Escribo esto antes de que se conozcan los primeros resultados de la elección que se realiza en Estados Unidos.
Como sucede cada cuatro años, la atención internacional se concentra en la elección presidencial estadounidense porque el triunfador de la misma dirigirá no solo a la principal potencia económica y militar del mundo durante los siguientes cuatro años, sino que influirá decisivamente en el destino del resto del mundo.
Después de casi cuatro años en el poder, Trump ha desestabilizado el orden internacional y debilitado el multilateralismo que caracterizó las relaciones entre países desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, distanciado a su país de sus aliados europeos y asiáticos, debilitado la influencia estadounidense en el Medio Oriente, renegado del Acuerdo de París que se celebró en 2015 con el fin de “reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza”, ignorado y hasta promovido la violación de los derechos humanos en diversos países, mantenido relaciones cada vez más cercanas y cordiales con dictadores o autócratas que le caen bien como son el ruso Vladimir Putin, el chino Xi Jinping, el filipino Rodrigo Duterte, el egipcio Abdelfatah El-Sisi, el saudita Mohamed bin Salmán, el norcoreano Kim Jong-un y otros similares.
Trump no solo ha demostrado su admiración por los gobernantes arriba anotados, sino que ha expresado que le gustaría poder gobernar como ellos, sin que los poderes Judicial y Legislativo le impidan hacer lo que se le antoje.
Desde la elección de 2016, manifestó que las elecciones en su país son un proceso corrupto, provocando con ello que muchos estadounidenses dudaran de un pilar de su democracia que es la transparencia de su sistema electoral. Y no solo eso: como cualquier político de un país subdesarrollado ha dicho muchas veces que solo reconocerá su propio triunfo y se negará a aceptar el de su contrincante.
Por sus palabras y acciones, no me queda la menor duda de que Trump, de ser reelecto, hará todo lo posible para transformar al sistema político de su país hacia un presidencialismo casi dictatorial en donde los poderes Judicial y Legislativo estén totalmente sujetos al Ejecutivo.
Y no debe sorprendernos que así lo quiera porque está acostumbrado a que lo que él diga se haga y que sus colaboradores lo obedezcan sin chistar. Es conveniente recordar que a sus empresas siempre las ha tenido fuera de las bolsas de valores para no estar obligado a rendirle cuentas a nadie ni transparentar sus operaciones.
Espero que Donald Trump pase a la historia como uno más de los presidentes que fueron incapaces de reelegirse porque estoy convencido de que su influencia es funesta y que sus decisiones contribuirán a dejar al mundo en peor estado del que estaba en 2016.
Lo anterior no significa que crea que las cosas mejorarán drásticamente si Joe Biden gana la presidencia, pero por lo menos bajo su conducción se reestablecerá cierto orden en el escenario internacional, habrá una mayor preocupación por aminorar los efectos del cambio climático, y se condenará a los gobiernos que no respeten los derechos humanos, entre otras cosas positivas.
Por el bien de todos: ojalá pierda Trump.
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