Las modas actuales

"No le busques mangas al chaleco", Dicho popular.

14 de agosto, 2017

“No le busques mangas al chaleco”, Dicho popular.

Hace dos o tres años circuló un constante comentario en todos los medios de comunicación, era la moda del día, después el rumor cesó, se atenuó tan sigilosamente como había aparecido. Ahora, nuevamente se está volviendo a escuchar, al parecer con más fuerza, las mujeres hablan de ella como una extraordinaria maravilla que les traerá grandes beneficios; se trata de la placentofagia o acto de ingerir de alguna forma la placenta de la recién nacida.

La mercadotecnia actual está promoviendo una nueva modalidad para que las nuevas madres se recuperen del esfuerzo durante el alumbramiento, para disminuir o evitar la depresión posparto, como suplemento energético, etc., etc. La placenta, dicen los que apoyan la práctica, se puede usar como alimento; inclusive han aparecido algunas recetas para prepararla. Puede ser guisada, mezclada con leche u otros ingredientes en forma de licuado; también puede deshidratarse y molerse finamente para vaciarla en capsulas de gelatina e ingerirla en dosis diarias.

La placenta es un órgano temporal que se empieza a desarrollar en la mujer horas después de que ha sido fecundada por el espermatozoide. Es una bolsa protectora que actúa como filtro y como protección del pequeño. Literalmente, es una bolsa de unos 25 cm. de diámetro, de estructura muy elástica revestida de varias capas membranosas que alcanzan un grosor de 2.5 cm y que le confieren una permeabilidad muy selectiva. La placenta esta adosada a la cara interna del útero y va ajustándose al volumen y tamaño del feto conforme éste va creciendo.

En términos generales, se podría decir que la placenta realiza las siguientes funciones:

  • Provee oxígeno, proteínas, ácidos grasos, carbohidratos, hormonas, etcétera, que el pequeño aprovecha para su sustento.
  • La placenta desarrolla la excreción de los desechos y materiales tóxicos que la criatura produce.
  • Produce y regula las hormonas que retienen al bebé dentro de la cavidad uterina. Estas hormonas son únicas y solo se presentan durante el embarazo, de hecho, es la hormona (gonadotropina coriónica) la que se usa para confirmar la prueba del embarazo.
  • La placenta, siendo un sistema de membranas semipermeables, protegen al pequeño para que no sea atacado por el sistema inmunológico de la madre.

En síntesis, la placenta es un ambiente cerrado que mantiene al bebé aislado y protegido, proporciona y mantiene un ambiente con temperatura controlada y casi estéril, que le permite desarrollarse al bebé sus anchas.1

La placenta ha tenido consideraciones y significados diferentes en las diversas culturas; ésto se ha visto reflejado en el tratamiento que se le ha dado a través de los tiempos en diferentes partes del mundo. Algunas culturas musulmanas han considerado a este órgano como un sitio sagrado donde el pequeño ha vivido los ocho o nueve meses del embarazo. La placenta recién expulsada es entregada al padre y los hombres mayores, en forma de un envoltorio con una delicada tela que ha sido bendecida previamente. Acto seguido, los familiares varones y los líderes religiosos se congregan en un terreno donde previamente se ha cavado un hoyo. La excavación puede ser en un lugar del hospital destinado exclusivamente para este fin o un patio aledaño a la casa de la parturienta. Todos los varones, incluyendo las autoridades religiosas, consagran la excavación y con sumo cuidado y reverencia, depositan el envoltorio en el fondo y lo cubren con tierra. En ocasiones, plantan un árbol en la cercanía o lo plantan encima de la placenta envuelta.

Otras culturas acostumbraron disponer de las placentas en forma diferente, como alimento; inclusive, han surgido varias recetas: desde cocinarlas en formas diversas, secarlas al sol y molerlas, usarlas como medicina o bien comerlas por verdadera necesidad, como en el caso de las hambrunas causadas durante las guerras o los asedios prolongados a las ciudades. En todas formas y circunstancias, los aspectos religiosos han tenido suma importancia y motivación para que la mujer recupere sus fuerzas después del parto y al mismo tiempo conserve su fertilidad. De alguna manera, los motivos pudieran justificarse por las creencias, la influencia de los sacerdotes y la autoridad de los mayores, o lo que es más inmediato, para no morir de hambre.

Los pueblos que acostumbran comer vísceras no verán con ningún asombro la ingesta de la placenta, que es una víscera más, sin embargo, se debe poner especial atención en la manera de procesarla y cocinarla, ya que los riesgos de infección o intoxicación siempre están latentes.

La placenta es un órgano rico en proteínas y grasas que son fácilmente invadidas por microorganismos que pueden causar infecciones severas si no se procesan adecuadamente antes de cocinarlas. Como medida precautoria, se recomienda lavarlas bien para quitarles todos los líquidos y cocinarlas a temperaturas superiores a 190 ⁰ C por lo menos durante 7 – 10 minutos. El mayor riesgo existe cuando la placenta se seca al sol y es molida finamente para rellenar las cápsulas de gelatina. Muchos microorganismos resisten las condiciones de sequía y pueden contaminarse por bacterias que suelen causar infecciones, para la madre y para el recién nacido. Además, la placenta deshidratada aun contiene rastros de hormonas y otras substancias que pueden alterar la fisiología y recuperación de la nueva madre, especialmente si decide amamantar al pequeño ya que éste podría ser susceptible a la reacción de las hormonas que aun quedaron en la placenta deshidratada.

Desde el punto de vista nutricional y emocional, no existen evidencias clínicas que demuestren la recuperación nutritiva, el incremento en el volumen de leche, la recuperación emocional tipificada por la depresión posparto, ni ninguna de las ventajas o bondades que se le han adjudicado a la ingesta de la placenta.

Solo se ha tratado de introducir una moda estéril que un grupo de personalidades ociosas e ignorantes han tratado de introducir al grueso del teleauditorio femenino. Se trata de un engaño de la mercadotecnia que no beneficia en nada a las mujeres, sino por el contrario, las expone a más riesgos que beneficios.

Disfruta a tu pequeño, sigue las recomendaciones de tu pediatra o ginecólogo, ¡no te arriesgues!

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Referencias

  1. Gomez Betancourt R. http://www.maternofetal.net/2placenta.html
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