Se encuentra usted aquí

La corrupción que respiramos

Jueves, 31 de Marzo 2016 - 17:00

Autor

foto.jpg
El Oso Travieso

Compartir

contaminacion-df.jpg

Tres días de contingencia ambiental inmediatamente después de los ventarrones más violentos y destructores de los tiempos recientes, o al menos de lo que yo tengo memoria.

Nubes negras para la que algún día se calificó como la región más transparente del aire. Contaminación causada por corrupción, sin lugar a dudas. El pésimo gobierno imperante en la ciudad de México que inició su declive con un gobernante venido de Tabasco que recibía las bromas de que llegaba tarde a sus citas porque le pedían verse en la esquina de Río San Joaquín con Río Churubusco y nunca encontró tal dirección.

Las motivaciones de esta administración son dos: el dinero y la conservación del poder.

Para el dinero no hay límites de su creatividad, desde las extorsiones, mordidas, moches, préstamos forzosos, multas, colusiones, nepotismo y cuanto ilícito se les ponga enfrente, confiados en la poca memoria del pueblo que hoy ya no recuerda a Ahumada y a los señores de las ligas, de las bolsas y similares. No hay presupuesto que satisfaga sus ambiciones, siete direcciones generales para una delegación política que con dos direcciones hoy funciona bastante mejor que cuando contenía una nutrido número de sanguijuelas.

La conservación del poder se basa en la sobreprotección aparente de las clases marginadas, permitiéndoles toda clase de manifestaciones, marchas y plantones, creando una nueva clase de trabajadores: “especialistas en marchas”, protestan por lo que sea siempre y cuando reciban su propina y se registre su participación partidista para abonarse a beneficios que muchas veces no llegan pero que siguen persiguiendo como caballo tras la zanahoria.

¿Y el bien común? La manipulación de derechos humanos da prioridad a los 40 amigos del gobierno que bloquean una avenida por encima de los derechos de miles, cientos de miles, millones de trabajadores y estudiantes que necesitan ganarse la vida o prepararse para ello. Y nos recetan una buena dosis de contaminación.

La falta de capacidad de gobierno y los acuerdos con los propietarios de microbuses, combis, taxis, similares y conexos, no logran hacer que los choferes manejen decentemente, justificando la instalación de cientos de miles de topes con el pretexto de proteger la vida de los transeúntes, logrando triplicar el consumo de gasolina y la generación de gases contaminantes.

Un buen gobierno impondría un verdadero reglamento de tránsito, supervisaría las licencias de choferes y sancionaría severamente a quien maneje de manera irresponsable. Pero eso no deja dinero, ni contaminación,  ¿Cuándo fue la última vez que viste levantar una infracción a un transporte público?

Independientemente de las falsas verificaciones, revistas, tarjetones y cuantos medios de pseudocontrol que para lo único que sirven es para crear burrocracia corrupta.

El buen juez por su casa empieza y no busca que la voluntad de Dios se cumpla en los bueyes de su compadre, en el tráfico de la ciudad destacan los escapes de los vehículos oficiales que compiten con los camiones de carga foráneos en intensidad de sus emanaciones. Creo que desde el gobierno de Echeverría que no se compran camiones para basura, los que hoy si circulan son de basura.

El que fue plan maestro para desarrollo del metro se convirtió en plan de camiones articulados, muy bonitos, pero nocompiten con el servicio de un metro  eficiente. Claro que el diferencial de costo se invirtió en campañas políticas.

Con un metro eficiente se reduciría la necesidad de automóviles,  cumpliendo el plan maestro original, no se requeriría tanto transporte público automotriz.

Para lograr el nivel de contaminación alcanzado se necesita un gobierno incapaz, corrupto, que no vea por el bien de los ciudadanos, carente de inteligencia, moral y principios.

El Gobierno actual cubre con creces estos requisitos.

Habría que apedrearlo, pero ¿Quién es el guapo que tira la primera piedra?

Que no tira basura en la calle, que guarda las colillas para tirarlas en su casa, que cambia oportunamente su convertidor catalítico, que respeta las velocidades máximas.

Parece que estamos en tiempo de López Portillo y su famoso lema

“LA CORRUPCIÓN SOMOS TODOS”

revista_octubre.png
Número 22 - Octubre 2018
Descargar