México es “una República representativa, democrática, laica y federal, compuesta por Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, y por la Ciudad de México, unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental”(Artículo 40 de la Constitución), en donde “El pueblo ejerce su soberanía por medio de los Poderes de la Unión, en los casos de la competencia de éstos, y por los de los Estados y la Ciudad de México, en lo que toca a sus regímenes interiores…” (Artículo 41 de la misma Constitución).
Además, el Artículo 87 constitucional señala que “El Presidente, al tomar posesión de su cargo, prestará ante el Congreso de la Unión o ante la Comisión Permanente, en los recesos de aquél, la siguiente protesta: ‘Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande’”.
Lo anterior es importante porque pareciera que el presidente Andrés Manuel López Obrador, olvidando que protestó “guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen”, pretende que México, de ser una república representativa en la que el pueblo ejerce su soberanía por medio de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, se convierta en una república en la que dicha soberanía se ejerza mediante marchas y manifestaciones en donde el Poder Ejecutivo acate lo que supuestamente le ordene el pueblo bueno y sabio en función del número de personas que se reúnan para marchar y manifestarse. O sea, lo que la masa exija en un evento que llene el Zócalo de la Ciudad de México prevalecerá sobre lo que pidan los que acudan a un evento menos concurrido.
Pareciera que AMLO busca que el poder de las masas de acarreados y no acarreados sea superior al del Poder Legislativo y que México deje de ser una república representativa para convertirse en una república popular en donde se imponga la voluntad del pueblo congregado, voluntariamente o no, en la mayor plaza del país.
Al anunciar que encabezará una marcha el 27 de noviembre entrante para defender su propuesta de reforma electoral y de paso demostrar que más personas lo acompañarán que las que marcharon el domingo pasado para manifestar su rechazo a dicha reforma y a su gobierno, Andrés Manuel busca convencer aún más a sus seguidores de que los enemigos de él, de su gobierno y de la supuesta Cuarta Transformación son, entre otros, los legisladores de la oposición que fueron democráticamente electos en la jornada electoral del 6 de junio del año pasado, en donde los ciudadanos decidieron quitarle la mayoría de dos terceras partes en la Cámara de Diputados y con eso su poder para reformar la Constitución según sus ideas y caprichos.
Con su marcha del día 27, AMLO pretende restarle poder al Legislativo federal presionando a los legisladores del PAN, PRD, PRI y MC para que voten a favor de desaparecer al INE. Ojalá que todos aguanten la presión y recuerden que son parte de un poder que es igual de importante y poderoso que el Ejecutivo.
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