En mi programa de radio y TV de ayer, transmitido por Grupo Fórmula, Mariana Campos señaló que “los ingresos públicos del gobierno federal están enfrentando dos condiciones que los hacen peligrar: La caída de los precios del petróleo (que se encuentran en 19 dólares por barril) y la apreciación del dólar que afecta el costo de la deuda externa”.
Añadió que “se calcula un precio del barril mexicano en 31 dólares en enero de 2017, una diferencia de 12 dólares por barril con respecto a lo pronosticado por SHCP. Esto implicaría una caída de 28% en los ingresos petroleros que representaría una caída de 6% en los ingresos totales.
Además, dijo que “alrededor de 80% de la deuda está contratada en pesos y 83% está en tasa fija, pero contratar deuda en el escenario económico actual no sólo será más caro, sino que puede generar desconfianza sobre las decisiones del gobierno mexicano que prometió reducir la deuda y, en cambio, la deuda ha aumentado en 10.1 puntos del PIB en lo que va del sexenio (la deuda de todo el sexenio anterior alcanzó 7.9 puntos)”.
Mariana explicó que el gobierno adquirió las famosas coberturas para asegurar sus ingresos petroleros pero en vista de que ese monto no se lo pagarán hasta noviembre de este año, va a enfrentar una escasez de recursos antes de lo previsto. Tal vez tan pronto como durante el trimestre en curso.
En pocas palabras, dentro de algunas semanas el gobierno federal necesitará dinero, mucho dinero, para cubrir sus gatos. Para Campos, el gobierno deberá elegir una o varias de las siguientes opciones para enfrentar sus obligaciones: 1) Reducir las inversiones públicas; 2) Incrementar impuestos en gasolina (con el respectivo costo político) o; 3) disminuir gastos corrientes del gobierno.
Yo añadiría dos más: 1) Emitir más instrumentos de deuda y; 2) Promover una verdadera reforma fiscal que reduzca ligeramente el Impuesto sobre la Renta y grave a todos los productos y servicios con un Impuesto al Valor Agregado del 10% y, a ciertas categorías, con un 12% y hasta un 15%.
El problema que enfrentan el el presidente Enrique Peña Nieto y su partido, el PRI, es que éste es un año electoral en donde el 5 de junio serán electos 12 gobernadores, 12 congresos locales y 12 ayuntamientos, y cualquier solución que el gobierno federal elija para obtener recursos adicionales será impopular y aprovechada a lo máximo por los partidos de oposición para ganar ganar votos el día de las elecciones.
El gobierno federal y el PRI serán maldecidos por la oposición y un alto porcentaje de la población sin importar que alternativa determinen como la mejor para allegarle más recursos a la hacienda pública.
Véase como se vea, ninguna de las cinco alternativas arriba anotadas es atractiva ni puede venderse de manera efectiva a la opinión pública. Es más, muchos legisladores priístas no apoyarían una propuesta de reforma fiscal como la que sugiero.
Por ello, el gobierno federal y el PRI serán malditos sin importar cuál estrategia sigan Peña Nieto y su equipo económico para obtener los recursos requeridos.
O sea, malditos si sí optan por un camino y malditos si optan por otro.
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