Una encuesta realizada por la encuestadora chilena Cadem los días 7, 8 y 9 de diciembre y publicada el 14 del mismo mes indica que el 77% de los chilenos opina que la institución menos confiable de su país es el Congreso Nacional de Chile. Es decir que la imagen de los 120 diputados y 38 senadores de ese país está por los suelos, por debajo de la de cualquier otro funcionario o integrante de los sectores privado y social.
Otra encuesta, llevada a cabo por la encuestadora Ipsos Perú para el diario limeño El Comercio los días 8, 9, 10 y 11 de septiembre y publicada el 20 de ese mismo mes muestra que el 84% de los peruanos no confía en su Congreso de la República, el cual es unicameral y está integrado por 130 legisladores. Al igual que en Chile, la imagen de los legisladores no podría ser peor.
En el Barómetro de Abril 2015 realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de España del 1 al 12 de abril pasado señala que las instituciones en que menos confían los españoles son los partidos políticos.
La encuesta Trust in Government (Confianza en el Gobierno) realizada por Gallup del 9 al 13 de septiembre de 12015 y difundida el 2 de octubre pasado muestra que 68% de los estadounidenses no confía en el poder legislativo, 55% no confía en el poder ejecutivo y 47% desconfía del poder judicial.
Dos encuestas más, realizadas por la encuestadora mexicana Beltrán, Juárez y Asociados (BGC) entre el 8 y 14 de agosto de 2015 y difundidas el 24 del mismo mes señala que el 64% de los mexicanos no confía en sus diputados y senadores. La imagen de los legisladores que integran el Congreso de la Unión está por debajo de la de los policías estatales y municipales.
Estas encuestas y muchas otras llevadas a cabo en muchos países indican lo mismo: que los políticos pertenecen a un grupo social desprestigiado que por su ineficiencia –real o percibida- se ha ganado a pulso la desconfianza ciudadana.
El hecho de que la mayoría de los ciudadanos de la mayoría de los países estén descontentos con la mayoría de sus políticos explica la emergencia de los llamados candidatos independientes o candidatos que buscan importantes cargos de elección popular sin haberse dedicado antes a la política y presentándose como ciudadanos que no creen en los políticos y van a enmendar todos los errores que estos han cometido.
En México tenemos al Bronco y al Peje López, entre otros; en Francia está Marine Le Pen; en España los líderes de Podemos y Ciudadanos; en Estados Unidos Carson, Fiorina y Trump. Todos ellos, en mayor o menor medida han basado sus respectivas campañas en el sentimiento que existe contra los políticos en la mayoría de los ciudadanos.
Trump gana puntos cada vez que asegura que los políticos son estúpidos y que él, un maestro en el arte de la negociación, hará de nuevo grande a su país.
Hasta ahora, los políticos tradicionales, sean mexicanos, españoles, franceses o estadounidenses, no han demostrado entender muy bien cómo enfrentarse contra estos “políticos antipolíticos”. Si no se apuran en aprender le acabarán dando la razón a Trump, demostrando que sí son estúpidos.
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