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Reporte 79

Martes, 17 de Octubre 2017 - 17:30

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Elizabeth Cruz Ramírez

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En repetidas ocasiones he escrito en este espacio respecto a las incomodidades que padecemos los citadinos en México y las constantes quejas que todos alguna vez hemos expresado ante el caos y la inseguridad; sin embargo, la Ciudad de México se ha dibujado distinta después del sismo del 19 de septiembre; bien puede ser que la percepción personal manipula nuestra opinión respecto a algún asunto en particular, pero lo cierto es que sólo quien vive dentro de la vorágine diaria es sensible a los cambios apenas perceptibles que se han derivado, pues el ritmo no es el mismo, quizá provocado por los cierres de aquellas calles que resultaron dañadas y que han provocado nuevos conflictos viales pero de alguna forma ante la tragedia, la tolerancia y la paciencia para superar el pesado tráfico, se hacen presentes.

Y es que los días pasan rápidamente, nuestras rutinas y compromisos previamente agendados nos empujan a seguir adelante, las triquiñuelas y desaciertos de nuestros gobernantes nos desilusionan y nos hacen creer que nada cambió y que todo sigue igual; sin embargo, el cambio de chip que sucedió en el inconsciente colectivo al menos durante unos días, sigue encendido y apuntando hacia un cambio de raíz necesario y urgente; es un chip que nos hace pedir transparencia y cuentas claras tanto en la distribución de las donaciones como en los procedimientos para continuar con las actividades escolares y laborales porque ahora hemos aprendido de estructuras, de riesgos, de prevención y de sismos, y no queremos que la tragedia se repita y no estamos dispuestos a tolerar funcionarios indolentes y corruptos que permitan seguir habitando edificaciones dañadas o no revisadas, porque no aceptaremos otro colegio derrumbado con niños dentro o edificios colapsados con ancianos, mujeres y hombres sin poder salir, porque no queremos que el patrimonio que forjamos con años de arduo trabajo se desplome en diez segundos y nos deje en total orfandad, y porque aprendimos que sí es verdad que lo que le pasa al vecino es como si nos pasara a nosotros mismos y con ello, nos desprendimos de la apatía hacia el otro; toda esta sensiblería puede que sea temporal o puede que no y por lo pronto, ha sido un factor de cambio entre los ciudadanomexiquenses (¿se dirá así?).

Les digo que algo ha cambiado, porque basta con tomar la calle a pie para confirmar que todo lo que hemos visto y escuchado en los medios de comunicación (algunos) es apenas una muestra de la realidad, porque a casi un mes de los sucesos aún hay autos aplastados en las calles debido a que las aseguradoras no han podido revisarlos, o por procedimiento o vaya uno a saber qué razones los mantienen todavía en el lugar de los hechos o al menos, en las cercanías. También se pueden observar edificios a punto de colapsar que siguen tal cual y porque el sentimiento de tristeza es inevitable ante un terreno baldío recientemente limpio de escombros, pues soy fanática de caminar por las calles, ver sus casas, sus portones, sus escaleras, sus ventanas, sus jardines (sobre todo sus jardines) y porque se respira un ambiente extraño por las calles, tal vez sea el olor del miedo, de la desesperación, de la muerte, de la soledad, el vacío y la incertidumbre. Es algo indescriptible que sólo quien lo haya experimentado podrá saber de lo que hablo, pero ahí está, aunque no sea tangible. Y mi pregunta es: ¿Hasta cuándo? Porque el terremoto del 85 tomó muchísimos años para renovar, restaurar o reconstruir e incluso, algunas edificaciones se han mantenido de pie a duras penas.

El sismo es una crisis que nos ha mostrado el otro lado de la moneda en diversos temas: permisos inmobiliarios, usos de suelo, rapiñas de donativos, ladrones que piden ayuda sin ser damnificados y más, pero lo importante siempre será ponerse de pie y seguir adelante a pesar de la incertidumbre. La ciudad no es la misma, nosotros tampoco lo seremos, pero en ese “algo” distinto está la clave para pasar de la constante queja, a la acción.

De suspicacias y otras cosas: donaciones que no llegan a los damnificados, empresario millonario que ayudará a la reconstrucción de zonas devastadas por los sismos, medios de comunicación que se reestructuran, no sé usted qué opine, pero yo digo que en esta vida, nada es casualidad.

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Número 13 - diciembre 2017
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