Si bien en la mayoría de las cada vez más desprestigias y poco creíbles encuestas de opinión pública que se difunden a través de diversos medios, sobre todo los impresos, Andrés Manuel López Obrador aparece en el primer lugar de las preferencias de los probables votantes, el dueño de Morena sabe muy bien que para ganar la elección presidencial del 1 de julio entrante necesita tener un aparato electoral que le ayude a convertir en votos reales la simpatía que hacia él tienen millones de mexicanos.
En México y el resto de los países en donde gobernantes, legisladores y hasta jueces se eligen por medio del voto popular, los candidatos con mayores posibilidades de ganar una elección son aquellos que, además de convencer a una mayoría de los votantes a que voten por ellos utilizando todas las armas de la mercadotecnia política moderna, son capaces de construir una gran organización que durante la campaña promueva su causa y el día de la elección trabaja para que los ciudadanos se presenten a votar en su favor.
Vistas así las cosas, es indudable que el virtual candidato presidencial por Morena carece de dicho aparato, a pesar de que sus mensajes populistas y demagógicos atraen y convencen a millones de personas que están hartas del sistema político, o que son poco reflexivas o muy ignorantes. Recordemos que el gran periodista estadounidense H.L. Mencken definió a un demagogo como alguien que “predica doctrinas que sabe que son falsas a personas que sabe que son idiotas”.
En 2006 y 2012 AMLO fue candidato por un PRD que era bastante más fuerte que lo que hoy es Morena.
En 2006 trabajaron en favor de su candidatura los gobernadores perredistas de Baja California Sur, Chiapas, Distrito Federal, Guerrero, Michoacán y Zacatecas y ganó la elección en cada uno de ellos.
En 2012 apoyaron su campaña los gobernadores perredistas de Chiapas, Distrito Federal, Guerrero, Michoacán, Oaxaca y ganó solo en tres de esas entidades: Distrito Federal, Guerrero y Oaxaca.
En 2017 el Peje no tendrá un solo gobernador que trabaje en su favor en vista de que el PRI controla 14 gubernaturas, el PAN 12, el PRD cuatro y el PVEM una. Tampoco contará con el apoyo de la mayoría de los presidentes municipales en vista de que 850 de ellos son del PRI, 473 del PAN, 286 del PRD, 94 del PVEM. Operarán a su favor apenas cinco presidentes municipales y cinco jefes delegacionales de la Ciudad de México.
Los gobernantes de las 31 capitales de los estados tampoco se volcarán a favor de AMLO ya que 13 son controladas por el PRI, 13 por el PAN, dos por el PRD, una por el MC, otra por el PSD y una más por un independiente.
Morena controla pocas maquinarias políticas del país y esa es la gran debilidad de López Obrador que podría costarle, por tercera vez, una elección presidencial.
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