celebración en torno al Ángel de la Independencia y Paseo de la Reforma terminó con cuatro personas muertas en medio de una concentración que reunió a alrededor de un millón de aficionados.
La dimensión del desastre exhibió una falla de fondo: el operativo no logró contener la presión humana, ordenar los accesos, establecer rutas claras de salida ni impedir que la multitud se convirtiera en un riesgo letal.
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