La economía nacional sigue enfrentando serios problemas, de acuerdo con diversos datos difundidos recientemente.
El aumento de precios continúa implacable pese a los cuatro incrementos de la Tasa de Interés Interbancaria a un día, decretados por el Banco de México desde el 25 de junio, que la llevaron del 4.0% al 5%.
La inflación, que erosiona el poder adquisitivo de los mexicanos, fue de 4% en el primer trimestre del año, de 6.0% en el segundo y de 5.8% en el tercero; para el cuarto, el Banco de México revisó su estimado hace algunos días, de 5.7% a 6.8%.
Para 2021, el mismo banco central estima que la inflación general llegará a 6.24% mientras que la subyacente será de 5.5%, ambas muy altas.
Sin embargo, son muy pocos los expertos que creen que se quede en 6.24%. Para la mayoría de ellos, la inflación anual llegará a 7.0% o poco más, lo que será la tasa inflacionaria más alta desde 2000, cuando el neoliberal Ernesto Zedillo era el presidente de México.
Por todo lo anterior, la mayoría de la población encuentra cada vez más difícil adquirir los productos y servicios que necesita para vivir o sobrevivir.
Otro dato que debe preocuparnos es el de la lenta recuperación de la economía después del azotón que sufrió el año pasado, cuando el PIB cayó 8.31%, después de haber decrecido 0.18% durante el primer año del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Hace algunas semanas el Banco de México estimaba que el PIB aumentaría 6.2% este año, pero hace una semana proyectó que el crecimiento será ahora de 5.4%. También la Organización para la Cooperación y el Crecimiento Económicos (OCDE) redujo su estimado, del 6.3% al 5.9%. Ambos estimados se redujeron luego de que el INEGI anunciara que el PIB cayó 0.4% en el tercer trimestre respecto a los tres meses anteriores.
La desaceleración de la economía significa que este año se generaron menos oportunidades de empleo e inversión en el país, lo que también golpeó fuerte a la mayor parte de la población.
El que el PIB no esté creciendo como todos quisiéramos, se explica en parte por el hecho de que la inversión extranjera directa (IED) no está llegando al país como sería deseable.
Hasta septiembre pasado, la IED sumaba 24 831.7 millones de dólares. Si comparamos esta cifra con la que se registró para los primeros nueve meses de los tres años previos, tenemos que fue 1.9% menor respecto a 2020, 17% menor respecto a 2019 y 7.9% menor respecto a 2018.
En 2019, el primer año del actual gobierno y pese a la cancelación de la construcción del que iba a ser el aeropuerto internacional de la CDMX, la IED sumó 34 268.6 millones de dólares, 0.95% más que la que se registró en 2018, el último año del gobierno de Peña Nieto. En 2020, por la pandemia y sus efectos sobre la economía mundial, se desplomó 19.4%, a 27 634.9 millones. Y, como va este año, es difícil que se supere el monto que llegó el año pasado.
En este espacio podría comentar sobre otros indicadores que permiten deducir que no vienen mejores tiempos para la economía. El tipo de cambio, por ejemplo.
Frente a este panorama sorprende que AMLO raramente se refiera a estos temas y que, cuando lo haga, les reste importancia e insista en que “vamos bien” cuando en realidad no vamos nada bien.
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