El gobierno mexicano ha carecido siempre de los recursos necesarios para brindarle al pueblo los servicios de calidad que merece. Por eso, el sistema educativo es mediocre, los servicios de salud son deficientes e incapaces de satisfacer la demanda que existe por ellos, las fiscalías y tribunales son incapaces de procurar e impartir justicia de manera expedita, eficaz y eficiente, las corporaciones policiacas son corruptas e ineptas, los hombres y mujeres que integran la media y baja burocracia están mal pagados y motivados y generalmente laboran en instalaciones mal mantenidas y con equipos obsoletos.
Y, por la misma razón, la infraestructura del país es limitada y su estado de conservación dista de ser óptimo. Las calles de las zonas urbanas están generalmente deterioradas, las carreteras son insuficientes y las más importantes están concesionadas a particulares porque el gobierno no tiene los recursos para construirlas y mantenerlas, la red ferroviaria es pequeña con relación a la superficie del territorio nacional y a la población del país, los 15 069 kilómetros de costas y 3 149 920 kilómetros cuadrados de mar patrimonial están desaprovechados, subexplotados y desprotegidos.
En fin, las carencias nacionales son notorias y el único que no las ve es el que no quiere verlas.
La situación del país se complica más porque la corrupción y la mala administración de la hacienda pública han sido la norma desde el primer día de la independencia.
Y mientras las cosas no cambien será imposible que el actual presidente de la república y sus sucesores puedan cumplir con sus promesas de campaña, las cuales formulan sabiendo muy bien que no podrán hacerlas realidad.
¿Realmente cree el presidente Andrés Manuel López Obrador que “el año próximo vamos a tener un sistema público de salud de primer orden, de los mejores del mundo para la población abierta, es decir, universal, para todos”, como lo aseguró ayer durante su conferencia de prensa?
Según él, el de México será comparable a los mejores sistemas de salud pública del mundo, que él ha dicho que son los de los países escandinavos.
Para cumplir con esta promesa, AMLO y su gobierno necesitan mucho dinero y no lo tienen.
En México el gasto en salud como porcentaje del producto interno bruto (PIB) es de apenas 5.43%, por debajo de 114 países y arriba solo de 29.
En cambio, estos son los porcentajes para cada uno de los cuatro países escandinavos: Suecia 10.87%, Noruega 10.52%, Dinamarca 9.96% y Finlandia 9.15%.
¿De dónde vendrá el dinero para elevar el número de camas por cada 1000 habitantes, que en México es de uno, al 2.6 de Dinamarca, 3.6 de Finlandia, 3.5 de Noruega o 2.1 de Suecia?
Deberá venir de una verdadera reforma fiscal que a los gobernantes de México les ha dado miedo impulsar por el temor a perder popularidad y votos para sus partidos.
Una reforma que en una primera etapa permita aumentar los ingresos fiscales como porcentaje del PIB, que hoy está en 17.9%, uno de los más bajos del mundo, a por lo menos el 31.6% de Brasil, ya no al 42.9% de Finlandia, que es el más bajo de los cuatro países escandinavos.
Andrés Manuel se equivoca tremendamente al creer que con austeridad republicana o pobreza franciscana se pueden tener servicios públicos de calidad.
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