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¿Gustavo A. Madero?

Miércoles, 24 de Enero 2018 - 16:30

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Julio Chavezmontes

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¿Usted cree que algún católico, cuando decide ir a visitar la Basílica de Guadalupe, dice que “va a Villa Gustavo A. Madero"?

El nombre histórico de aquella antigua municipalidad, es Villa de Guadalupe.

Posteriormente se le agregó el nombre de Hidalgo, en reconocimiento de que la imagen de la Virgen de Guadalupe fue la primera bandera del Mexico Insurgente, ondeada por el Cura Hidalgo el 16 de septiembre de 1810.

El 2 de febrero de 1848, (del que en pocos días se cumplirá el 170 aniversario), se firmó ahí el tratado que lleva el nombre de Guadalupe Hidalgo, y que los gringos nos impusieron para “blanquear” el robo descarado de más de la mitad de nuestro territorio; territorio que la presencia creciente de nuestros hermanos, ha venido recuperando imparablemente.

Para mí, como para todo católico mexicano, la Villa de Guadalupe es un sitio sagrado.

Mis padres se conocieron en la misma casa en la que fue firmado el tratado de Guadalupe Hidalgo (2 de febrero de 1848); contrajeron matrimonio a los pies de la Virgen de Guadalupe; yo hice mi Primera Comunión, tambien en la basílica.

La historia de mi familia en relación con nuestra Madre de Guadalupe, no es ni mucho menos única; cada mexicano tiene un vínculo indestructible con la Reina de México; a tal grado, que tengo amigos judíos guadalupanos.

Si al inicio de la Calzada de los Misterios le preguntásemos a cualquiera de los miles de peregrinos que a dónde van, no tengo la menor duda de que ni uno solo de ellos diría “voy a Gustavo A. Madero”.

¿Por qué entonces hemos de permitir que ese sitio sagrado e histórico cuyo nombre ha sido, es y debe seguir siendo Villa de Guadalupe, sea llamado oficialmente con el nombre de un señor que no tuvo más mérito que ser hermano de Francisco Madero, y de haber tenido la mala fortuna de caer en manos de Victoriano Huerta?

Lo mismo pasa con la antigua municipalidad de San Ángel, a la que los zopilotes políticos le cambiaron el nombre para rendir homenaje a Álvaro Obregón, por su proeza de ser el primer violador del principio porfirista de “no reelección”. (1)

Esta vez no solamente opino que debe restituirse su nombre histórico y sagrado a esa demarcación de la ciudad de México, sino que en ejercicio de nuestro derecho constitucional de petición, pienso solicitar al jefe de gobierno y a la asamblea legislativa del es Distrito Federal, que se devuelva su nombre original (histórico y sagrado) a la VILLA DE GUADALUPE.

Una cosa es la famosa separación entre la iglesia y el estado, y muy otra es que la clase política por sus muy peculiares motivos, nos imponga nomenclaturas de calles, plazas, avenidas, y edificios públicos para halagar al mandamás de turno.

Pero en su lambisconería no se atrevieron a  intentar cambiarle el nombre de Villa de Guadalupe por Villa Benito Juarez… (¿Ah, verdad?).

Ahora que esta tan de moda la recolección de firmas, no tengo la menor duda de que, si fuera necesario juntar cinco millones de rúbricas para devolverle su nombre oficialmente a LA VILLA DE GUADALUPE, se juntarían en pocas semanas, si no es que en pocos días.

De lo que se trataba no era de honrar al Señor Gustavo A. Madero, sino de usurpar el nombre de VILLA DE GUADALUPE para saciar el ánimo de venganza del Maximato espurio (¡qué raro en México!) del “jefe máximo” Plutarco Calles.

La iniciativa de desterrar el nombre de Guadalupe y poner el del hermano de Madero, fue de Plutarco Elías Calles, en 1931, durante el “guiñol presidencial” de Ortiz Rubio.

Es poco sabido que Calles pretendió crear una “iglesia mexicana” a cuyo frente puso a un tal “patriarca Perez” con la intención de expropiar nada menos que la basílica de Guadalupe para convertirla en su propio “vaticano mexicano”.

Creo que devolverle a un sitio histórico y sagrado su nombre verdadero, es una buena forma de comenzar a tener congruencia.

La petición constitucional para devolverle oficialmente el nombre de VILLA DE GUADALUPE, puede hacerla individualmente cualquier mexicano, pero creo que es algo que debe hacerse de manera colectiva, para que la petición no se pierda en el laberinto burocrático.

Plutarco Elías Calles de manera autoritaria, le impuso el nombre de Gustavo A. Madero, en lo oscurito, sin tomar en cuanta al pueblo en absoluto.

Es ahora el pueblo el que debe recuperar ese nombre sagrado para el lugar de nuestra máxima devoción, no solamente religiosa, sino histórica.

Ella es Nuestra Madre, nuestra bandera y nuestra reina.

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  1. La frase de “Sufragio efectivo, no reelección”, fue acuñada por Porfirio Díaz el 8 de noviembre de 1871 al lanzar el Plan de la Noria contra las reelecciones interminables de “San” Benito Juárez. 
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Número 17 - abril 2018
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