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Un gatopardo más…como Fox

Viernes, 06 de Julio 2018 - 15:00

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Julio Chavezmontes

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¡Ha llegado la hora de la verdad!

La larga lista de promesas acumuladas a lo largo de 18 años de campaña electoral, tendría que comenzar a cumplirse desde el pasado 2 de julio.

Pa’ luego es tarde, diría mi nana Concha.

Lo que en este momento se conoce coloquialmente como la transición, es un procedimiento legal conocido como ENTREGA-RECEPCIÓN mediante el cual, la nueva administración se prepara para iniciar plenamente sus labores a partir del 1º de diciembre venidero.

La ENTREGA RECEPCIÓN, implica que el gobierno de Peña Nieto le informa al equipo de López Obrador sobre el estado que guarda la administración pública.

Lo anterior implica una rendición de cuentas exacta y confirmada en términos contables.

Entre otros pendientes de este proceso administrativo de ENTREGA RECEPCIÓN, se encuentran temas tales como el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el caso Odebrecht, el Tren ligero a Querétaro, la situación sindical de PEMEX, y la larga lista de pendientes que tienen que aclararse puntualmente antes que el nuevo gobierno asuma la plenitud de sus funciones.

En este contexto, no me sorprende pero si tomo nota de las zalamerías y amabilidades recíprocas que han intercambiado AMLO y Peña Nieto, Romero Deschamps, la Chachalaca de Guanajuato y hasta el innombrable Carlos Salinas de Gortari.

Como abogado viejo y viejo abogado que soy, las señales que se han estado mandando los MORENOS y la “mafia del poder”, me hace sospechar que va a pesar mucho el alma mater priista de AMLO a la hora de aplicar el viejísimo refrán mexicano que proclama: “perro no come perro”.

La balandronada de quitarles la pensión a los expresidentes con la que AMLO le endulzaba las orejas a sus seguidores durante su última campaña, tampoco es algo que dependa de la soberana voluntad de “su alteza serenísima” Andrés Manuel Primero,  y tercer Empeorador de México.

Una vez que López Obrador reciba su reconocimiento como presidente electo, dará inicio el procedimiento administrativo de ENTREGA-RECEPCIÓN, regido por la ley y por un protocolo detalladamente reglamentado.

Si de veras como ronca duerme, el Peje podría y debería comenzar a apretarle las tuercas a Peña Nieto y demás exponentes del nuevo PRI.

La famosa ENTREGA RECEPCIÓN como su nombre lo indica, consta de dos etapas separadas:

La ENTREGA, y la RECEPCIÓN.

Si lo que se pretende entregar no está en orden, la recepción puede y debe quedar condicionada a la justificación de todas las irregularidades que los auditores del nuevo gobierno detecten.

En este periodo de cinco meses los mexicanos podrán darse cuenta de qué está hecho el Peje.

Cumplir y hacer cumplir la ley es algo que no puede depender de la soberana voluntad de su majestad el Peje.

De la misma forma que López Obrador rendirá su protesta el 1º de diciembre próximo, con base en lo que ordena el artículo 87 constitucional, a él le toca demandar a Peña Nieto en nombre de la nación si se demuestra que el presidente saliente no desempeño leal y patrióticamente el cargo que habrá de entregar el 1º de diciembre próximo.

Una cosa es que EPN no se levantara todos los días con ánimo de “joder a Mexico”, y muy otra cosa es que haya visto en todo, por el bien y prosperidad de la unión…

Si López Obrador permite que el presidente Peña Nieto se vaya tan tranquilo a donde mejor le parezca, después de haber encabezado el sexenio más descaradamente corrupto al frente del “nuevo PRI”, podremos afirmar que el Peje tabasqueño equivale a la Chachalaca de Guanajuato, y que las tepocatas, las víboras prietas y las alimañas seguirán muertas de risa impunemente disfrutando, mientras los reclamos populares les hacen lo que el viento a Juarez.

Otro tema en el que López Obrador puede mostrarse tal cual es, lo tenemos en su promesa de quitar la pensión a los expresidentes.

No voy a desarrollar en estas líneas un programa exhaustivo de la forma como podrían ajustarse cuentas con los expresidentes; baste decir que, aun cuando las dichosas pensiones no estén contempladas específicamente en una ley, es indudable que al igual que todo trabajador, los expresidentes tienen derecho a ser pensionados.

López Obrador olvidó decir que la costumbre es una fuente de derecho y que los ex titulares del Poder Ejecutivo Federal tan encariñados con sus ingresos vitalicios, no se van a dejar quitar el ultimo hueso nada mas así como así.

Estos cinco meses hay que observar muy cuidadosamente los pasos que dé el futuro presidente constitucional.

Lo que AMLO ha prometido realizar, no es enchílame otra, pero cualquier obstáculo que pongan en su camino, si el Peje de verdad no es lagarto, podrá quitarlo para llevar a cabo lo que el llama “la cuarta transformación” de México.

Aparte de referirme en alguna próxima ocasión  a las famosas “tres transformaciones” que alude el Peje, es bueno saber que esta vez, tenemos cinco meses durante los cuales, AMLO está obligado a cumplir paso a paso lo que ordena el “ACUERDO por el que se establecen los Lineamientos Generales para la regulación de los procesos de entrega-recepción y de rendición de cuentas de la Administración Pública Federal.”

Este manual de procedimiento fue publicado (¡qué casualidad!) el 6 de julio de 2017, y contiene las disposiciones obligatorias a las que tienen que ceñirse tanto López Obrador como Peña Nieto.

La investigación de las presuntas corruptelas del Peñanietismo NO puede legalmente diferirse ni posponerse para mejor ocasión.

Este periodo de transición tiene que terminar como las bodas: Que hable ahora o que calle para siempre.

Para decirlo en corto: Si AMLO se da por recibido de la administración pública federal sin abrir su tabasqueña boca, pasará a formarse al lado de prohombres como Virgilio Andrade Martínez, dejando a EPN fuera de toda molestia.

Si la entrega recepción concluye con un cálido abrazo en el Congreso de la Unción el primero de diciembre próximo, sabremos que perro no come perro, y que el Peje además de lagarto es un gatopardo más, como Fox.

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Número 18 - mayo 2018
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