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Una consulta demasiado confusa y trascendental

Martes, 16 de Octubre 2018 - 09:25

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Israel Aparicio

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Una consulta demasiado confusa y trascendental.
Israel Aparicio


La construcción del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), que se concluirá irónicamente en el Estado de México, reviste en estos momentos una enorme confusión y poca claridad en su futuro. Como es sabido, en unos días se realizará una mini consulta para que en más de 500 municipios acudan a votar los ciudadanos interesados en elegir entre dos proyectos diametralmente opuestos, donde se deberá construir el nuevo AICM.


El proyecto transexenal que inició la administración del presidente Enrique Peña Nieto está avalado por expertos internacionales, empresas consultoras especialistas en aviación y desde hace años comenzó a construirse en el municipio de Texcoco, en la zona donde se encontraba el majestuoso lago. A pesar de la difícil zona tendiente a hundirse por sus características pantanosas, se ha logrado mediante ingeniería avanzada ir resolviendo las incontables vicisitudes con un alto grado de inversión. Es desde el punto de vista para el tráfico aéreo, la única opción viable, independientemente de los múltiples problemas técnicos y los altos costos que tendrá su mantenimiento durante toda su posible vida útil.


En contraparte, el denominado proyecto de la ampliación de la base aérea de Santa Lucía, sería una salida muy forzada aunque de menor costo para el Estado Mexicano. Implementar dos nuevas pistas en el aeropuerto militar de la zona no sería suficiente para la amplia gama de servicios que requeriría un aeropuerto internacional, además que los estudios de los expertos no se han realizado de forma seria, son pocas empresas las que avalan la posibilidad de realizarse y sobre todo, cancelar las obras en el AICM en Texcoco, traería pérdidas millonarias por el pago de indemnizaciones a las empresas concesionarias.


Aunque el pasado 11 de octubre el futuro secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, dio a conocer que se realizarían inversiones en los aeropuertos Benito Juárez y de Toluca, ya que de continuar la obra en Texcoco, no se tendría lista para el sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Por otra parte de cancelarse el proyecto millonario, los capitales internacionales castigarían al país en su grado de inversión, provocando una crisis financiera que debilitaría demasiado el futuro gobierno de AMLO.


La discusión en torno a estos proyectos se ha contaminado y el clima se ha enrarecido. Además de la inexperiencia de la población en temas aeronáuticos, se suma la ideologización en un tema que tendría que imponerse en lo técnico. La consulta, que no es vinculatoria ni tiene una representatividad nacional, se conjugará con una encuesta para brindar datos a una tercera instancia que dará un veredicto sobre el sentir de la población que definirá el lugar final del AICM. Por si fuera poco, la insuficiente información, lo confuso de la trascendental decisión y lo poco claro del método, se suma la parcialidad de algunos destacados políticos encargados de la implementación de estos trascendentales proyectos.


Al final, especialistas y analistas aseguran que se impondrá la lógica del mal menor, brindando la continuidad al proyecto de AICM en Texcoco, con la revisión de todos los contratos y la participación de la iniciativa privada, con la finalidad de bajar los costos de un proyecto que ya superó el presupuesto inicial. Con la certeza de que por muchos años, el AICM generará gastos millonarios para su mantenimiento, es un mal necesario en las finanzas nacionales, que no pueden darse el lujo de padecer un accidente catastrófico por la saturación del actual aeropuerto.


Pero si se impusiera la idea de la construcción de un aeródromo en la Base de Santa Lucía, por más ecológica que sea la opción, generaría gastos de operación para mejorar el actual aeropuerto, construir las dos pistas de aterrizaje en la base militar, invertir en obras de ampliación en aeropuertos aledaños a la Ciudad de México e implementar costosos protocolos aéreos que permitan el funcionamiento de dos aeropuertos en la misma zona conurbada del valle de México. Esto sin mencionar que esta compleja logística requiere recursos económicos que no se tienen, y que terminarían enredando más la solución que el problema que se requería resolver.


Este pequeño circo comunicativo, posicionamientos encontrados, un poco de navegaciones sin rumbo, provocan que el AICM no tenga un aterrizaje limpio y sin contratiempos. Las organizaciones sociales de las poblaciones aledañas al aeropuerto en la zona del lago de Texcoco, no verán con buenos ojos su construcción, sobre todo cuando las empresas concesionarias abusan de las comunidades y contaminan el entorno. Eso sin mencionar el inevitable ecocidio de aves, recursos naturales y la pérdida de zonas de reabastecimiento hídrico de la zona, que irónicamente no cuenta con el suficiente servicio de agua potable para sus pobladores.


La pequeña tragedia griega que enfrenta el AICM y el futuro gobierno de AMLO dejará marcas en su sexenio, no existe una solución perfecta y Texcoco, a pesar de ser la opción menos conflictiva, le ha demostrado al presidente electo lo complejo de la situación del país al cual le prometió demasiado y no podrá cumplir a cabalidad sus ofrecimientos.


Sera importante participar en la consulta y llegar lo más informado posible de las opciones, pero nada garantiza que la buena intención de incentivar la consulta ciudadana, sea la solución de un problema muy complejo y técnico. A no ser que sea una salida política del presidente electo quien entiende que el mal menor es la opción de Texcoco, pero que no puede decidir por sí solo, ya que sus bases de apoyo no le perdonarían faltar a la promesa de campaña de primero cancelar el aeropuerto y después someter a consulta su construcción. AMLO tiene capital político y legitimidad para darse el lujo de corregir sus errores,antes del inicio de su periodo de gobierno, solamente que sacrificar el AICM puede resultar demasiado costoso para todos.
 

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Número 22 - Octubre 2018
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