Quienes acostumbramos ver o escuchar la conferencia de prensa matutina que de lunes a viernes ofrece el presidente Andrés Manuel López Obrador atestiguamos ayer un hecho insólito cuando el secretario de la Defensa Nacional, Cresencio Sandoval, explicó con lujo de detalles lo que ocurrió en Culiacán justamente hace dos semanas, el jueves 17 de octubre.
Ese día, soldados y guardias nacionales localizaron y capturaron a Ovidio Guzmán López, un hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, en cumplimiento de una orden de aprehensión con el fin de extraditarlo a Estados Unidos, cuyo gobierno lo acusa, junto con su hermano Joaquín, de conspirar “a sabiendas, intencional y voluntariamente” para importar a y distribuir cocaína, metanfetamina y mariguana en los Estados Unidos de abril de 2008 a abril de 2018.
Como es conocido, la acción militar-policiaca fracasó rotundamente cuando los efectivos militares se vieron obligados a liberar a Ovidio luego de que cientos de sicarios del Cártel de Sinaloa se apoderaron de las principales calles de Culiacán para impedir que los sodados y guardias pudieran efectuar el plan que habían diseñado para capturar sin mayor incidente a uno de los herederos de uno de los criminales más sanguinarios que haya surgido de lasa filas del hampa mexicana.
En primer lugar debo aceptar que me impresionó la mesura y respeto a los derechos humanos que demostraron los militares responsables de detener a Ovidio. Lo que se ve en los videos que ellos mismos grabaron durante el evento los muestra calmados, profesionales y sin recurrir al uso innecesario de la fuerza. A una mujer que se encontraba en el lugar que les gritaba insistentemente le dijeron que no eran delincuentes y nunca le gritaron o faltaron el respeto. El mismo Guzmán López, que se entregó pacíficamente después de que él y sus hombre trataron de repelar a balazos la llegada de los representantes de la ley, fue tratado con respeto y hasta se le permitió que por un celular le pidiera a alguien de sus cómplices que en vista de que lo habían arrestado detuvieran la balacera y se retiraran de lugar. Al parecer, nadie siguió sus instrucciones porque la agresión de los sicarios continuó hasta que lograron su objetivo: la liberación de quien es uno de sus jefes.
También me llamó la atención la manera en que el general Sandoval explicó cómo fueron interceptados por los sicarios los diversos grupos de soldados y guardias nacionales que se dirigían a determinados lugares de Culiacán con el objeto de apoyar la acción que culminó con la efímera captura de Ovidio. No conozco de asuntos militares pero, por lo que dijo el secretario de la Defensa, infiero que los delincuentes ya sabían por dónde iban a pasar los convoyes de soldados y tuvieron tiempo para apostarse en los sitios que les permitió causarles daño e impedir que pudieran lograr su encomienda.
Es indudable que el gobierno de la 4T demostró ayer su compromiso con la transparencia, por lo menos en lo que a este lamentable caso se refiere, porque nunca en la historia del México contemporáneo habíase dado el caso de que la máxima autoridad militar del país explicara pública y detalladamente una acción de armas y menos una que resultó ser un absoluto fracaso.
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