El miércoles, al concluir su conferencia de prensa matutina, el presidente Andrés Manuel López Obrador, insistió por enésima ocasión sobre lo que opina acerca del indicador conocido como producto interno bruto o PIB.
Ahora dijo que “…hay que buscar nuevos conceptos. En vez de crecimiento, hablar de desarrollo; en vez de producto interno bruto, hablar de bienestar; en vez de lo material, pensar en lo espiritual. Hay que cambiar ya con todo eso y no creer tanto en esas cosas”.
En lo que a este asunto se refiere, AMLO tiene y no tiene razón.
La tiene porque el PIB no es una medición del bienestar de una sociedad o del desarrollo individual de cada uno de sus miembros.
A este asunto me referí en mi columna del 14 de junio de 2012: “…el economista ruso-estadounidense Simon Kuznets (1901-1985), Premio Nobel de Economía en 1971 e inventor del PIB, siempre criticó que se tratara de medir el bienestar exclusivamente sobre la base del ingreso per cápita derivado del PIB. Al comparecer ante el congreso estadounidense en 1934, aseguró que ‘es muy difícil deducir el bienestar de una nación a partir de su renta nacional (per cápita)’. Pese a sus advertencias, economistas y políticos siguieron equiparando prosperidad y crecimiento del PIB per cápita. En 1962, otra vez ante el congreso de EEUU, Kuznets insistió en que ‘hay que tener en cuenta las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento, entre sus costes y sus beneficios y entre el plazo corto y el largo. (…) Los objetivos de ‘más’ crecimiento deberían especificar de qué y para qué’”.
Concluí así mi columna hace ya casi ocho años: “Los habitantes de México y el resto del mundo no podemos seguir siendo engañados por los políticos y economistas que desde hace décadas decidieron utilizar el PIB como medición de nuestro bienestar pese a que su mismo inventor condenó ese uso”.
Ahora bien, Andrés Manuel no tiene razón al decir que hay que dejar de hablar del PIB porque, tal como lo explica el Banco de México en su sitio educa.banxico.org.mx: “A todos nos interesa saber si nuestro país está creciendo o no, es decir, si se produjo más o menos que el año anterior (…) Así, por ejemplo, escucharás que se espera un crecimiento del 3% en el PIB para el próximo año, lo que significa que habrá más inversión en edificios, casas o maquinaria y que se producirán más bienes y servicios. Esto es beneficioso para todos porque habrá más empleo y más oportunidades para hacer negocios (…) Por el contrario, si la tasa del PIB es negativa durante un periodo determinado, la producción y actividad económica del país no aumentará y estará en recesión. En estas condiciones, es probable que haya más desempleo y que esto afecte seriamente a muchas familias”.
Estoy de acuerdo con el presidente en que es necesario hablar de desarrollo y bienestar, pero en dicha conversación no puede ignorarse el PIB por las razones que señala nuestro banco central.
Tal vez sea hora de que el INEGI diseñe y genere un índice que mida el desarrollo, el bienestar y la felicidad de los mexicanos. Diversas organizaciones internacionales y gobiernos nacionales han desarrollado diversos métodos para medirlos. Después de todo, la felicidad de la población debe ser el objetivo que debe tratar de alcanzar todo gobierno.
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