El lunes entrante publicaré mis pronósticos para 2026. Antes conviene recordar los que hice el 2 de enero de 2025 en “México 2025: Optimismo oficial, riesgos reales”. Porque el dato mata relato, también cuando el relato es mío.
Empecé citando al Banco Mundial (1.5%) y a S&P (1.2%) y escribí que, aun con esos números, el crecimiento sería insuficiente para empleo formal e inversión. La economía terminó estancada: en los primeros nueve meses de 2025 el PIB apenas avanzó 0.4% anual. Y eso frenó la creación de empleo formal.
En tasa de interés fallé. Pronostiqué cierre del año entre 8% y 8.25%. Cerró en 7.00%. Subestimé cuánto podía recortar Banxico con la economía estancada, y lo hizo aun con subyacente terca: en noviembre la inflación general fue 3.80% y la subyacente 4.43%.
En inflación general le atiné: pronostiqué 3.76% y el dato de noviembre fue 3.80%.
En tipo de cambio me pasé de pesimista. Di un rango de 18.70 a 21 pesos por dólar y el FIX del 31 de diciembre pasado fue 18.0012. Hubo sobresaltos: cuando Trump amenazó con un arancel de 30% a partir del 1 de agosto, el peso en el exterior rondaba 18.6790.
En mercado laboral sostuve que una desocupación baja no es positiva si la informalidad manda. En noviembre pasado la desocupación fue 2.7%, pero la informalidad laboral llegó a 54.8%, 32.8 millones de personas.
También advertí que el regreso de Trump metería presión a la relación con Estados Unidos y que el proteccionismo sería un riesgo real para México. Lo fue, y esa amenaza se instaló en la relación con EEUU.
Sobre textiles y prendas anticipé aranceles para frenar importaciones chinas y dije lo obvio: el consumidor paga. Hubo aranceles temporales de 35% a muchas fracciones de confección y 15% a ciertos textiles, vigentes hasta 2026, y el giro se amplió con alzas generales (en muchos casos hasta 35%) para importaciones de países sin TLC, con una estimación oficial de 3.76 mil millones de dólares extra de recaudación.
En lo fiscal me fui con la meta oficial: bajar el déficit de 5.9% del PIB en 2024 a 3.9% en 2025 y lograr un superávit primario de 0.6%. El cierre estimado quedó en 4.3%. El petróleo tampoco ayudó: el supuesto era 57.8 dólares por barril (vs 70.7 en 2024) y la Mezcla Mexicana terminó el año 2025 en alrededor de 53.62 dólares.
Hecho el anterior análisis, el retrato de mis pronósticos 2025 queda así: acerté mejor cuando describí lo estructural —estancamiento, informalidad, presión comercial, giro proteccionista, estrés fiscal— y fallé donde el mercado castiga a cualquiera que crea que el ruido político se traduce automáticamente en un cierre cambiario, o que subestime el espacio de Banxico para recortar cuando la economía se apaga.
Si tengo que ponerme una calificación como pronosticador en 2025, me doy 7/10. Eso me deja por arriba del pronosticador mediático que lanza sentencias y nunca rinde cuentas, y en el rango de muchos organismos, bancos, y empresas de análisis que también se equivocaron en cuanto al crecimiento del PIB y se sorprendieron con el cierre de tasa y con la fortaleza del peso. La diferencia es que aquí queda escrito, con números, dónde fallé y por qué.
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