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En pausa

Martes, 08 de Noviembre 2016 - 16:30

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“…Pero la realidad era muy otra. Es cierto que los ahorradores de tiempo iban mejor vestidos que los que vivían cerca del viejo anfiteatro. Ganaban más dinero y podían gastar más. Pero tenían caras desagradables, cansadas o amargadas y ojos antipáticos… Según decían, tenían que aprovechar incluso los ratos libres, con los que tenían que conseguir como fuera y a toda prisa diversión y relajación. Así que ya no podían celebrar fiestas de verdad, ni alegres ni serias. El soñar se consideraba, entre ellas, casi un crimen… El que a uno le gustara su trabajo y lo hiciera con amor no importaba; al contrario, eso sólo entretenía. Lo único importante era que hiciera el máximo trabajo en el mínimo de tiempo… Nadie se daba cuenta de que, al ahorrar tiempo, en realidad ahorraba otra cosa. Nadie quería darse cuenta de que su vida se volvía cada vez más pobre, más monótona y más fría. Los que lo sentían con claridad eran los niños, pues para ellos nadie tenía tiempo. Pero el tiempo es vida y la vida reside en el corazón.” – Momo / Michael Ende pp. 77 a 79. Ediciones Punto de Lectura. 2012.

El tiempo, ese recurso valioso que pretendemos ahorrar volviéndonos multitareas en el campo personal y laboral, en realidad se nos escapa de las manos casi sin darnos cuenta pues nos mantenemos bastante ocupados en nuestras rutinas y hábitos diarios. A veces, revisamos de tanto en tanto el camino andado y es entonces que visualizamos todo lo que hemos hecho o lo que hemos dejado de hacer (según sea la perspectiva) pero también ocurre que el entusiasmo y las ganas de alcanzar sueños nos arrebatan la oportunidad de hacer pausas en la vida y de pronto, han pasado semanas, meses o años casi sin sentirlo.

No es que esté mal trazarnos objetivos a corto, mediano y largo plazo pero sí que es bueno replantearse el camino a seguir de vez en cuando con la finalidad de evaluar los resultados de nuestra ardua labor y asegurarnos que estamos en la dirección correcta así como verificar que los recursos que utilizamos están siendo aprovechados y bien dirigidos.

En ese sentido, he de compartirles que decidí hacer una pausa en el camino después de una serie de compromisos y eventos que coincidieron uno tras otro el mes pasado y lo que va del mes en curso, lo cual me provocó perder la dimensión del tiempo y en consecuencia, sacrificar la colaboración que semana a semana realizo para este espacio desde hace un año y medio, así como detener el resto de las actividades que de pronto han surgido alrededor de la creación de mi blog personal y me tomé unos días de descanso y relajación los cuales sirvieron para trazar nuevas rutas y visualizar los objetivos con miras al año que está por iniciar, así como cerrar el presente al que le quedan unas cuantas semanas y que ha estado lleno de grandes satisfacciones.

Decidí dejar la actividad laboral para ser mamá de tiempo completo y al cabo de dos años y tres meses contrario a lo que pudiera parecer, ¡me falta tiempo! Porque resulta que la administración del hogar, la crianza y las actividades emprendedoras son más, mucho más demandantes que cualquier jefe tirano que exige disposición de tiempo repleto, con horario de entrada pero no de salida y si a eso se le agregan los compromisos que surgen como resultado de la publicación de un libro y la labor promotora del mismo pues se necesitan días de más de 24 horas pero resulta que eso no es posible aunque las noches sean largas o se aprovechen las horas de sueño del bebé o quizá sea posible si se sacrifican algunas otras cosas, lo cual me he resisto a hacer porque hoy mi prioridad es la vida familiar.

Las pausas son necesarias en casi toda actividad: en la música, en una obra de teatro, en un concierto, en un programa de radio, en el paso de una estación a otra en el transporte, etc. porque se trata de una breve interrupción del movimiento, acción o ejercicio (según el Diccionario de la Real Academia Española) necesarios para tomar aliento y seguir adelante pero ocurre que ya nadie nos enseña a hacer pausas sino al contrario, el acelerado ritmo de vida nos exige cada vez más y más y más como si entre más hiciéramos más recibiéramos y no siempre es así pues hablando de finanzas, ya he dicho en este espacio que hoy no hay sueldo que alcance (según perspectiva, claro está) entonces hace falta enfocarnos en otra clase de satisfacciones o replantearnos si lo que hacemos es realmente lo que nos hace felices o lo que nos proporciona el tipo de bienestar que estamos buscando o necesitando y para eso, es necesario detenerse, observar, evaluar y tomar decisiones.

Por lo pronto, seguiré escribiendo semana a semana porque es una de mis principales satisfacciones y seguiré haciendo home office en proyectos específicos pero principalmente, seguiré siendo mamá y gerente de familia (que no es poca cosa) porque es un rol que me viene bien en este momento y porque sé que mi hijo no será siempre pequeño ni necesitará de su mamá todo el tiempo a su lado y para entonces, habrá que ocupar sabiamente las horas que me queden “libres” pero esa, será otra historia.


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Número 23 - Noviembre 2018
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