Durante este año, la gente se ha manifestado contra algo o alguien en Argelia, Australia, Bolivia, Colombia, Ecuador, Egipto, España, Estados Unidos, Hong Kong, Irak, Kazajistán, Líbano, México, Países Bajos, Perú, Reino Unido, República Checa, Rusia, Sudán, Turquía, Venezuela y muchos otros países.
Las causas que impulsan a las personas a salir a las calles son diversas, así como son variados los niveles de violencia, el número de quienes se manifiestan y la duración de las protestas.
Así, en El Cairo solo unas docenas de personas se atreven a protestar contra el gobierno represor del general Abdelfatah Al-Sisi, mientras que en Barcelona o Santiago de Chile las calles son tomadas por cientos de miles.
El número y frecuencia de las protestas va en aumento y también la violencia que en ellas se da, ya sea porque la promuevan las fuerzas gubernamentales o los mismos manifestantes.
La situación ya preocupa a diversos líderes mundiales, entre ellos el secretario general de las Naciones Unidas, el portugués António Guterres, que el viernes pasado habló sobre el tema.
Entre las cosas que dijo, destacan las siguientes:
“Estamos presenciando una ola de manifestaciones en todo el mundo, desde Oriente Medio hasta América Latina y el Caribe (…) desde Europa hasta África y Asia. La inquietud en la vida de las personas conduce a cualquier cosa menos a la tranquilidad en las calles y plazas de las ciudades.
“Algunas protestas son provocadas por problemas económicos como el aumento de los precios, la desigualdad persistente o los sistemas financieros que benefician a las élites. Otros provienen de demandas políticas. Y en algunos casos, las personas están reaccionando a la corrupción o las diferentes formas de discriminación. Sin embargo, hay puntos en común que abarcan los continentes, y eso debería obligarnos a todos a reflexionar y responder.
“Está claro que existe un creciente déficit de confianza entre las personas y los establecimientos políticos y crecientes amenazas al contrato social. El mundo también está luchando con los impactos negativos de la globalización y las nuevas tecnologías, que han aumentado las desigualdades (…) Incluso donde las personas no protestan, están sufriendo y quieren ser escuchadas. La gente quiere igualdad de condiciones y sistemas sociales, económicos y financieros que funcionen para todos. Quieren que se respeten sus derechos humanos y tener voz en las decisiones que afectan sus vidas.
“Los gobiernos tienen la obligación de defender las libertades de expresión y reunión pacífica (…) Las fuerzas de seguridad deben actuar con la máxima moderación (…) No puede haber excusas para la violencia, de ninguna parte.
“Insto a los líderes de todo el mundo a escuchar los problemas reales de las personas reales. Nuestro mundo necesita acción y ambición para construir una globalización justa, fortalecer la cohesión social y atender la crisis climática”.
En su breve mensaje, Guterres explicó qué diablos pasa en el mundo y la manera en que los gobiernos nacionales deben actuar para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de las personas.
Ojalá que le hagan caso. Si lo ignoran, acostumbrémonos a ver más protestas, más violencia y, finalmente, más represión y autoritarismo en cada vez más países.
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