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Tres reflexiones sobre las campañas

Viernes, 20 de Abril 2018 - 15:30

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Jaime Guerrero Vázquez

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1.- Hablando de reflexiones, en su artículo (Excélsior) de anteayer, Leo Zuckerman señala que Ricardo Anaya le ha sido una decepción. Esperaba que el candidato azul-amarillo saliera a “tambor batiente” en estos 90 días de campaña, pero nada. Se pregunta el columnista si el ataque del gobierno federal y el PRI en su contra lo desequilibró o bien no estaba preparado para ser candidato. Concluye que el debate del próximo domingo es tal vez la última oportunidad para que Anaya logre recobrar la fuerza original. Hasta aquí las conclusiones del articulista. No se puede creer que Zuckerman fue influido o comprado por las fuerzas oscuras tricolores o amlistas. Entonces, su señalamiento parece digno de tomarse en cuenta. Para muchos, Ricardo Anaya era el único capaz de rivalizar con López Obrador, pero no ha sucedido así. Su campaña parece estancada y errática, sus propuestas no suenan y el candidato maravilla está disminuido. Su aliado PRD no parece estarle sirviendo de mucho y Movimiento Ciudadano menos aún.

2.- Muchas de las propuestas de Obrador parecen justas. Las y los ciudadanos/as han padecido más de un cuarto de siglo de crisis, con breves periodos de crecimiento. Mientras, las familias más ricas de México se han enriquecido de manera brutal. Dar a 100 mil jóvenes que ni estudian ni trabajan una ayuda para que se capaciten no es oprobioso, sino justo. Al igual que la ayuda a los estudiantes y a la tercera edad. Bajar los impuestos podría retener inversiones y permitir a las clases medias tener más dinero en los bolsillos. Son propuestas dignas del viejo echeverrista que es AMLO. El problema no son las propuestas; los problemas están en otra parte. En primer lugar, preguntarse de dónde saldrán los recursos para todas las propuestas. Esta es una pregunta machacona que no ha recibido más respuesta que de los ahorros y la honestidad fulgurante que habrá. Por supuesto, esto es campaña, pero la realidad es que no serán suficientes los dineros, así que solamente hay de dos aguas: un recorte brutal a órganos autónomos y seguridad o bien endeudamiento. No hace falta aclarar cuáles serían las consecuencias de uno de estos caminos. Pero hay un problema mayor: el propio López Obrador. Es claro que su comportamiento es similar a los de los viejos gobernantes priistas: autoritarios que se creían infalibles. Sus colaboradores de buena fe hacen maniobras para aclarar una y otra vez que López no dijo lo que dijo (recuerdan a Fox) y que haga lo que haga no es criticable. Creen que podrán compensar, una vez en el poder, los excesos de su jefe. Están equivocados.

3.- Meade, ese buen funcionario y hombre probablemente honesto, sigue siendo sólo el eco de su todavía jefe: Peña Nieto. Si el presidente presume en la mañana del sexto lugar en atracción turística, en la tarde el candidato priista también lo menciona. Si Peña defiende un proyecto cualquiera, él también lo hace. Podrá ser acusado de muchas cosas, pero de deslealtad jamás. Debe entender que defender un sexenio malo sólo lleva a la bancarrota. Probablemente José Antonio Meade sería un mejor presidente que los otros, pero seguimos sin conocerlo, lo que vemos es un eco del hombre de Los Pinos.

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Número 18 - mayo 2018
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