Trump, sorpresa del 2015

El 18 de junio pasado escribí por primera vez sobre Donald Trump.

28 de diciembre, 2015

El 18 de junio pasado escribí por primera vez sobre Donald Trump. Me referí entonces a su recién lanzada campaña para buscar la candidatura del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos. Como la inmensa mayoría de los analistas, comentaristas y opinadores de todo el mundo, minimicé las probabilidades de que el billonario neoyorquino pudiera ganar la candidatura. Escribí ese día que Trump se lanzó a la competencia electoral “sabiendo de antemano que no tiene las más mínimas posibilidades de obtenerla”.

Como muchos otros, también me equivoqué al creer que “lo que realmente busca Trump mediante esta candidatura es revitalizar su imagen para asegurar que su siguiente reality show sea más exitoso que el que concluyó en febrero pasado, que su nuevo libro sea un bestseller, que su próximo videojuego rompa récords de ventas, que para su siguiente proyecto inmobiliario tenga más poder político. Finalmente, que su inmenso ego sea recompensado cuando la revista Forbes lo incluya dentro de las 10 celebridades más poderosas del mundo (en 2006 ocupó el lugar 12 de la lista)”.

Tan escasas se veían las posibilidades de triunfo de Trump en esa semana de junio que la casa de apuestas irlandesa, Paddy Power, tal vez la más influyente del mundo, le daba los siguientes momios a los 12 republicanos que hasta este momento se habían lanzado en busca de la candidatura presidencial de su partido: Jeb Bush: 2/1; Marco Rubio: 10/3; Rand Paul: 9/1; Ben Carson: 14/1; Ted Cruz: 18/1; Mike Huckabee: 25/1; Rick Perry: 25/1; Carly Fiorina: 33/1; Donald Trump: 33/1; Rick Santorum: 33/1. Hasta el momento, Paddy Power no había incluido en su selección de precandidatos a Lindsey Graham y George Pataki, pero otras casas de apuestas les concedían mínimas posibilidades de triunfo, similares a las que tenían Trump, Fiorina y Santorum.

El tiempo ha demostrado que hasta los expertos de Paddy Power no supieron calcular las posibilidades de triunfo del que hoy encabeza todas las encuestas de preferencias entre los votantes republicanos.

Menos de un mes después, el 10 de julio, escribí que “sin lugar a duda, el aspirante a la candidatura republicana a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, ‘predica doctrinas que él sabe que son falsas a personas que él sabe que son idiotas’. Y no solo eso, sin titubear ni pestañear ignora los datos científicamente obtenidos que contradicen los números que con pasmosa facilidad se saca de la manga. Peor aún, sin el menor rubor le dice a sus entrevistadores que están equivocados, o son impreparados o carentes de imaginación… La historia demuestra que cuando un demagogo convence a las mayorías y accede al poder se vuelve una amenaza para su propio país y el mundo. Por eso, ¡cuidado con Donald Trump!”.

No tenía la menor probabilidad de colocarse en la delantera, insulta sin el menor recato a quien lo cuestiona o contradice, ataca como perro rabioso a quien se le enfrenta, miente sin pestañear, nunca acepta un error y menos se disculpa por ofender a una persona, género, grupo racial o religioso, propone soluciones inverosímiles para problemas complejos, asegura que todos los políticos de su país son estúpidos mientras que los de México, China y Rusia son brillantes, dice ser amigo de Vladimir Putin sin haberlo visto jamás, promete aniquilar al Estado Islámico aunque su método para hacerlo cause la muerte cientos de miles o hasta millones de civiles inocentes, asegura que construirá un muro entre México y Estados Unidos y que los mexicanos lo pagaremos. Y pese a todo esto y mucho más, Trump aventaja por amplio margen a los demás aspirantes republicanos a la candidatura presidencial.

Por ello, Donald Trump es, indudablemente, para bien o para mal, una de las grandes sorpresas que nos ha dado 2015. Ojalá nos nos sorprenda de nuevo en la elección presidencial de noviembre entrante, porque, entonces sí, ¡cuidado con un demagogo como él!

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