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La buena esposa, una guía para sobrevivir en Cinemex y La Monja, ya de pilón

Viernes, 14 de Septiembre 2018 - 15:00

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Luis Felipe Jurado

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  • Analizamos La buena esposa, las porquerías de Cinemex y un pequeño análisis a La Monja

La buena esposa (The Wife, 2017, Björn Runge) es una magnífica oportunidad para ver a dos de los mejores actores de toda la historia, en un trabajo pensado, principalmente, para que se luzcan sus intérpretes principales. Cuenta la historia de una mujer que alguna vez tuvo la aspiración de ser escritora, cuyo marido está considerado uno de los mejores novelistas vivos de la historia. Una llamada que anuncia que su esposo acaba de ganar el Premio Nobel de Literatura, desatará una serie de sentimientos que ha guardado durante años.

La cinta es una de esas producciones que obligan al público a comentarla al salir de la sala, si es posible frente a una taza de café; está protagonizada por una excelsa Glenn Close y secundada por un Jonathan Pryce que demuestra que no se achica ante una de las mejores actrices norteamericanas que existen. Cada una de las escenas va desvelando la mentira en la que han vivido los personajes durante muchos años y hay en ella apuntes sobre el arte, el artista, el sexismo existente en el mundo editorial y lo ridículo que llegan a ser los protocolos de los Premios Nobel (la escena del desayuno, en la que cantan Santa Lucia en sueco, por ejemplo). A pesar de que no se dice nada novedoso (hay enésimos casos de “escritores fantasmas” que han sido documentados en el cine), hay apuntes a la condición de la mujer al paso de la historia y lo difícil que resultó para muchas sobresalir en el arte, que aunque tampoco resultan inéditos – recordé a Camille Claudel y su tortuosa relación con un Auguste Rodin que según dicen, se acreditó mucho de su obra, y a la excelente Elena Garro y su ninguneo por haber sido esposa de Octavio Paz – permiten reflexionar sobre qué tanto es culpa del “patriarcado” el que ocurran estas cosas y qué tanto es responsabilidad del mismo que lo vive. Es un profundo análisis también sobre las consecuencias de las decisiones personales. Y en ese sentido, la peor decisión personal que se pudo tener fue el verla en Cinemex Reforma Casa de Arte.

Pequeña guía para sobrevivir en Cinemex

A pesar de que nunca he recibido como tal un maltrato por parte de la cadena exhibidora, debo reconocer que, por desgracia, su competencia, Cinépolis, con todo y su evidente odio por AMLO, los ha superado en todo – o casi todo. Desde hace meses he vivido muchas situaciones al asistir a sus salas que son de verdadera pena ajena. Por lo mismo, me tomé la libertad de dar esta pequeña guía para poder disfrutar el cine en estos complejos, en los que – me arrepiento – vi La buena esposa:

  1. No pidas palomitas light. A diferencia de su competencia, estos productos no están hechos al momento y llegan embolsados desde quién sabe cuándo. Por lo mismo, o saben chiclosas y acedas, o no las surten. Tampoco pidas sabor Tajín, saben demasiado ácidas y te llegan a calar la lengua.
  2. Nunca, ni de broma, vas a encontrar una Coca-Cola sin azúcar en Cinemex Valle Dorado. En las ocasiones en que he ido a la sala, nada más no hay este producto porque no se los surten. Es más, su dulcería es de las más escuetas de todos los complejos a los que he ido.
  3. Si vas a las salas Platinum (que es el equivalente al V.I.P. de Cinépolis), no comas nada, o por lo menos, nada de la cocina. Las croquetas de jamón serrano saben a todo menos a jamón serrano, las crepas de pechuga de pavo saben a Tortillinas Tía Rosa con queso amarillo de Aurrerá. Lo único que sabe a lo que debe saber es la Coca-Cola sin azúcar.
  4. Cinemex Reforma tiene la mejor programación de estos complejos, pero nunca de los nuncas compres los boletos en la taquilla; si tienes la posibilidad, pídelos con cargo a tu tarjeta o llega una hora antes porque siempre se terminan los lugares del fondo. Las salas son tan pequeñas a pesar de ser Premium, que si te tocan lugares en la tercera, segunda o primera fila, vas a sufrir tortícolis a la mitad de la proyección.
  5. Las chapatas saben muy bien, pero su café no tanto. Eso sí, es superior mil veces al de Starbucks, pero si puedes, evítalo o compra uno en el Oxxo.

Teniendo en cuenta estos puntos, seguro podrás disfrutar del espectáculo sin ninguna apuración, de tal manera que si vas en estas fiestas patrias a uno de estos cines, podrás echar el grito sin la preocupación de que sean gritos de coraje a los empleados de las salas.

En resumen, un película excelente, en una sala mediocre, desde los peores lugares que se pueden conseguir. Por lo menos valió la pena la tortícolis.

De pilón, La Monja

El Spin-off de The Conjuring (2013, James Wan), La Monja (The Nun, 2018, Corin Hardy) es peor que la original. Cuenta con una excelsa fotografía y el hijo preferido de la Colonia Condesa, léase Demián Bichir, sale muy bien librado, robándose la cinta, como buen chilango. Las monjas parecen la versión Walking Dead de Marilyn Manson y algunas situaciones resultan absurdas y ridículas, pero qué se puede esperar de una amalgama de Van Helsing (2004, Stephen Sommers), The Exorcist (1973, William Friedkin) y el sermón de la misa del domingo, en manos de un director novato. Bien actuada, pero se ve que los productores decidieron contratar a 2 perfectos desconocidos para poder pagarle al mexicano. Si van a pagar por ver “madres”, mejor véanla pirata.

 

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Número 22 - Octubre 2018
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