Dos millones de los inmigrantes y refugiados en EEUU poseen una educación superior. Sin embargo, enfrentan significativas dificultades para integrarse al mercado laboral y aquellos de origen negro y latino enfrentan barreras específicas.
Un informe recientemente difundido señala que representan un vasto potencial, hasta ahora desaprovechado, que podría ser crucial para atender la escasez de mano de obra en ese país.
El informe presenta los resultados de un estudio llevado a cabo por Upwardly Global (www.upwardlyglobal.org), una organización sin fines de lucro fundada en 2000 que ayuda a profesionales inmigrantes, refugiados y asilados a reconstruir sus carreras en EEUU.
Bajo el título “Unlocking potential: enhancing community college services for immigrant and refugee students” (Desbloqueando el potencial: mejorando los servicios de las universidades comunitarias para estudiantes inmigrantes y refugiados), el informe muestra que, en las próximas dos décadas, la población en edad laboral en EEUU crecerá en gran medida gracias a estos grupos y sus descendientes. No obstante, más de dos millones de ellos se encuentran desempleados o subempleados actualmente. Estos datos son aún más impactantes si consideramos que el país tiene 8.8 millones de ofertas de trabajo y solo 6.4 millones de personas en búsqueda activa de empleo.
Upwardly Global resalta la magnitud del desafío, indicando que solo en el sector de salud se prevé una demanda de más de tres millones de trabajadores para 2026.
El informe afirma que las universidades comunitarias surgen como una posible solución, proponiéndose como plataformas de capacitación y educación que respondan a las demandas del mercado laboral estadounidense. Muchos inmigrantes, incluso aquellos con títulos universitarios obtenidos en sus países natales, enfrentan el desafío de trasladar esos conocimientos y habilidades al contexto estadounidense.
Un tercio de los estudiantes en universidades comunitarias son inmigrantes. Sin embargo, estas no cuentan con los recursos adecuados para brindarles un apoyo integral. De hecho, solo el 10% de ellas están preparadas para guiarlos en el proceso de reacreditación de sus estudios y en el reingreso a sus respectivas profesiones.
Para mitigar estas deficiencias, el informe sugiere fortalecer las colaboraciones entre universidades comunitarias, agencias laborales y organizaciones comunitarias. La inversión en recursos y formación, adaptados a las particularidades de los inmigrantes es esencial. Esta no es solamente una cuestión de equidad, sino también una necesidad económica. Al apoyar a los inmigrantes, no solo se les beneficia a ellos, sino que se le aporta vitalidad económica al país, sumando decenas de millones de dólares anualmente.
Para concluir, EE.UU. tiene la opción de continuar desestimando el inmenso potencial que representan los inmigrantes o de capitalizar esta oportunidad invirtiendo en su educación y formación.
La noche del pasado 15 de septiembre, el presidente Andrés Manuel López Obrador exclamó “¡Vivan los migrantes!”. Pero gritar es fácil, lo importante es que su gobierno apoye a los miles de mexicanos con formación profesional que emigraron a EEUU para que ganen más dinero y, de paso, envíen más dólares a nuestro país.
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