Las armas químicas en Siria

¿Homo sapiens? ¿No es demasiada pretensión?

24 de abril, 2017

 

¿Homo sapiens? ¿No es demasiada pretensión?

El hombre y su inconmensurable maldad son el complemento ideal para infligir miseria y dolor a sus semejantes, esta dualidad representa un axioma intrínseco que proviene desde los tiempos más remotos. El hombre ha utilizado parte de su gran talento para intuir, diseñar y producir todo tipo de armas, entre ellas las químicas y hacer uso de ellas con resultados devastadores. Griegos, Romanos, Chinos, Mongoles, etc; todos las usaron en una u otra forma. El 25 de abril de 1915 en las planas llanuras de Ypres, el ejército alemán después de observar meticulosamente las direcciones de los vientos dominantes en el campo de batalla, decidió abrir las válvulas de los tanques que contenían cloro comprimido. En unos instantes, el cloro inundó la atmósfera, el denso gas amarillo verdoso invadió las trincheras de los soldados franceses y canadienses que estaban a menos de cincuenta metros de los agresores. La nube viscosa y picante del cloro invadió todos los espacios, hombres y caballos empezaron a sentir los efectos de la asfixia y la sofocación, algunos soldados en su desesperación trataron de hundir sus cabezas en el fértil suelo, pero todo fue inútil, bastaron unos cuantos minutos para que un silencio sepulcral invadiera la escena, cientos de cadáveres en posiciones grotescas cubrieron el húmedo suelo, algunos de los soldados aún tenían trapos o se habían quitado las camisas para cubrirse la cara, pero todos murieron. Los que estaban más alejados y alcanzaron a ver la nube tóxica y la agonía de sus compañeros, corrieron hasta desfallecer y solo pararon cuando la nube asesina había quedado atrás, minutos después, algunos empezaron a perder la vista y sufrir severas irritaciones en el tracto respiratorio. Los menos afectados pronto organizaron las hileras de los soldados ciegos y los condujeron hacia los sitios limpios donde el cloro aún no había llegado.

Los soldados alemanes empezaron a celebrar su victoria, salieron de sus trincheras y triunfantes se dirigieron hacia las de sus enemigos, con sus fusiles listos para repeler cualquier agresión. Para entonces, el gas ya se había disipado y ellos no corrían ningún riesgo. Pronto se percataron de un silencio total, ningún pájaro, ningún animal, solo un lúgubre y sepulcral silencio que envolvió todo el escenario. La luz del atardecer empezaba a disiparse y las exclamaciones de triunfo y victoria se fueron acallando. Los soldados que habían llegado primero a las trincheras enemigas quedaron horrorizados al ver los cuerpos grotescos y desarreglados por la desesperación de la muerte dolorosa e inevitable. Los soldados alemanes regresaron a sus trincheras mudos de horror y espanto después de contemplar los rostros de sus víctimas y el tétrico panorama en el ocaso de la media luz. Ellos habían entendido que el ataque químico era la nueva forma de aniquilar al enemigo y que esta vez ellos habían salido victoriosos, pero que solo era cuestión de probabilidades y que algún día ellos serían los derrotados y sufrirían los mismos horrores. Esa fue la primera ocasión en que un ejército en forma deliberada y con gran cálculo había diseñado y ejecutado una tecnología con la idea de aniquilar a su enemigo. La maldad se había disfrazado de arma química, el hombre triunfador en el combate se había degradado a su mínima expresión.

Otras armas químicas siguieron desarrollándose, cada vez más efectivas y continuaron usándose por ambos bandos, causándose muertes más espantosas. Fue tanto el horror, que ambos bandos decidieron una tregua para cancelar el uso de estas armas, llegando a un acuerdo estipulado en el Protocolo de Ginebra de 1925 donde se comprometían a abandonar el desarrollo, almacenamiento y el uso de dichas armas. Muchas naciones se suscribieron al acuerdo, otras simplemente lo ignoraron; Siria fue una de las naciones que no firmaron el acuerdo.

Es bien sabido que la gran mayoría de los países árabes han usado las armas químicas para resolver sus conflictos, inclusive, existen evidencias de que Irak y Libia tenían sus propias plantas de producción, mientras que otros países como Irán y Siria preferían comprarlas a los mercaderes. Estos países tienen hondas diferencias religiosas, étnicas y culturales y han tratado de imponer su hegemonía entre ellos, tal es el caso de los Kurdos que fueron atacados por los Iraquíes con sarín y gas mostaza en Halabja el 16 de marzo de 1988 donde murieron de 3,200 a 5,000 y entre 7,000 a 10,000 resultaron seriamente afectados por el ataque químico, ante la indiferencia de la comunidad internacional. Otros muchos ataques a minorías tribales han sido plenamente documentados.

En cuanto a Siria, fuentes confiables han reportado que después del ataque a Ghouta en 2013, Bashar al Assad fue obligado a comprometerse para destruir todas sus armas químicas antes de octubre del 2014. Obviamente no cumplió y se sabe que aún posee el siguiente arsenal químico1:




  • Fósforo blanco: agente incendiario, material pegajoso que causa serias quemaduras, de uso militar como cortina de humo o para iluminar objetivos de combate. No se considera como arma química.
  • Cloro: gas amarillo verdoso, denso que se disemina rápidamente a ras del suelo, causa irritación severa de las vías respiratorias, ataca las mucosas y produce ceguera y una asfixia que suele ser mortal.
  • Bencilato de quinuclidinil: también llamado agente BZ, agente incapacitante derivado de la belladona, neurotóxico que altera la percepción visual y otras capacidades sensoriales. Se considera obsoleto porque sus efectos son impredecibles.
  • Clorobencilideno malonitrilo (CS) y 1 Cloroacetofenona (CN): agentes anti-motines, utilizado en el sitio de la Secta Davidiana en Waco Texas, en 1993. Produce trastornos respiratorios, lacrimógeno, irritación de los ojos, agente incapacitante, no letal.
  • Sarín: también llamado GB, agente neurotóxico que inhibe la transmisión del impulso nervioso lo cual provocara una descoordinación de las funciones básicas del individuo, actúa igual que los insecticidas organofosforados, produce convulsiones e induce la muerte por asfixia.

La mañana del martes 4 de abril del 2017 la población de Khan Sheikhun fue bombardeada por aviones de combate del ejército Sirio. Los proyectiles posiblemente contenían agentes químicos del tipo del cloro gaseoso, sarín o un derivado de éste que aniquilaron a 87 personas (20 mujeres, 30 niños y 37 adultos), muchos de ellos, todavía encontrados en sus recámaras.2 Los sobrevivientes, severamente intoxicados, mostraban los síntomas característicos de los agentes neurotóxicos (pupilas contraídas, ojos llorosos, dificultades respiratorias, dolor de cabeza, náuseas, vomito, descoordinación muscular, etc). Las versiones de los médicos de Medicine Sans Frontieres y los servicios de salubridad turcos (analizando muestras obtenidas de las autopsias) concluyeron que los químicos utilizados correspondían al sarín u otro derivado muy semejante al sarín, aunque otros sobrevivientes también reportaron un fuerte olor a cloro.3 

Todos estos sucesos son lo más sobresaliente y notorio que se ha hecho público debido al escándalo que se produce cada vez que sucede una tragedia de esta magnitud, pero la verdad es que todos… sí… todos los países del primer mundo tienen en su arsenal armas químicas y biológicas que están ahí, almacenadas para lo que pudiera ofrecerse. Muchos de los países del primer mundo destinan cifras millonarias en el desarrollo y la producción de armas químicas y biológicas en diversas partes del mundo, tal como ha quedado reportado en artículos anteriores como Los Virus Chinos4 y El Virus del Zika.5  

La política de las armas químicas es uno de los tantos capítulos negros del tráfico y el mercado de armas, es una falacia perversa llena de intereses económicos y el tráfico de influencias y poder político. Un ejemplo de lo anterior es lo sucedido en Iraq después de la muerte de Sadam Hussein, donde el Consejo de Seguridad de la ONU ordeno la destrucción de todas las armas químicas y biológicas y la demolición de los laboratorios y la planta productora de agentes químicos. Justo cuando estaban en el proceso de la demolición, ISIS invadió la planta en el 2014 y hasta ahora no se ha sabido si esta activa.

Es irónico y risible que han pasado 102 años desde Ypres en Bélgica y aún seguimos con estas barbaridades y otras peores como los ataques quirúrgicos, mediante el uso de los drones y la pomposamente llamada Madre de todas las bombas.

Homo sapiens es el nombre científico que describe a nuestra estirpe, quizá el sapiens es demasiado pretencioso y superfluo y debiéramos cambiarlo por algo más realista y más vigente. Se aceptan sugerencias…

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Referencias.

  1. Charles P. Blair; The Chemical Weapons of Syria. Bulletin of the Atomic Scientist. August 26, 2013.
  2. Emma Graham Harrison; Syria Chemical Weapons Attack: what we know about deadly air raid. The Guardian, April 5, 2017.
  3. Heather Steward; Khan Sheikhun, it is highly unlikely that attack was carried out by the Assad regime. The Guardian, April 14, 2017.
  4. Antonio G. Trejo. Los Virus Chinos. Ruiz Healy Times. Marzo 6 del 2017
  5. Antonio G. Trejo. El Virus del Zika, la nueva amenaza. Ruiz Healy Times. Enero 26 del 2017.
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¿Homo sapiens? ¿No es demasiada pretensión?

enero 1, 1970

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