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Las dos caras de la Presidenta de Croacia

Viernes, 20 de Julio 2018 - 15:30

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Carlos Sagaón Ruiz

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Definitivamente, uno de los aspectos más sobresalientes de la Copa Mundial de la FIFA 2018 fue el inesperado desempeño de la selección croata, país que no despertaba muchas expectativas y terminó llegando a una aguerrida final, donde quedaron en segundo lugar. Pero, sin lugar a dudas, gran parte del reflector lo acaparó la dirigente de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovic, quien destacó por su sencillez y carisma durante prácticamente todo el magno evento futbolístico. Los medios de comunicación y espectadores rápidamente reconocieron y aplaudieron a la líder croata sin saber que, en realidad, no tiene tan buena reputación como se piensa.

La imagen de Kolinda se viralizó en el Mundial, puesto a que se supo que había solicitado permiso para ausentarse del cargo sin derecho a sueldo para acudir a apoyar a la selección. Viajó en clase turista y prácticamente sin seguridad. Presenció los partidos desde un asiento ordinario sin ningún tipo de distinción. En la premiación final, conmovió al mundo con al reconocer dulcemente a los jugadores croatas y, de la misma manera, por la empatía que denotó con los Presidentes Emmanuel Macron, de Francia y Vladimir Putin, de Rusia. Rápidamente se hizo tendencia mundial en Twitter y hubo un sinnúmero de comentarios elogiándola por estos actos francamente superficiales, ignorando que Kolinda comanda, en realidad, una de las administraciones más conservadoras y radicales de la historia croata.

Previo al inicio del encuentro del Mundial, Kolinda Grabar-Kitarovic fue considerada una de las líderes más xenofóbicas a nivel internacional, comparándose con el estadounidense Donald Trump y, en Europa, con la ex candidata a la Presidencia de Francia, Marine Le Pen, quien, con una temeraria filosofía extremista, estuvo cerca de obtener el cargo en dos ocasiones.

Grabar-Kitarovic es Presidenta de Croacia desde el 19 de febrero de 2015, tras ganar una segunda vuelta electoral profundamente reñida. Su campaña Presidencial se caracterizó por un discurso nacionalista que se oponía a la inmigración excesiva a su país. De hecho, en más de un evento de campaña, Kitarovic manifestó públicamente su rechazo a las comunidades extranjeras y amenazó a sus compatriotas con multas para evitar que se promovieran estos actos. Una vez tomado el cargo, declaró públicamente que su mandato se centraría en una política cerrada a las relaciones internacionales. Recordaremos nosotros la crisis en Europa que se vivió a finales de 2015, donde los niveles de inmigración despegaron en todo el continente. Kolinda inmediatamente votó en contra de brindar apoyo económico, en especie y, de igual forma, impidió que su país refugiara a inmigrantes necesitados pues, según sus propias palabras, “no eran su responsabilidad”. Inclusive, mandó construir vayas para impedir el paso por las fronteras a su país y aplicó medidas urgentes para desplazar a los refugiados, aunque tuvieran familiares croatas. Sí, a la Donald Trump…

A los pocos meses, el odio infundado de Kolinda hacia los inmigrantes traspasó los márgenes de la legalidad, pues modificó en una sesión extraordinaria la Ley Extranjera, con el fin de anular todo derecho básico a los migrantes alojados en su país, fueran o no legales. Es decir, si hablamos de una familia de cualquier ascendencia que no fuera croata, aunque tuvieran todos sus papeles en orden y varias décadas residiendo en el país, perdieron de la noche a la mañana los derechos básicos de vivienda, salud y alimentación, además de la imposibilidad prácticamente absoluta de obtener un empleo en el país.

No es ningún misterio que Croacia ha buscado durante los últimos años un ingreso (como nación prioritaria) a la Unión Europea, petición que les ha sido negada más de una vez. Pues bien, una de las principales razones por las que Croacia no ha conseguido su inclusión es porque la Unión Europea realiza anualmente una asignación de migrantes a los países afiliados, con el fin de fortalecer la relación de mutua cooperación y beneficio de los participantes. La administración de Kolinda Grabar-Kitarovic se ha opuesto categóricamente a este plan. De hecho, en 2015, únicamente se aceptaron a 100 personas de las casi 170,000 que se tenían destinadas.

Hoy en día, los ciudadanos croatas se han polarizado entre los conservadores que apoyan las ideas radicales de Kolinda, y quienes buscan la inclusión y la tolerancia. Lo que es una realidad es que la aprobación de Kolinda a nivel internacional es bajísima, pues se considera que su mandato ha significado un retroceso para el desarrollo croata. En torno al sorprendente comportamiento de la política en el Mundial de fútbol, la mayoría de los analistas políticos, especialmente los expertos en política europea, consideran que fue un acto de híper-populismo, en el cuál Kolinda buscó generar una imprescindible imagen a nivel internacional para limpiar sus antecedentes poco favorables en su país. Analistas del New York Times calificaron su acto como “extremadamente faccioso”, en un intento de aparente simpatía que recuerda al populismo de líderes como Trump, Maduro e incluso, el propio López Obrador en México.

Considero que, el hecho de juzgar a un Jefe de Estado por su sencilla manera de mostrarse frente al reflector, nos refleja una enorme desinformación que podría traer consecuencias catastróficas pues, en más de una ocasión, los ciudadanos hemos elegido personas similares que, detrás de una sonrisa muy bien ensayada, esconden una tremenda opresión autoritaria y enfermiza.

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Número 22 - Octubre 2018
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