Por fin, el presidente estadounidense Joe Biden ofreció ayer su primera conferencia de prensa. Según algunos analistas, sus asesores habían pospuesto el evento por miedo a que su jefe cometiera una más de sus ya legendarias metidas de pata verbales.
Yo vi la conferencia y observé a un hombre de 78 años que está en pleno uso y control de sus facultades mentales y verbales, y sus respuestas fueron claras y sin rodeos. Cuando no quiso contestar alguna pregunta explicó por qué sin que nadie, aparentemente, lo tomara a mal.
De los varios temas que se aludieron en el evento, tres me llamaron la atención porque influyen sobre la realidad mexicana: la pandemia de COVID-19, la migración de centroamericanos a Estados Unidos vía México, y la relación de EEUU con China.
Para empezar, fijó en 200 millones de dosis su objetivo de vacunas contra el COVID-19, que es dos veces la meta que ofreció alcanzar durante sus primeros 100 días de gobierno. Con un promedio diario de 2.5 millones de dosis aplicadas, no es difícil que lo logre el 30 de abril, lo cual permitirá a EEUU crecer, tal vez hasta un 7% este año, lo que significará un mayor mercado para las exportaciones mexicanas, más dinero disponible en los bolsillos de los paisanos allá y por lo tanto un aumento de las remesas y, muy probablemente, un incremento en el número de turistas a nuestro país.
El tema migratorio fue uno de los que más acaparó la atención de los periodistas.
Biden negó que la llegada de tantos centroamericanos a su país se deba a que él sea un “buen tipo” y aseguró que las autoridades migratorias están aumentando su estructura que “Trump desmanteló” para atender a los migrantes y aceptó que va a tomar tiempo corregir la situación.
Anunció que las instalaciones de Fort Bliss en El Paso (Texas) están adecuándose para recibir pronto a 1000 personas que estarán ahí sin privaciones.
Fue enfático al decir que no permitirá que niños “se mueran de hambre” y “se queden del otro lado” de la frontera, es decir, en México, y que está “deshaciendo la política de separar a los niños de sus madres” que aplicó Trump y que no se disculpa por ello.
Respecto a las relaciones de su país con China, calificó al presidente Xi Jinping como un “tipo inteligente” que “no tiene un hueso democrático en su cuerpo” y que, al igual que Vladimir Putin, cree que los regímenes autoritarios son superiores a los democráticos para resolver los complejos problemas de la actualidad. Dijo que dejó varias cosas claras a Xi en su llamada telefónica de dos horas: que EEUU “no busca la confrontación, aunque sabemos que habrá una competencia muy fuerte”, que “tendremos una fuerte competencia, pero insistiremos en que China cumpla con las reglas internacionales esenciales”, que “EEUU competirá eficazmente contra China invirtiendo en los trabajadores y la ciencia estadounidenses”. Enfatizó que durante su presidencia, China no tomará el lugar de EEUU como el país más rico y poderoso del mundo.
En una parte de su conferencia anunció que espera buscar la reelección en 2025 con Kamala Harris como su compañera de fórmula.
Corea del Norte, Afganistán y los esfuerzos republicanos para privar del voto a las minorías fueron otros temas que se abordaron en el evento.
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