La política del coronavirus en México

Las vacunas son antígenos que se inyectan, se toman o se aspiran en el cuerpo para inducir una respuesta en la forma de anticuerpos; es una respuesta inmunológica básica. Estos anticuerpos recién formados están distribuidos en el...

30 de octubre, 2020

Las vacunas son antígenos que se inyectan, se toman o se aspiran en el cuerpo para inducir una respuesta en la forma de anticuerpos; es una respuesta inmunológica básica. Estos anticuerpos recién formados están distribuidos en el torrente circulatorio y su función es inactivar o destruir la toxina o al agente patógeno que trató de invadir el cuerpo del paciente. De esa manera se puede decir que la vacuna previene la infección, ocasionando que los síntomas sean más tolerables, más leves y que se promueva una rápida recuperación del paciente. Las vacunas no curan la infección, por eso deben aplicarse antes del contagio. Existe una vacuna para cada uno de los patógenos que conocemos, algunas funcionan bien, otras no tanto. Las reacciones secundarias son muy específicas porque no todos los pacientes tenemos la misma respuesta.

La fabricación o síntesis de vacunas es un proceso muy laborioso. Se requiere de instalaciones estériles, con equipo muy sofisticado y con personal diestro en cada etapa del desarrollo del antígeno. Además, cada fase está sujeta a estándares de eficiencia y calidad muy rigurosos y cualquier deficiencia o desviación de las especificaciones es causa de rechazo y enormes pérdidas. 

Es importante aclarar esto porque la mayoría de los políticos en todo el mundo han utilizado el tema de las vacunas como si ellos mismos las estuvieran fabricando. Además las han anunciado como la gran solución a los problemas de salud. Otro aspecto que la clase política no tiene muy claro es que el desarrollo, la investigación y la validación de las vacunas es un proceso sumamente minucioso; se requiere de tiempo y buenas prácticas de manufactura. No son como cualquier golosina que puede estar lista para la semana próxima. 

Las vacunas no son un buen negocio, a menos que el volumen requerido sea exorbitante, como lo es el caso del SARS- CoV-2. Actualmente existen cerca de 200-300 laboratorios en todo el mundo tratando de dilucidar vacunas, tratamientos a corto y largo plazo y todo lo relacionado con esta infección viral. Muchos de esos laboratorios son de grandes corporaciones, algunas universidades o institutos de investigación, y otros son laboratorios privados que están arriesgando su capital. En suma, es un gran proyecto para obtener no solo una vacuna sino el tratamiento contra el agente infeccioso. 

Varios laboratorios han reportado sus progresos de la llamada Fase III del proceso, que es la validación del producto con individuos sujetos a diferentes variables como: dosis, tiempos, reacciones primarias y secundarias, etc. Los más mencionados en México han sido los chinos, los rusos y los ingleses de Astra Seneca, y otras tantas que han surgido en los últimos días. Marcelo Ebrard, nuestro secretario de Relaciones Exteriores, al parecer ha firmado cartas de intención con los tres proveedores para adquirir la vacuna. Muy recientemente ha surgido la versión de que la ONU estará involucrada en la adquisición de las mismas. Aún no me repongo de la confusión y la sorpresa. Me pregunto si nuestro canciller estará calificado para realizar esta tarea o si él puede determinar las vacunas más apropiadas para la población mexicana. A la fecha, ninguno de los tres proveedores ha satisfecho todavía los estándares de calidad y eficiencia determinados por la FDA y la OMS. Dichos requisitos son obligatorios para todas las vacunas y deben ser aprobados para obtener su registro y autorización correspondientes. ¿Acaso Ebrard sabe si todos los proveedores van a obtener la validación correspondiente?

Anthony Fauci, Director del National Institute of Allergy and Infectious Diseases estimó ayer que la FDA aprobaría la primer vacuna en enero del 2021 o más tarde.




La confusión sigue imperando en los medios oficiales. Justamente esta semana, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell informó que “ya estaban listos los planes preliminares para la vacunación, pero que no se van a hacer públicos”. Seguramente es algo tan complejo que está fuera de nuestra capacidad intelectual o tal vez sigue con su inefable costumbre de aparecer en público y simplemente llenar los espacios como lo ha hecho los últimos seis meses. El doctor López-Gatell es el arquitecto de la desgracia mexicana que a la fecha nos ha costado 90 309 fallecimientos y 906 863 contagiados, según cifras oficiales (10-29-20). Quienes hemos visto y escuchado sus intervenciones, hemos podido comprobar la verdadera calidad y el descaro de un pseudo profesional de la epidemiologia que debía enfrentar cargos criminales porque supuestamente aprendió y se entrenó en Baltimore en un centro de excelencia en salud pública y posiblemente tenía un entendimiento cabal del panorama que enfrentaría nuestro país. Sin embargo prefirió seguir la directriz de nuestro epidemiólogo número uno y se convirtió en aprendiz de político. 

Suponiendo que la vacuna esté disponible para la población mexicana y que se aplique en forma generosa, el problema es que no existe la seguridad plena de que resulte eficiente. La razón es muy simple: la mayoría de los virus tienen un alto índice de mutación y la vacuna tendría que haber sido diseñada por lo menos para tres mutantes, que son los que se habían identificado hasta el 06-25-20. De otra manera, la vacuna será parcialmente efectiva, lo cual no es lo que se esperaba.1

Hasta ahora, nada se sabe acerca de las especificaciones de los laboratorios proveedores.

Este tipo de pandemias han marcado profundamente la manera de vivir y actuar de los humanos a través de la historia. Aún ahora todavía se recuerdan los cambios económicos, políticos y sociales que causaron las tres pandemias de peste bubónica que aniquilaron a más de 200 millones de personas en diferentes etapas y países. También debemos recordar los 50 millones de víctimas de la llamada Gripe Española entre febrero del 1918 y abril de 1920. Cabe resaltar que esta fiebre fue un antecedente del virus H1N1 que nos invadió en México en marzo del 2009. 

Las bacterias y los virus son enemigos formidables a los cuales solo hemos podido aplacar a través del tiempo, pero que aún nos han estado ganando las batallas. El episodio con este SARS-CoV-2 todavía no termina. 

Lo más asombroso de todo esto es que nadie, ninguna nación estaba preparada contra un ataque tan pertinaz y eficiente. Este virus sirvió como un espejo que de manera implacable e inequívoca nos reveló que nuestra ciencia no alcanza contra este tipo de incidentes, que nuestros recursos materiales se quedaron cortos, que nuestras personalidades aún no estaban preparadas para digerir el aislamiento en que hemos estado sumergidos; ni que tampoco hemos mostrado la madurez para reaccionar en solidaridad. Estamos en plena etapa de caos y desorden, ante una prueba que nadie venia venir. Simplemente nos ha sacudido en lo material y en lo emocional.

Todavía, como si no fuera suficiente, el grueso de la población mundial de una manera u otra ha tenido que escuchar y observar un desagradable espectáculo tragicómico representado por la fauna política que, como siempre, ha tomado la iniciativa para planear y dirigir las estrategias para contrarrestar las miserias de la pandemia. En algunos países, algunos políticos mesurados lo intentaron y que dimitieron al darse cuenta de la complejidad del problema. Mientras que, en otros, incluyéndonos nosotros, la patraña no tiene fin, cada día vamos de mal en peor; escuchamos y vemos estadísticas amañadas, promesas vacías, falsos reportes, comentarios inciertos; todo resumido en un descaro total y una ignorancia servil que no tienen fin.

Me pregunto cuántos muertos más serán necesarios para que la pandemia esté dirigida por un auténtico epidemiólogo que nos guíe acertadamente y con ello incremente el ánimo, la esperanza y el bienestar que merecemos. Necesitamos un liderazgo efectivo, con capacidad y energía, algo muy semejante al año 2009 cuando todos seguimos las instrucciones y pronto salimos del problema. En esa ocasión se demostró una excelente experiencia profesional y una disciplina nunca vista en el pueblo mexicano; simplemente la combinación perfecta para superar el trauma y afianzar la solidaridad que debemos tener con nosotros mismos. Debiéramos intentarlo de nuevo. 

No lo dejemos para después, ¡el momento es ahora !

REFERENCIAS:

  1. Antonio G. Trejo. El CORONAVIRUS VILLANO. Ruiz Healy Times. Junio 25, 2020.

Correo electrónico:  [email protected]

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