Se encuentra usted aquí

Irracionales

Viernes, 16 de Febrero 2018 - 15:00

Autor

luisa-ruiz.jpg
Luisa Ruiz

Compartir

pena-nieto.jpg

Los ojos y el raciocinio alcanzan a ver un todo, lo bueno y lo malo, lo injusto y lo deplorable. Las manos, la lógica y el entendimiento alcanzan lo que es posible arreglar, lo que es posible controlar y en lo que se pueda, ayudar. La chamba de los ciudadanos de bien, es tomar en sus manos lo que corresponde y apoyar a quienes sea posible en la medida de la capacidad de cada uno.

Los ciudadanos tenemos que sortear la delincuencia y hacer esfuerzos por no caer en la corrupción en ninguna de sus formas. A los funcionarios les toca sortear las criticas y los arrebatos de la sociedad. La chamba de los funcionarios es agarrar por los cuernos lo que la ciudadanía no puede y no alcanza.

Si nos quejamos, si le parecemos irracionales al presidente, es porque no alcanzamos a ver lo que dice, está bien hecho. Si el presidente dice, que hay casi tres millones de empleos, con seguridad es verdad porque lo reporta el IMSS. No se dice, por otro lado, que esos casi tres millones de personas empleadas tienen un salario con el que no pueden terminar la semana o la quincena.

La irracionalidad de la que habla Peña Nieto, no tiene que ver con su persona o sus logros, tiene que ver con lo que ha permitido que se corrompa en cada entidad; el enojo social, tiene que ver con la necesidad de encerrarnos con candados día y noche porque la delincuencia entra a los hogares a cualquier hora, y no se trata de si se roban una lamparita del jardín, se trata de la intimidación que causa un sujeto que saltó la reja mientras cenábamos en la calidez del hogar.

Lo irracional que podemos parecerle al presidente, quizá no sea tan grave como su paranoia percibe. Si le parece que el país está encabronado, es porque ha estado pendiente de las redes sociales en donde la gente exhibe su más bajo nivel de educación. Peña ha tenido que reducir sus salidas a la calle porque conoce el peligro de la gente que escribe sin ton ni son, la que replica sin investigar y se enoja porque se enojaron otros.

Para muchos, el enojo se confunde con preocupación y no lo detectan, son dos cosas diferentes, aunque las dos, sean el camino que lleve a la depresión, las redes sociales son el desahogo de las frustraciones y el refugio para los cobardes. En principio, si no hay educación, ni en el vocabulario ni en la ortografía en las publicaciones, no debe ser importante la opinión que tengan, los más irracionales son esos, los que no son capaces de educarse de ninguna forma, son los que hacen más escándalo, los que no quieren avanzar y provocan que absolutamente todo parezca fatal, lo peor, es que ese mal contamina a los susceptibles, que son muchos.

Si Peña Nieto se queja de las irracionalidades es porque sus programas sociales no han funcionado, sus intentos por acabar con la pobreza no han sido efectivos, los operativos contra la delincuencia han fracasado y sus reformas no han alcanzado al grueso del país. No es falta de percepción, son realidades que se pueden tocar en las calles, en el diario vivir.

Quienes no se quejan, no es porque sean indiferentes, es porque llevan una vida equilibrada y mucho de lo que necesitan no lo reciben del gobierno. Quienes en verdad tienen la necesidad del gobierno, ni siquiera tienen voz para quejarse y, aun así, se las ingenian para vivir lo mejor posible. Y quienes no hacen nada, ni quieren vivir en paz y no tienen ambiciones sanas, demuestran su mediocridad a través de las redes sociales para culpar a alguien de su incapacidad para pensar.

Es irracional que el presidente se detenga a leer y a escuchar lo que publica la escoria floja que habita el país, que no tenga tiempo para leer los mensajes de contenido que escriben los intelectuales, los textos de los estadistas serios, los artículos de los intelectuales, la opinión de los que no se quejan y exponen con fundamento y argumento las carencias y las fallas.

Si el país se encabrona y vive en contra de la política, no es por afición, es por la falta de habilidad del presidente para comunicar, la tibieza en su reacción ante la corrupción de su gabinete, la falta de firmeza para castigar a los funcionarios tramposos y la insolente destreza para “perdonar” a quienes han golpeado al país.

No es posible, por ejemplo, escuchar que se terminó de construir una carretera y aplaudir, cuando los delincuentes acaban de matar a una familia. Es difícil apreciar una inversión millonaria, cuando ni uno de esos pesos, va a llegar al que tiene hambre.

Lo que hay en el país, lo que no le gusta, es obra del mal gobierno. Lo mejor, lo racional, lo que tiene orden del pensamiento está en cada hogar y ahí, no entra la corrupción ni la queja aunque, tristemente, siga entrando la delincuencia.

revista_mayo_2018.jpg
Número 18 - mayo 2018
Descargar
-