En Estados Unidos se celebra hoy el aniversario número 241 del día en que el Congreso Continental, reunido en Filadelfia, Pensilvania, aprobó la Declaración de Independencia por medio de la cual las 13 colonias inglesas se proclamaron independientes del Imperio Británico y se unieron para formar una nueva nación.
Y hoy, como lo han hecho muchas veces desde 1776, los estadounidenses festejarán el día sumamente divididos. Y no es que la división les sea ajena, la historia muestra que a lo largo de su existencia Estados Unidos ha distado mucho de ser un país muy unido.
Durante la pasada temporada electoral que culminó con la elección de Donald Trump afloraron muchas de las cosas que separan a los estadounidenses. El multimillonario neoyorquino se ha encargado de exacerbar muchas de las diferencias ideológicas, raciales, religiosas, sexuales, sociales y económicas que existen entre los que hoy son sus gobernados.
Como el misógino y racista que es, Trump es responsable de agravar los conflictos que de por sí existían entre los diversos grupos que representan la diversidad sexual y los distintos grupos étnicos que conforman la sociedad estadounidense.
Como el conservador que se proclamó ser después de décadas de ostentarse como un liberal, Trump se ha encargado de llevar al límite las diferencias que separan a los conservadores de los liberales. Y no solo eso, también ha contribuido a ahondar las divisiones que existen entre los mismos republicanos y demócratas. El desorden que ha ocasionado el inexperto político impide que hasta los legisladores de su propio partido se pongan de acuerdo para aprobar diversas iniciativas de ley, como actualmente sucede en el Senado, en donde la mayoría republicana no puede siquiera sumar los votos necesarios para aprobar un nuevo plan nacional de salud.
Como el populista que es, Trump les ha declarado una guerra a los medios de comunicación, calificándolos como los enemigos del pueblo estadounidense y manifestando en más de una ocasión que deberían limitarse los derechos que otorga la Primera Enmienda de la Constitución, la cual en parte dice: “El Congreso no podrá hacer ninguna ley… limitando la libertad de expresión, ni de prensa…”. La guerra contra los medios ha llegado a niveles francamente grotescos durante los últimos días en que, a través de su cuenta de Twitter, el presidente ha insultado a varios periodistas y difundido un video en donde se le ve golpeando a un avatar que representa a la cadena CNN.
Pese a lo que ocurre hoy en Estados Unidos, estoy convencido que el país sobrevivirá a Trump y continuará progresando a pesar de sus divisiones. Ni su Guerra Civil ni otros presidentes tan malos o peores que el actual pudieron acabar con el país que también puede presumir a Lincoln, Jefferson, Washington y Roosevelt, entre otros.
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