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Un mártir ecatepense

Jueves, 25 de Enero 2018 - 15:00

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El Oso Travieso

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Como acostumbraba hacerlo todos los viernes por la tarde, Víctor Hugo Alanís, de 63 años, dejó su casa en Jardines de Morelos para ir al templo de la cercana colonia Adolfo Ruiz Cortines, donde coordinaba un grupo de la Escuela de Pastoral y prestaba ayuda al señor cura que atiende la parroquia de San Martín de Porres y cuatro templos más a su cargo, incluyendo el de Ruiz Cortines.

De pronto su clase fue interrumpida por los gritos de un individuo, visiblemente afectado por substancias tóxicas, que huía y pretendía refugiarse en el templo después de lesionar a una pareja de familiares a quienes dejó tirados en la calle y a otra persona que le fue a buscar. Víctor Hugo, acompañado con uno de sus discípulos, fueron a ver lo que le aquejaba y este hecho le costó la vida a Víctor y una seria herida al compañero, alcanzando con esto la gloria del martirio como en tiempo del circo romano.

El criminal trató de brincar la barda y al verse copado, atentó contra su vida, fue detenido y entregado a la policía.

Se dice, se comenta y se rumora que el malhechor participó en los saqueos del año pasado a los autoservicios de la zona, incluida la “Bodeguita” de Aurrerá a dos cuadras de distancia, con el pretexto del gasolinazo y su afición a las substancias es del dominio público.

Para los medios de comunicación masiva el hecho pasó sin relevancia, un asesinato más, la cosa más sencilla es sumarlo a la cuenta del gobierno federal, culpando irreflexivamente al presidente de la República en turno.

No se tratara de un escándalo de pederastia imputable a un cura, en ese caso sí sería digno de la mayor difusión, ya que un sacerdote pecador conocido dentro de los 466 mil 215, que conforme a la cuenta de 2015 prestan sus servicios en la Iglesia Católica, eso sí es noticia y sirve para que se justifiquen vandalizaciones contra templos y asesinatos a curas, en especial para comentaristas que quieren seguir cobrando los crímenes de la Inquisición y para fanáticos comecuras integrados a varios partidos políticos.

Víctor Hugo Alanís era un sencillo servidor de la palabra, miembro activo de la Iglesia Militante, uno de los millones, sí, millones, de ayudantes laicos de los distintos sacerdotes, que se comprometen a dar su tiempo y trabajo para cumplir con su apostolado, no reciben salario alguno, antes bien, invierten su poco o mucho efectivo y bienes disponibles en el cumplimiento de su labor.

Hoy hay una familia con un hueco en la mesa, en la cama y en el corazón, que no busca venganza y sólo eleva sus plegarias que sin duda son escuchadas y remuneradas con creces en bienes espirituales. Víctor Hugo ya es miembro de la Iglesia Triunfante, espero poder alcanzarlo algún día.

El perdón eclesial al agresor ya le ha sido concedido.

Se comenta que sus familiares ya se están moviendo en busca de su excarcelación, que no sería extraña dado el nivel que alcanza la justicia mexicana, si la policía no le pidió por favor que subiera a la patrulla violó el debido proceso; si en su declaración no fue acompañado de un abogado, se atentó contra sus derechos humanos y si no se encuentran elementos suficientes, siempre es posible “aceitar el proceso” y tener nuevamente al delincuente en la calle con la promesa de no volver a hacerlo.

Como cristianos tenemos la obligación de perdonar, pero como gobernantes tenemos la responsabilidad de velar por la seguridad de los ciudadanos y tener a buen resguardo a criminales.

Estos hechos por desgracia son el pan de cada día y para reportar jornadas como la del pasado viernes, podríamos firmar como Erich Ma. Remarque, “Sin novedad en el frente”, aquí nos tocó vivir dice Cristina Pacheco y tenemos que pelear nuestras batallas en este desierto y la única manera que tenemos de propiciar el cambio de las cosas es el ejercicio del voto.

Tenemos que votar responsablemente, conociendo a la persona, desconociendo la publicidad que más o menos dice las mismas cosas de cada candidato. Hay que observar sus propuestas y la factibilidad de realización. Desde luego, el primer descalificable es quien propone dejar en libertad a las personas como el agresor del apóstol laico y a quienes durante años han provisto las substancias que lo llevan a conducirse de esa manera.

Es indudable que distribuidores, productores, comerciantes y consumidores van a votar por “ya sabes quién” y nos toca a los mayores inteligentes (asumo que mis lectores lo son) orientar a los jóvenes deslumbrados por la publicidad informándoles lo que realmente hizo el señor cuando pudo mandar en la Ciudad de México.

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Número 17 - abril 2018
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