Las dos virtuales candidatas a la presidencia de la República deben comprometerse a preservar y fortalecer la frágil democracia mexicana. Es más, deben jurar que ni ellas ni nadie ni nada estarán por encima de la Constitución, como ha ocurrido durante gran parte de la historia de nuestro país.
Lo anterior es muy importante porque, si bien México ha hecho progresos considerables en su transición democrática, sigue enfrentando desafíos críticos para la salud y estabilidad de su sistema democrático.
Las palabras y acciones del presidente Andrés Manuel López Obrador indican que aparentemente está empeñado en instaurar un sistema similar al priista en el que inició su exitosa carrera política.
Sus maniobras contra el poder judicial federal, el Instituto Nacional Electoral (INE), el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) y los demás organismos constitucionales autónomos pueden interpretarse como pasos hacia la recentralización del poder en manos del presidente de la República. Sus intentos legislativos buscan limitar la capacidad de la SCJN para ser el árbitro que dirima conflictos entre los poderes de la unión y controversias constitucionales, eliminar al INAI y así evitar que el gobierno rinda cuentas claras, y mermar la capacidad del INE de realizar elecciones libres y justas
Aunado a lo anterior, su insistencia en violar las leyes electorales, negar la legitimidad de sus oponentes políticos y menospreciar a los medios de comunicación y periodistas permiten suponer que desea imponer un presidencialismo populista y autoritario y restaurar un estado de partido único, que sería Morena.
La historia enseña que un país puede celebrar elecciones democráticas y tener instituciones democráticas en su lugar, pero aun así enfrentar obstáculos significativos para lograr una gobernabilidad democrática totalmente estable y efectiva. Las tasas de éxito de los países que transitan de sistemas autoritarios, como el que rigió en México de 1929 a 2000, a democracias varían ampliamente, dependiendo de factores económicos, culturas políticas, influencias internacionales y contextos históricos.
Los que transitan exitosamente a menudo tienen una combinación de sociedad civil fuerte, estabilidad económica, apoyo externo a instituciones democráticas y líderes comprometidos con principios democráticos. Ejemplos incluyen países en Europa del Este después de la caída de la Unión Soviética, España y Portugal después de las dictaduras de Franco y Salazar, respectivamente, o Chile después de Pinochet.
Algunos experimentan transiciones parciales, donde se forman instituciones democráticas pero son débiles o están comprometidas. Esto puede llevar a regímenes híbridos, donde coexisten elementos de democracia y autoritarismo. Este es el caso de México y muchos otros.
En varios casos, hay países que han revertido al gobierno autoritario después de un movimiento inicial hacia la democracia. Esto puede suceder debido a crisis políticas, dificultades económicas o la consolidación de élites poderosas que se oponen a la democratización completa. Esto ocurrió en Rusia, Polonia, Hungría, Venezuela y Egipto, entre muchos otros.
¿Cuál es el futuro de México?
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