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Gobernar Dividiendo

Miércoles, 31 de Octubre 2018 - 16:35

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Jaime Guerrero Vázquez

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Muchos analistas sintieron cierto alivio en los primeros actos y discursos del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Su lenguaje y mensajes se habían alejado del estilo rijoso de la campaña. Creyeron que ese periodo quedaba atrás. Se habló entonces de una transición de terciopelo. Los tempranos nombramientos levantaron respeto. Muchos nombres conocidos y pocos, muy pocos, radicales. Gente como Olga Sánchez Cordero y Esteban Moctezuma parecían dar la señal de que la cosa caminaba por rumbos diferentes a los del López Obrador más conocido. Sobre el NAICM-Texcoco abrió la puerta para que se considerara como una opción viable. Quedaba atrás la descalificación “per se”, las acusaciones de corrupción y la radicalidad en torno al proyecto.

Cuando habló de hacer una encuesta y una consulta para determinar cuál de los dos proyectos saldría adelante y prometió una evaluación imparcial, a muchos no les gustó la idea. ¿Poner a consideración del gran público una elección así que debía tomarse como una decisión de gobierno? Parecía un truco, pero la posibilidad de que hubiera un proceso transparente, como se prometió, hizo callar a la mayoría de los críticos.

Sin embargo, lo parcial que fue la consulta, la organización tan sesgada y los lenguajes han ocasionado, de nuevo, la percepción de que AMLO ha regresado a su viejo lenguaje y comportamiento. Lo más probable es que este personaje sea el mismo de siempre, simplemente que está haciendo su juego político. Y lo hace bien, pero, ¿no está dilapidando su prestigio político y reduciendo los espacios de entendimiento con los otros actores políticos?

De ninguna manera. Atendiendo en estricto sentido a la política pura, a la brutalidad de la realidad, la mejor manera que tiene López Obrador de gobernar es gobernando en la división. Hay varias razones para ello. En primer lugar, en el mundo de hoy, todos los mandatarios que han intentado gobernar en unidad han fracasado. Básicamente, la razón de esto es que las sociedades son tan heterogéneas y demandantes que no se les puede complacer. La división es natural y si no hay canales para resolver las diferencias (y en el mundo actual no los hay), entonces surge el encono. Los gobernantes exitosos arengan constantemente, crean enemigos o adversarios, sean reales o imaginarios, difunden miedos. Esto hace que una parte de sus votantes decidan abrazar su causa permanentemente y se muestren listos para defender al líder, aunque diga o haga tonterías. Se puede llamar a esto, la esencia del enemigo en común: los que no piensan como el líder son los enemigos.

En segundo lugar, todos los mandatarios se equivocan o bien son incapaces de cumplir sus promesas. En el momento en que suceda esto, el mandatario necesita de un apoyo social importante. Un gobernante que no arenga ni divide termina alejándose de todos, se aísla. Dividir es poder echar la culpa de los errores e insuficiencias a los adversarios, así sea con base en mentiras. Si me critican por lo de Texcoco es porque ellos, los fifís, los corruptos, la mafia, querían seguir enriqueciéndose a costa del pueblo.

Dividir garantiza el éxito; la convocatoria a la unidad te arruina. En términos de poder, AMLO está haciendo lo que debe hacer.

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Número 22 - Octubre 2018
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