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La alternancia

Viernes, 20 de Octubre 2017 - 16:30

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Julio Chavezmontes

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Las pulquerías y los caballos finos, (de salto y de carreras) tienen los nombres más originales imaginables.

“El Gran Combate”; “La Hija de Moctezuma”; “La Alegría”; “Los Perros”; Wrecking Crew, Jet Run, Arete…

“La Alternancia” me gusta más para servir de nombre a un expendio de pulmón, neutle (baba sagrada) o sea, de pulque, que para describir los tumbos erráticos dados por México entre el año 2000 y este fin de sexenio.

México está pagando muy caro su desprecio por la gramática.

Prestemos atención:

En estricta gramática, Vicente Fox sí inauguró “la alternancia”.

El diccionario define “alternancia” de la siguiente manera:

  • Alternancia. Nombre femenino. Circunstancia de alternar o alternarse varias cosas o personas.

Como su definición deja claramente establecido, en el 2000 hubo alternancia de personas. Salió Zedillo y entro el zorrillo.

En el 2006, volvieron a alternarse el puesto entre Foximiliano y Felipe AAA Calderón.

Hablando de vocablos, transición es otra palabreja con un sentido enteramente distinto al de alternancia.

Define así el diccionario:

  • Transición. Nombre femenino

1. Paso o cambio de un estado, modo de ser, etc., A OTRO.

2. Estado intermedio entre uno más antiguo y otro a que se llega en un cambio.

La triste conclusión gramatical es, que en México SIEMPRE ha habido ALTERNANCIA.

Había alternancias vertiginosas en el Mexico posterior al imperio de Iturbide; hubo alternancia de Díaz a Madero y de Madero a Huerta.

Lo que no ha ocurrido todavía, es TRANSICIÓN.

Hablando de ALTERNANCIA, cuando mi madre tenía apenas 24 años, le dijo cara a cara a Don Manuel Gómez Morín lo siguiente:

Que el General Calles había urdido la creación de dos partidos paleros (el PAN encabezado por Gómez Morín de inocultable filiación callista y obregonista, y el PPS, liderado por Vicente Lombardo Toledano) para que hubiera ALTERNANCIA de figuras aparentes, de izquierda y derecha, pero sin TRANSICIÓN alguna.

Mi mamá no era politóloga ni expertóloga, pero mucho menos era acarreada o borrega, y a pesar de su corta edad, creo que le atinó con asombrosa precisión al papel que el PAN ha desempeñado para desgracia de México.

El PAN ha coparticipado criminalmente en “la alternancia” pero NO en la transición.

La sabia opinión de mi madre fue confirmada con la llegada de Foximiliano el idiota, que a la fecha no tiene todavía ni la menor idea del extraordinario poder que le confirió el pueblo de México en la elección del 2000.

Tal vez los mexicanos deberían entender que el PRI no era tanto un partido político, sino una institución folclórica que reflejaba la idiosincrasia de nuestro pueblo, inspirado en los principios del legendario Tlacaelel (el gran elector de los aztecas).

No por nada Vargas Llosa dijo que el PRI detentaba “la dictadura perfecta”.

La proliferación costosísima de partidos políticos para dar la apariencia de democracia a través de una alternancia sin transición alguna, no merece la pena.

Ya quedó muy visto que Foximiliano y el borrachito Calderón fueron más de lo mismo.

En Estados Unidos, a cuya imagen y semejanza se ha querido modelar nuestra supuesta democracia, solamente hay esa alternancia de “quítate tú pa’ ponerme yo”, pero no ha habido transición; siguen siendo un imperio disfrazado de falsa inocencia que ni siquiera han logrado la integración racial verdadera ni la abolición efectiva de la esclavitud que hoy prospera con más fuerza que nunca, bajo el nombre políticamente correcto de “outsourcing”.

Los mexicanos se han confundido buscando la alternancia, sabiendo únicamente lo que no les gusta y lo que no quieren; pero exactamente al igual que desde 1821, seguimos sin saber lo que queremos; no sabemos hacia donde deseamos ir.

No tenemos idea de la transición, que significa transitar de un sitio indeseado a otro que se sabe mejor.

Por eso cada seis años, la escasa minoría que no se abstiene de votar, sigue aventándose clavados al vacío, tratando de encontrar en el siguiente presidente, al paladín imaginado.

Si en el 2018 quieren alternancia, la van a tener, porque sin duda alguna, Peña Nieto se va a ir y otro va a llegar.

La transición no depende de otros sino de cada uno; y no solamente puede, sino que debe iniciarse en la mente y el corazón de cada mexicano.

La alternancia se decide cada tres o seis años; la transición, el tránsito, es un proceso permanente solo posible para mentes alertas y voluntades dispuestas a esforzarse.

Cuesta tanto trabajo esa transición, que por eso las dictaduras han tenido y tienen tanto éxito, porque la inmensa mayoría prefiere obedecer que mandar.

No importa si llega el Peje, Margarita (Dios nos libre) Calderón, Ricardo (e; Macron) Anaya, o el ni tan Bronco.

Ninguno va a hacer lo que nosotros no hagamos por nosotros mismos, porque la transición no consiste en que un paladín imaginario cargue con todas nuestras responsabilidades como la loza sobre la espalda del Pípila.

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Número 12 - noviembre 2017
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