El pasado martes cumplió 500 días en su cargo el presidente Andrés Manuel López Obrador. Si tomamos en cuenta que fue electo para gobernar durante un periodo de 2130 días, que empezó el 1 de diciembre de 2018 y concluirá el 30 de septiembre de 2024, al día de hoy ya transcurrió casi la cuarta parte de su sexenio, el 23.5% para ser precisos.
A menos de un mes del 16 de mayo, cuando el gobierno de la 4T llegará al 25% de su periodo constitucional, la administración lopezobradorista enfrenta una crisis económica como no se había visto desde 1932, cuando el producto interno bruto del país cayó 14.83% como consecuencia de la Gran Depresión de 1929.
Y el gobierno de AMLO no solo enfrenta una crisis económica, sino una sanitaria, seguramente la peor desde 1918, cuando entre ese año y 1920 la Influenza Española mató a 300 000 personas.
Cada crisis tiene orígenes nacionales y extranjeros y la mayoría de los mexicanos resultaremos afectados, unos más gravemente que otros.
Lo que es indudable es que la gravedad de ambas crisis pudo haber sido mucho menor si Andrés Manuel hubiera actuado de otra manera desde que asumió el poder, y si no hubiera cometido una serie de errores que ahora casi todos pagaremos muy caro, especialmente los pobres, a quienes supuestamente más quería ayudar.
Las malas decisiones en lo económico abundan y han sido ampliamente comentadas en éste y muchos otros espacios. Desde la absurda cancelación, justificada por una consulta popular amañada, de lo que hubiera sido el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, hasta la cancelación de una planta cervecera en Mexicali, también justificada por una consulta que distó de ser popular porque únicamente el 3.8% de los mexicalenses mayores de 18 años votó en contra de la obra.
Y antes de eso, sus decisiones de construir una refinería que no se necesita en su estado natal, de erigir un aeropuerto innecesario en Santa Lucía, de dejar fuera del sector energético a los inversionistas privados, de basar el desarrollo del país en el petróleo y no en industrias del siglo 21, de no cancelar obras que para los momentos actuales resultan tan faraónicas o de echar mano de los ahorros gubernamentales para financiar sus controvertidos programas sociales.
Por si lo anterior no fuera suficiente, en aras del ahorro, el gobierno de la 4T gastó en 2019 el 31% del presupuesto aprobado para el sector salud para ese año y todavía en enero pasado solo gastó el 58% de lo que gastó en enero de 2019.
Es innegable que AMLO heredó un país muy desordenado y corrupto. Pero también es un hecho que durante sus 500 días en el cargo, la situación económica y sanitaria del país se ha deteriorado como nadie pensó que ocurriría.
El presidente insiste en que vamos bien, que pasada la crisis sanitaria, la economía crecerá y que se generarán dos millones de empleos.
Eso no se lo creen ni sus más cercanos colaboradores y cómplices, que no se atreven a decírselo en su cara.
El emperador camina desnudo…
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