El 22 de julio pasado, en Puerto Vallarta, el reportero Miguel Arzate le preguntó al presidente Andrés Manuel López Obrador, durante su conferencia de prensa que ese día ofreció en esa ciudad, lo siguiente: “Ayer nos adelantaba que, en estas consultas sobre el tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, va a participar Jesús Seade (…) ¿cuál será la estrategia que tendrá Jesús Seade en estas consultas?”.
La respuesta de AMLO, como tantas que acostumbra a dar, fue extensa, de 1247 palabras que pronunció en casi 19 minutos y medio. Y también, como suele ocurrir con frecuencia, no respondió la pregunta que se le hizo.
Empezó diciendo que “no hay ninguna violación al tratado, que le quede la tranquilidad al pueblo de México que no estamos incumpliendo ningún compromiso”. Luego habló de muchas cosas, pero de Seade se refirió solo dos veces vez al decir que “Cuando Jesús Seade me informa de que hay esta propuesta [del T-MEC], le pido que venga a México y se analiza el capítulo que ya habían aceptado las autoridades mexicanas en ese entonces…”. Luego explicó que se opuso a lo que para él era entregar la soberanía de la nación sobre sus recursos y la manera en que finalmente quedó redactado el T-MEC para protegerlo de un “un legado de traición a México, que ya habían negociado” los representantes de Enrique Peña Nieto. Concluyó diciendo que “Ayer le pedí yo a Jesús que lo diera a conocer, a ver si hoy se puede, de cómo estaba esto que quedó así”.
Casi al finalizar su respuesta dijo: “Yo voy a aprovechar a informar el día 16 de septiembre, el día de nuestra independencia, sobre este asunto. No vamos a informar antes, ese día (…) vamos a llevar a cabo el desfile militar conmemorativo y ahí vamos a fijar nuestra postura sobre este asunto. Pero no vamos a ceder, porque es un asunto de principios, tiene que ver con nuestra soberanía”.
Curiosamente, Andrés Manuel cambió de opinión y ayer dijo en su conferencia de prensa que “… no voy a referirme el 16 a ese tema, voy a hablar sobre la paz en el mundo y sí voy a hablar sobre la postura de México sobre la guerra de Rusia y Ucrania, y voy a presentar una propuesta a Naciones Unidas para conseguir la paz”. Aparentemente una carta que le envió el presidente estadounidense Joe Biden influyó en su decisión.
Al referirse a dicha carta explicó que “hay un tono distinto, una actitud de respeto; mejor dicho, es la reafirmación del respeto a nuestra soberanía. Y lo que sucedió con lo de la consulta, el tono, el modito, diría el presidente Cárdenas, pues no fue el más diplomático ni lo que merecemos. Entonces, se entendió de que no es por ahí, de que tenemos que hacer un esfuerzo todos para mantener buenas relaciones. Y hay disposición del presidente Biden, les explicaba, les di a conocer un pedazo de la carta. Y nosotros también estimamos la actitud respetuosa del presidente Biden y por eso pues no tiene caso seguir alentando diferencias”.
¿Para entender mejor su cambio de actitud, no sería conveniente que el presidente hiciera pública toda la carta de Biden y no solo una parte de la misma? Porque, francamente hablando, su giro de 180 grados resulta inexplicable y no puede deberse solo a que Biden utilizó un tono o un “modito” que le agradó, muy diplomático como el que él merece.
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