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El señor México

Martes, 10 de Julio 2018 - 15:00

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Luisa Ruiz

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La personalidad de México, que, si su voz se escuchara, sería una ornamental de sonido estereofónico y de ecualizador con los graves en su más alto nivel. Su personalidad ha sido dibujada y disfrazada a través del tiempo, ha sido rebajada a un penacho desplumado cuando necesitó esconderse de la conquista, ha sido investido de colores desteñidos y tuvo que usar camuflaje ante la discordia; ha tenido también cambios bruscos y se ha aletargado cuando ha necesitado descansar de tanto atropello.

La personalidad de México ha sido prudente con el derecho de admisión al mismo tiempo que abrió sus puertas sin contemplaciones. La risa del país se ha silenciado cada tanto tiempo porque se ha reservado la carcajada ante la ignominia, la burla y la brutalidad. México, como país, se ha vestido de gala, se ha coronado y la cobardía de muchos, lo ha desnudado y avergonzado.

Como gigante cuerno de la abundancia entre sonidos y vacíos, México escupe y absorbe, grita y guarda silencio. Su vida entera ha sido así, entre sollozos y alegrías que no duran; se ha muerto y vuelto a nacer muchas veces. Nunca se ha disculpado por no estar, se ausenta porque busca que se le extrañe de vez en cuando y no sucede.

Aparece, se asoma para asegurarse que sus pulmones, su sangre y sus vísceras hagan su función y no pasa, sucede solo en ratitos y brinca, se alegra y también se enfurece; su sangre se contamina, sus pulmones se colapsan y sus vísceras se intoxican. No encuentra México como ser, la boca del cuerno, está bloqueado, no hay salida para nadie.

Este Señor México, se enoja eructa y tiembla, se escapa para llorar y se inunda, se pone muy muy triste, se truena los dedos y se incendia por dentro.

México que no quiere cansarse y no cede, solo se queda quieto, piensa y siente. Su sangre no hierve, a sus pulmones les falta aire. Si el señor México hiciera tronar su voz, si su paciencia estallara, si su tolerancia se extinguiera, este barrio bajo de hijos necios, se colgaría de los barrancos absorbiendo la ultima bocanada de aire reservado para los muertos.

La personalidad que adquiere este señor México cambia de colores más no de habitantes y esto hace que su función pueda ser la misma de siempre. Mientras los ciudadanos no se transformen a sí mismos, ningún presidente, de ningún color, será bueno ni mejor. Las confrontaciones siguen, las agresiones son más contundentes y la felicidad de muchos, se parece más a una cachetada que no se da.

Un alto porcentaje de estudiosos, intelectuales, gente exitosa y también quienes son lo contrario, aplauden el triunfo de López Obrador. Otros, con las mismas características siguen enojados, y muchos, con las mismas características guardan en secreto su emoción, los demás igualmente preparados y silenciosos, han decidido respetar.

Aun no toma protesta y AMLO ya recibe ásperas críticas. Es pues la mexicanidad equivocada, esa que vive, canta y grita en los eventos deportivos no es la misma que se ve en campañas o resultados de una elección de gobernantes. Don México soporta y se abate con tanto peso en sus tierras. Quienes lo han gobernado quieren borrar memorias y traspasar limites infames.

El señor México, crecerá cuando los respetuosos logren contagiar a los que no quieren aceptar que México necesita afirmar su personalidad, cuando los ignorantes dejen de moverse y se prepararan para quejarse los próximos seis años.

Si el 1 de diciembre próximo, a algunos se les hace bola la tripa para aceptar al nuevo gobierno, es mejor que guarden sus malas intenciones porque el señor México no acepta más golpes; el cambio de color asusta como asusta todo lo desconocido, sin embargo, ya en el camino, no se vale arriar la bandera ni las velas, no hay tormentas al acecho y después de tanto, lo que viene no va a aniquilar a nadie.

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Número 18 - mayo 2018
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