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La Liga de la Justicia y las cobijas de parches

Viernes, 24 de Noviembre 2017 - 15:00

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Luis Felipe Jurado

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La liga de la justicia llega a la pantalla para demostrar que a Aquaman no se le hace agua la canoa.

Tras el fracaso de Batman V Superman (2016), a Zack Snyder le llovieron las mentadas de madre. Parece mentira que después de tres exitosas películas para Warner, el estudio y los fans le dieran la espalda tan estrepitosamente. Y por eso, aunque La liga de la justicia (2017) lleve su firma, no es más una película “del visionario director de Watchmen (2006)” como anunciaban en su momento a Man Of Steel (2013). El problema es que la reunión de los famosos superhéroes pudo ser opacada por la falta de planeación y prisas con las que debió trabajar el realizador y entonces coordinador del Universo Cinematográfico DC, para sacar una cinta que presentara a por lo menos tres de los héroes y a la vez le diera continuidad a la creación del equipo. Debido a esto, más que por falta de talento, Snyder entregó un producto hecho a las prisas, con un guión lleno de baches, visiblemente manoseado por todo el estudio y sabe Dios cuanta gente más, además de mutilado para bajar su duración de tres horas a solamente 2:40, perdiendo muchas escenas que le hubieran dado coherencia. A ésto hay que sumar que quién sabe por qué Rotten Tomatoes, esa especie de Santa Inquisición fílmica, y la “crítica acreditada” (léase, los mismos payasos que alaban a rabiar las cintas de Disney/Pixar/Marvel) le dio una calificación inferior que la de Rápido y baboso”. Al llegar el día del estreno, si no fue un fracaso estrepitoso, sí significó que al creador de 300 (2006) le dieran las gracias y su cheque de seis quincenas, proporcional de aguinaldo y reparto de utilidades, para que no se sintiera mal. Aunque eso sí, le pidieron que dijera que se iba por un “doloroso incidente familiar”.

Para tapar el bache, del mismo modo que Snyder se despidió “por el dolor por la pérdida de su hija”, Joss Whedon –a quien por cierto, también le pidieron su renuncia en Marvel– apareció de la nada para “crear una película sobre el personaje de Bat Girl”, que sospechosamente, hoy se dio la noticia, quizá no se vaya a filmar, y aprovechando, le pidieron que le echara una revisadita a lo hecho por Zack. Y así, después de meditarlo con la almohada, el creador de Serenity (2005) y The Avengers (2012), filmó algunas escenas adicionales y reeditó lo hecho por su compadre.

Así, el producto final, La liga de la justicia, es como esas cobijas hechas con pedazos de tela diferentes. La historia no tiene nada de novedoso: Tras la muerte de Superman en el capítulo anterior, Batman y la Mujer Maravilla, deciden juntar un equipo que los ayude a detener una invasión extraterrestre próxima a ocurrir. Así, reúnen a Flash, Cyborg y a un luchador de la Triple AAA, que se hace pasar por Aquaman, para luchar contra un desalmado ente del CGI que quiere conquistarnos para gloria y gracia de San Darkside, un conquistador de mundos que ha sido el peor enemigo de la Liga desde hace unos años.

El resultado es bastante divertido. Aunque uno sea purista de los personajes, no puede más que reír a veces a carcajadas con las ocurrencias de la cinta. Jason Momoa, como Aquaman, sorprende por su biz cómica, a pesar de ser un poco hígado en otros papeles. Ezra Miller, en el papel de un Flash con TDAH, resulta por lo menos gracioso al intentar entablar amistad con un amargado Cyborg, un casi desconocido Ray Fisher. El resto del elenco se dedica a repetir sus personajes sin aportar gran cosa, pero entrando en el juego de los recién llegados.

Si bien no exenta de problemas por el repentino cambio de director –el que algunas escenas se vean filmadas en exteriores y otras en estudio en una misma secuencia, el bigote de Henry Cavill, borrado por computadora, algunos diálogos se sienten metidos con calzador, etc.– lo cierto es que tiene momentos que son, por lo menos, muy recordables. La música de Danny Elfman, que recurre a reelaboraciones nostálgicas de los temas de Superman (1978, Richard Donner) y Batman (1989, Tim Burton), combinados con los modernos temas de Wonder Woman (2017, Patty Jenkins) y de la nueva serie de TV de Flash, le da un toque burtoneano bastante saludable. Además, el exceso de claroscuros que es la firma de Snyder es eliminado para hacerla más atractiva para la audiencia.

Y si bien, como comentaba más arriba, el resultado es como una colcha de retazos, igual que una de esas cobijas, puede ser bastante bonita o de mal gusto, dependiendo de quien la vea. Para algunos críticos ha sido una de las más desastrosas y decadentes películas de superhéroes y para otros, una obra maestra que le hacía falta al cine. No hay consenso entre la crítica y mucho menos con el público. Rotten Tomatoes, comenzó dándole una calificación de más de 90% “de frescura” y para el día de hoy ha descendido hasta un 41%, mientras el público le da un 83%. IMDb le da 7.5/10 y Filmafinitty un 6.6/10. Cinepremiere le da 3 estrellas de 5 y así. Nadie se pone de acuerdo en que si es o no una buena cinta, pero se les olvida que, igual que las hechas de retazos, sirven para lo mismo que todas las cobijas, es decir, para quitar el frío.

La liga de la justicia no es al final una mala película, pero tampoco, por desgracia, es una buena. No llega a lo épico de por ejemplo, The Dark Knight (2008, Christopher Nolan), ni de Captain America: The Winter Soldier (2014, Hermanos Russo), pero no es tan desastrosa como Thor: The Dark World (2013, Alan Taylor). Un trabajo disfrutable en brain off, al que hay que agradecerle que no es un producto Disney y no hay que soplarse un corto de Frozen al principio.

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Número 12 - noviembre 2017
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