Desde que el presidente Enrique Peña Nieto presentó su dizque Reforma Fiscal, el 8 de septiembre de 2013, pronostiqué que la misma afectaría gravemente a la economía nacional en caso de ser aprobada por la Cámara de Diputados.
La propuesta original tenía un solo fin, recaudar dinero para el voraz gobierno federal. La propuesta finalmente aprobada resultó ser menos confiscatoria pero de cualquier manera golpeó al sector productivo que genera los empleos formales y a los mexicanos de la clase media que constituyen el grueso de los consumidores de bienes y servicios.
Tanto Peña Nieto como sus expertos hacendarios encabezados por Luis Videgaray decidieron que el gobierno sabe como gastar mejor el dinero de los mexicanos que los mexicanos mismos. Por eso decidieron quitárselo mediante un aumento a diversos impuestos, tarifas y servicios y la eliminación de un sinnúmero de deducciones, golpeando así a empresas y personas.
Si hace casi dos años dije que la Reforma Fiscal tendría consecuencias negativas, jamás imaginé que otros factores contribuirían a golpear aún más duro a la economía nacional. Desde entonces a la fecha se han venido desplomando los precios del petróleo, gas y de la mayoría de las materias primas (commodities), se ha caído la producción de PEMEX, se ha ido devaluando el peso frente al dólar, la economía de Estados Unidos no ha despegado como se esperaba, la economía china se ha desacelerado, la japonesa entró en recesión, la europea apenas empieza a salir de su crisis y los otrora impresionantes BRICs están abatidos (en el sentido correcto de la palabra).
O sea, a la economía del país y a los mexicanos nos han venido a golpear los afanes recaudatorio-confiscatorios del gobierno de Peña Nieto, avalados por los diputados del PRI, PRD, PVEM y PANAL, y una situación económica global sumamente adversa.
Si 2015 ha sido difícil 2016 lo será aún más. Para la mayoría de os expertos en la materia, los precios de los energéticos seguirán desplomándose, tal vez hasta entrado 2017; igual ocurrirá con muchas materias primas que México exportará a cada vez a menores precios y en menos volúmenes; el inminente aumento de las tasas de interés en Estados Unidos golpeará aún más a nuestra moneda, causará un aumento en las tasas de interés en México y encarecerá el crédito para empresas y consumidores. Todos se traducirá en menores niveles de bienestar para millones de mexicanos.
Al gobierno de Peña Nieto no le queda de otra que reducir el gasto y endeudarse aún más a menos de que se atreva a realizar, ahora sí, una audaz reforma fiscal que adopte el IVA generalizado y reduzca tanto el número de impuestos que pagamos particulares y empresas así como el monto del ISR. Algunos expertos fiscalistas han mencionado un IVA del 20% (con algunas tasas menores para ciertos productos de consumo popular), un ISR del 20% sin deducción alguna y la eliminación de todos los demás impuestos que a lo largo de los años han inventado los genios de la Secretaría de Hacienda.
Algo debe hacer Enrique Peña Nieto para que 2016 no pase a la historia como otro mal año de su gobierno y uno catastrófico para la mayoría de los mexicanos.
Porque, quieran o no aceptarlo públicamente el presidente y su equipo económico, el país va de mal en peor y eso no le conviene ni le gusta a nadie que desea vivir en un país en paz.
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