El martes, en Filadelfia, se dio el primer debate presidencial entre la vicepresidenta Kamala Harris y el expresidente Donald Trump. Más que un intercambio de ideas y propuestas fue un espectáculo digno de Las Vegas, con acusaciones, interrupciones y momentos de tensión que dejaron en evidencia la profunda división que existe en la política estadounidense.
Harris, intentando distanciarse de Biden sin lograrlo del todo, se presentó como la candidata del futuro y la unidad. Prometió defender el derecho al aborto y una economía de oportunidades. Sin embargo, sus cambios de posición en temas como el fracking y la inmigración la dejaron expuesta a los ataques de Trump. La vicepresidenta se esforzó por mantener la compostura, pero en ocasiones cayó en la trampa de responder a las provocaciones de su oponente en lugar de enfocarse en su mensaje.
Por su parte, Trump, fiel a su estilo, no dejó pasar oportunidad para atacar. Acusó a Harris de ser una marxista y querer destruir al país. Sus afirmaciones sobre perros y gatos siendo comidos por inmigrantes en Ohio rayaron en lo absurdo. De nuevo se negó a reconocer su derrota en 2020, lo cual augura problemas si pierde nuevamente.
En política exterior, las diferencias fueron abismales. Harris defendió el apoyo a Ucrania como vital para los intereses estadounidenses. Trump insistió en que podría resolver el conflicto en 24 horas, sin explicar cómo, mostrando que para él la diplomacia es un negocio personal más que una cuestión de Estado.
Sobre el tema migratorio, Trump prometió deportaciones masivas utilizando incluso al ejército. Harris lo acusó de preferir usar el tema como arma política en lugar de buscar soluciones. Ninguno de los candidatos ofreció propuestas realistas para abordar la crisis migratoria.
El debate mostró a dos candidatos con visiones diametralmente opuestas para el futuro de Estados Unidos. Harris ofrece mantener el rumbo actual con algunos ajustes. Trump promete un giro de 180 grados. Lo preocupante es que ninguno de los dos parece tener respuestas convincentes a los problemas que aquejan a los estadounidenses.
Un sondeo post debate realizado por CNN favorece ligeramente a Harris, con un 63% de los espectadores diciendo que ganó el debate frente a un 37% para Trump. Sin embargo, en temas económicos, Trump mantiene una ventaja, con un 55% confiando más en él para manejar la economía frente a un 35% para Harris.
Como mexicanos, nos toca ser espectadores de este circo electoral, pero lo que suceda en EEUU tendrá repercusiones directas en nuestro país. La relación bilateral, los temas migratorios y comerciales, e incluso la seguridad nacional, dependerán en gran medida de quién gane la elección presidencial de noviembre entrante.
Al final, los estadounidenses tendrán que decidir entre seguir con las políticas actuales o dar un salto al vacío con Trump. Y nosotros, como vecinos, debemos estar preparados para cualquier escenario.
EEUU necesita liderazgo, visión y la capacidad de unir a una nación profundamente dividida. Solo el tiempo dirá si alguno de estos candidatos estuvo a la altura del desafío. Mientras, el mundo observa este espectáculo político que podría determinar el rumbo de la potencia mundial en los próximos años.
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