Desde antes de ser el candidato del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump no escondía la admiración que sentía y probablemente aún siente por el presidente ruso, Vladimir Putin.
A través de su cuenta de Tweeter @realDonaldTrump, el magnate neoyorquino se refirió muchas veces al gobernante del país que es el enemigo número uno de Estados Unidos, calificándolo como una gran líder, un líder fuerte, un hombre querido por su pueblo, un mejor gobernante que Barack Obama.
En un foro de seguridad realizado en septiembre pasado, al referirse a Putin, dijo que “si él dice grandes cosas de mí, yo voy a decir grandes cosas de él”. Es decir que, si el líder espiritual de Irán o el tirano norcoreano o Hitler se expresaran favorablemente de Trump, él haría los mismo al referirse sobre ellos.
La admiración de Trump llega a niveles realmente bizarros. Al pedírsele su opinión sobre opositores y periodistas que supuestamente han sido asesinado por órdenes de Putin, crímenes denunciados por diversas organizaciones defensoras de los derechos humanos, el gringo respondió: “No he visto evidencia alguna de que él haya matado a alguien”.
Durante su campaña por la presidencia, Trump festejó que hackers rusos estuvieran filtrando al sitio WikiLeaks correos electrónicos obtenidos de computadoras propiedad de integrantes del equipo de su rival demócrata, Hillary Clinton. Por ejemplo, el 26 de julio del año pasado, durante uno de sus mítines, dijo lo siguiente: “Rusia, si estás ecuchando, espero que encuentres los 30,000 e-mails [de Clinton]. Creo que serás muy bien recompensado por la prensa. A ver si sucede. Sería bueno.”. En otro evento dijo: “¡Adoro a WikiLeaks!”.
El enamoramiento de Trump con Putin, Rusia y WikiLeaks también se hizo evidente cuando Trump celebró varias veces el hecho de que el recién despedido director del FBI, James Comey, asegurara que Clinton fue “muy negligente” al usar un servidor inseguro para enviar y recibir correos electrónicos durante su gestión como Secretaria de Estado.
Por todo lo anterior es increíble que Trump despidiera el martes a Comey argumentando que nunca debería haber hecho pública la investigación de los e-mails de Hillary, algo que como candidato festejó públicamente.
Es altamente probable que Comey fue cesado con el fin de detener, desviar o entorpecer la investigación que realiza el FBI sobre las relaciones que Trump y sus principales colaboradores han tenido con Putin y el gobierno ruso. También es válido suponer que el estadounidense le debe su actual chamba al ruso.
De comprobarse lo anterior, el escándalo de Watergate que acabó con la presidencia de Richard Nixon en 1974 parecerá ser una mera travesura.
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