“Podemos disentir, podemos tener profundos desacuerdos, pero en una sociedad democrática los discursos que promueven el odio no pueden tener lugar porque engendran violencia y no hay ninguna posibilidad de que la violencia conviva con la democracia. Es necesario desterrar la violencia y el odio del discurso político y mediático y de nuestra vida en sociedad. Necesitamos aislar, no convalidar y repudiar las palabras descalificadoras, estigmatizantes y ofensivas que solo nos dividen y enfrentan”.
Las anteriores son algunas de las palabras que el presidente de Argentina, Alberto Fernández, pronunció en un discurso televisado poco antes de la medianoche del 1 de septiembre, horas después de que un hombre intentara asesinar a la vicepresidenta y expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Pocas horas antes, en Filadelfia, Pensilvania, el presidente estadounidense Joe Biden pronunció un discurso frente al Independence Hall, la llamada Cuna de la Independencia de EEUU, en donde además de asegurar que Donald Trump y los ultraderechistas que lo siguen son un peligro para la democracia, dijo que su país “rechaza la violencia como herramienta política (…) la lealtad ciega a un solo líder y la voluntad de participar en la violencia política es fatal para la democracia (…) Escuchamos hablar cada vez más sobre la violencia como una herramienta política aceptable en este país. No lo es. Nunca puede ser una herramienta aceptable.”.
Curiosamente, en el discurso que ese mismo día pronunció en Palacio Nacional con motivo de la entrega de su 4º Informe de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador no se refirió una sola vez a la violencia política que en México ha dejado cientos de muertos en los últimos años.
De acuerdo con la consultora Etellekt, en las elecciones de 2018 hubo “774 hechos delictivos contra políticos y candidatos, con un saldo de 152 víctimas mortales (…) 48 eran aspirantes y candidatos a puestos de elección” y del 1 de enero al 31 de marzo de 2019 se registraron “al menos 180 agresiones globales sobre actores políticos y se contabilizaron “24 homicidios dolosos de políticos, de los cuales 5 eran funcionarios electos”.
Integralia Consultores informó que de septiembre de 2020 a abril de 2021 se dieron 169 incidentes de violencia política que dejaron 143 muertos. Entre los asesinados: 28 funcionarios municipales, 10 funcionarios federales y estatales, 26 aspirantes a cargos de elección, 17 exfuncionarios, 3 presidentes municipales, 3 jueces y 4 periodistas.
De septiembre de 2021 a junio de este año, Integralia registró 131 incidentes que dejaron 122 muertos. Entre estos: 27 funcionarios municipales, 20 funcionarios federales y estatales, 15 exfuncionarios, 2 presidentes municipales y 14 periodistas.
Solo en los tres periodos arriba referenciados el número de muertos es de 441, resultado de alguna manera u otra, de los discursos cargados de palabras “descalificadoras, estigmatizantes y ofensivas” con que los principales actores políticos del país, empezando por el propio presidente de la república, buscan desprestigiar a sus adversarios.
Es hora de que Andrés Manuel, al igual que Fernández y Biden, condene la violencia política y los discursos de odio y, además, predique con el ejemplo.
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