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Cartas a Tora LXXV

Viernes, 23 de Febrero 2018 - 16:00

Autor

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

         Esta vez, la iniciativa la  tuvo el chavo del 7, que ya ves que está tratando de ganarle la partida al portero para cuando lleguen las elecciones. Un día, el chavo vió a su mamá sacando la basura para entregarla al camión recolector, y la señora apenas podía con el bulto; y luego se fijó en que a muchas mujeres les pasaba lo mismo. Entonces, se le ocurrió organizar un servicio de recolección de basura en la vecindad. Rápidamente reunió a los vecinos, y les propuso el plan: contratar a una persona para que pasara todos los días a una hora fija y recogiera la basura de todas las viviendas. La idea prendió en el acto, y fijaron una cuota (Pequeña, por cierto) para pagar a esa persona.

Tardaron un poco, pero consiguieron al hombre para ese trabajo. A las 7:00 en punto de la mañana empezaba la recolección. Algunas viejas, las más fodongas (Sinónimo de flojas, dejadas, valemadristas) se quejaron porque tenían que levantarse muy temprano; pero luego responsabilizaron a algún hijo (Las hijas son igual que ellas) y ya pudieron levantarse a mediodía, como siempre.

El portero lo observaba todo, y ardía de rabia. Pero en vez de pelear con el chavo prefirió hacerse el bueno; y le dijo que no se preocupara por nada, que él se encargaría de que todo funcionara bien. Pero un día le dijo al del 37, que es su incondicional, que echara un colchón a la basura. El basurero no se lo quiso llevar porque no le cabía en su carrito; pero el vecino le dió una propina, y entonces el basurero lo arrastró hasta la calle y lo dejó apoyado en la pared, para cuando pasara el camión.

Muchos vecinos se dieron cuenta de ésto, y cuando tenían algo pesado o estorboso le daban su propina al basurero. Entonces, éste empezó a no llamar en las viviendas que no le daban propina. Los vecinos se quejaron, porque ellos pagaban su cuota para ese servicio; discutieron mucho con el portero, y éste finalmente les dijo que era preferible pagar ”unos centavos más” y tener el servicio a tener que pelear para que se los dieran. Los convenció, y luego ya todos daban su propina.

Entonces, el portero le dijo al basurero que parte de ese dinero era suyo, que él lo había conseguido, y que si no se lo daba haría que le quitaran la chamba. El basurero comprendió que llevaba las de perder, y tuvo que compartirlo con él. Pero no sólo las propinas, sino  también lo que le daban de sueldo. ¿Y sabes cuánto le exigió el portero? La mitad de todo lo que recibía.

Total, que los vecinos estaban contentos, pero el basurero no; les recibía las bolsas de basura con malos modos, y les pedía que le aumentaran las propinas. Al principio se las aumentaron, pero al cabo de un tiempo empezaron a molestarse. Y si alguien le decía algo, el basurero no llamaba a su puerta. Así que llegó el momento en que los vecinos  tenían que estar en los pasillos, cazando al basurero, porque ya no hacía un servicio regular; y algunas veces dejaba de pasar por algunas secciones. Luego, el portero lo regañaba porque cada día le entregaba menos dinero. Y no podía quejarse con el chavo el 7, que era quien lo había contratado, porque había salido de la ciudad a hacer unas diligencias (No es cierto. Se había ido con una compañera de trabajo a Acapulco).

Llegó el día en que el basurero apenas le entregó unos cuantos pesos al portero y le dijo que se aguantara con eso. Entonces éste, aprovechando la ausencia del chavo, decidió vengarse. Y el día siguiente, al llegar al 37, el señor le dijo que pasara a por la basura, porque él no tenía  tiempo ni ganas de sacarla. De mala gana, obedeció el basurero; y el del 37 le dijo que por ponerle esa cara de asco no le daría propina.

El basurero se enojó y rompió las bolsas de basura, regándola toda en el piso. E hizo lo mismo con toda la basura que llevaba recogida. El del 37 le devolvió los insultos, empezaron a golpearse, salió la esposa, que es muy macha y también le pegó. Los vecinos acudieron al oir el escándalo; y los del 37,muy hábilmente, les soltaron una que otra patada de incógnito. Se armó una zacapela como pocas veces he visto, y entre todos corrieron al basurero y le prohibieron aparecerse por allí.

El portero llegó cuando todo había terminado, les pidió excusas por lo ocurrido y mandó a sus guaruras que limpiaran todo. Los vecinos le quedaron muy agradecidos; y cuando volvió el chavo del 7 le echaron toda la culpa al basurero. Pero como al chavo le había ido muy bien en Acapulco, se limitó a decir que había que buscar otro basurero

Hasta el momento no lo han encontrado (Ni lo han buscado, porque el chavo está muy ocupado con su compañero de trabajo, a la que le tenía tantas ganas). Y cada quien tiene que estar pendiente del camión recolector para deshacerse de su basura. El camión ya lleva 15 días sin pasar. Cuando venga, le van a pedir a los vecinos una propina descomunal por llevarse tanta basura. Pero allá ellos, por ser tan tontos.

En la azotea no tenemos esos problemas. Los restos de comida que dejamos los gatos se los comen las ratas. Y los desechos, también. Se ve que están hambrientas, pero mientras no intenten comernos a nosotros… Al gatote negro, sí, porque ha perjudicado a muchas de las gatas que tenemos. Pero los demás son muy decentes, y no se merecen eso.

Te quiere,

             Cocatú

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Número 18 - mayo 2018
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