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Tiempo De Mirar Atrás

Viernes, 22 de Diciembre 2017 - 15:00

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Julio Chavezmontes

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La Navidad puede ser vivida al margen de su significado real, si nos dejamos llevar por la mercadotecnia compulsiva en la que se festeja el nacimiento del Oso de la Coca Cola, llegado al mundo a bordo expreso conducido por Tom Hanks.

Se puede tambien ir condescendiendo con la tendencia esterilizadora que utiliza el “lenguaje políticamente correcto”, para distorsionar el vocabulario y torcer los significados.

Es así como “inocentemente” ha cundido la costumbre de felicitar por el “solsticio de invierno” o “por las fiestas”, desplazando al anfitrión del 24/25 de diciembre, para beneficio de las ventas “navideñas” en un ánimo que no es ecuménico sino económico.

La intención es que llegue el día en que se omita toda referencia o reconocimiento a Dios, “para no ofender a los ateos”.

Pero tambien podemos vivir la Navidad como lo que es: La conmemoración agradecida del nacimiento de Jesucristo Nuestro Señor; EL Verbo encarnado, venido al mundo para redimirnos.

Cristo no vino para salvar un número indeterminado de personas a granel; vino para salvar a cada uno de nosotros; dándonos a cada quien, la totalidad de su amor y de su sufrimiento.

El Mensaje de Cristo está lleno de alusiones a la oveja perdida; al hijo pródigo; a la moneda extraviada; al jornalero de la última hora; y su gran esperanza culmina en el Calvario, donde Jesús recoge en Dimas, convertido en el primer santo de su Iglesia, a todos y cada uno de nosotros.

La Navidad es una ocasión inmejorable para tres cosas:

Para dar las gracias; para pedir perdón, y para enmendar el camino.

Yo en lo personal, tengo infinidad de motivos para estar agradecido.

Agradezco estar vivo. Agradezco la salud, la libertad, el amor que recibo a todas horas, las oportunidades que se me dan  para corresponderlo y para compartirlo.

Agradezco la oportunidad que significa vivir, porque me permite darme cuenta de lo afortunado que he sido y sigo siendo.

Hoy recibí la inesperada llamada de un amigo que me ayudó cuando me hizo falta.

Su llamada me hizo recapacitar y reconocer que vivo en deuda; que le debo a él y a otros amigos y también a desconocidos, el apoyo generoso gracias al cual, he podido andar por este  ya largo camino.

Para mí, tambien es tiempo de pedir perdón, por no haber correspondido con gratitud puntual algunos de esos apoyos.

Cada vez encuentro más significado e importancia a las palabras de Jesucristo cuando dijo:

“Estuve desnudo y me vestiste; estuve enfermo y me visitaste; tuve sed y me diste de beber; tuve hambre y me diste de comer…”

Los propósitos de año nuevo, en un sentido cristiano, implican  arrepentimiento por las faltas cometidas, y  sincero compromiso de reparación.

Cuando estamos a pocas horas de celebrar la Noche Buena, miro hacia atrás, y me doy cuenta que han pasado 15 años desde que puse el último Nacimiento en mi casa de México.

Esta Navidad, mi hermanita menor, cumpliría 55 años de edad; será la primera vez que celebre su cumpleaños en la presencia visible de Dios.

Imagino que en el Cielo debe haber un sitio especial en la fiesta, para aquellos nacidos el mismo día que Jesús.

Creo que tal vez me ha ocurrido lo mismo que a los astronautas que viajasen a la velocidad de la luz, y que al regresar a su punto de partida, se percatan que, lo que para ellos parecieron minutos, han sido siglos para los que quedaron atrás.

Agradezco pues, que a pesar de ser un verdadero pecador, sé que Cristo nació, vivió, sufrió y murió por mí; y así lo hizo con todos y cada uno de nosotros.

Reconozco mi larga lista de faltas cuyo costo ha corrido por cuenta de quienes no tenían culpa alguna de mis errores.

La Navidad para mí, además de moverme a dar las gracias y pedir perdón, alienta mi esperanza de tener la oportunidad que tuvo Dimas, el buen ladrón que alcanzó la salvación eterna al final de una vida de atropellos y robos.

Agradezco la llamada que recibí hoy desde muy lejos, recordándome lo mucho que tengo que agradecer y lo mucho que debo.

Una llamada así, es  un regalo de Navidad mucho más valioso que un objeto costoso.

En especial, la posibilidad de compartir  en este espacio lo que pienso, lo que creo, lo que opino y lo que siento, es algo que agradezco y que me honra.

Agradezco a quienes me regalan su tiempo leyendo lo que digo aquí.

A todos, les deseo que Nuestro Señor Jesucristo; el niño Jesús cuyo Nacimiento celebramos ahora, llene sus hogares de bendiciones siempre.

Navidad es tiempo de mirar atrás; 2017 años atrás; 66 años atrás; atrás hacia el momento más reciente;  porque sin hacer el recuento de lo vivido, no se puede vivir hacia adelante.

Gracias a Dios por amarnos; gracias a la Virgen María, Nuestra Madre, por su valiente generosidad y porque siendo apenas una niña, aceptó ser nuestra corredentora. Gracias a  San José, por su fe incondicional en Dios y en María su esposa y Madre nuestra.

Feliz cumpleaños, niño Jesús.

Feliz Navidad a todos y cada uno de ustedes.

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Número 16 - marzo 2018
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